Recuerdos Equivocados

CAPITULO 1

Dicen que las mejores historias comienzan por casualidad, no se si podría decir que mi historia fue la mejor pero, si que fue interesante. No recuerdo en que momento comenzó exactamente, solo se que todo cambió de repente, en un segundo todo cambió de un color a otro totalmente distinto, de ser izquierda paso a ser derecha y de ir hacia arriba comenzó a ir hacia abajo con unos cuantos stops por el camino.

¿Como comienzan las historias? ¿Con un viaje? ¿Una mudanza? ¿Con una nueva persona en la vida del protagonista? ¿Con un nuevo corte de pelo? La mía comenzó sin más.

Vivía una rutina continua. De casa al instituto, del instituto a casa… y de vez en cuando un paseo o algún recado que hacer. No es que tuviera muchas opciones donde elegir. No era una persona muy popular, es mas, era prácticamente invisible o visible para según que cosas.

El caso es que un día volví del instituto. Para mí, volver de allí era como esconderse en una cueva esperando como un lobo a que la tormenta pasara y poder salir a intentar seguir sobreviviendo a las adversidades. Volver de allí era como olvidar todo lo de fuera, como si el silencio y yo misma fuésemos uno solo. Así me sentía, un poquito sola y aburrida de tanta rutina.

Aquel día por la tarde me puse a ver un par de vídeos de una vloger, mas o menos como siempre. También dicen que para que las cosas cambien tienes que empezar a cambiar tu misma, así que, me dije a mi misma ¿Por qué no? Cerré el PC y busqué algo diferente que hacer, pero no se me ocurría nada. Subí a mi habitación; estaba como siempre, aunque, tampoco es que tuviera muchas cosas para que pudiese estar desordenada. Me senté en el filo de la cama y justo en frente de mí vi mis zapatillas deportivas y pensé que sería una buena idea salir a correr. Siempre me había gustado el deporte así que ¿Por qué no dedicarle un poco de tiempo a algo que me gusta? Sin pensarlo dos veces me las puse y salí disparada.

Apenas había gente por la calle y eso me gustaba, siempre he sido algo solitaria y la verdad creo que así me va mejor que si no lo fuera. Así no podré encariñarme con mucha gente que a los días se olvide de mi nombre, ni podré desilusionarme cuando escuche críticas hacia mi persona provenientes de alguien que conozca pero, que no tenga mucho tiempo de hablar conmigo.

Como iba diciendo, no había mucha gente por lo tanto estaba tranquila. Iba fijándome en cada fachada, en cada esquina y en cada cosa que veía. Eran las mismas calles de siempre así que tampoco me impresionaba nada. Me metí por algunos callejones que no solía frecuentar hasta que llegué a un lugar que no había visto nunca, es curioso, donde vivía tampoco era muy grande para que alguna calle se me escapara.

Era una cuesta arenosa y algo estrecha, rodeada de casas de dos plantas muy blancas. Decidí subirla corriendo y a la mitad ya me pesaban las piernas, estaba algo empinada. Al llegar hasta arriba estaba medio muerta, ya llevaba largo rato corriendo y sumándole el esfuerzo de la cuesta ya iba pesando.

Al doblar la esquina había algo precioso. Era un lago enorme del cual no se veía el final y a su izquierda había una torre de estilo medieval. El paisaje sumado con la luz del atardecer y las hojas del otoño caídas que daban paso a la primavera era increíble, ponía el vello de punta. Me preguntaba porqué nunca nadie me había hablado de aquel lugar si tanta belleza natural derrochaba. Supongo que todos estarían más ocupados mirándose al espejo y quejándose por su físico destrozado por tanto maquillaje.

Me acerqué un poco a la orilla del lago y vi que entre este y la torre había un camino muy estrecho escondido por los helechos medio deshojados que volvían a florecer. Pasé con mucho cuidado, vigilando cada piedra que mis pies tocaban, no sería nada divertido caerme al agua que suponía que estaría helada.

Por fin, había llegado al final de ese estrecho camino y me volví a impresionar. Era la parte trasera de la torre que me suponía que sería un pedazo de la antigua muralla que rodeaba mi pueblo. Desde allí, se veía una gran montaña con muchas casas tan blancas como las nubes que asemejan al algodón, separadas entre sí por árboles bien verdes. En ese momento decidí que aquel lugar lo volvería a visitar mas de una vez.

Pensé que ya no habría tanta rutina, ya no tendría que estar encerrada en casa, ya tenía mi lugar favorito.

CAPITULO 2

Y es verdad, algo cambio, parece una tontería pero en aquel lugar podía evadirme de todo pero, no era mas que una nueva rutina algo distinta a la anterior. La televisión seguía dándole más importancia a la vida de alguna celebridad antes que a los problemas sociales o a alguna investigación científica, los problemas económicos eran latentes en casi todas las familias y la música que más se oye seguía siendo denigrante.

A partir de aquello no se si todo empezó a ir a mejor o a peor… Para empezar ya apenas paseaba con mis amigas, la verdad, prefería estar sentada en la parte trasera de la torre pensando, leyendo, dibujando algo o cantando lo primero que se me venía a la cabeza. Me parecía mucho más interesante. A veces, sí paseaba con mis amigos por recordar las tardes que pasábamos pero, ya nada era igual. El tiempo pasa y la gente cambia o tan solo empiezan a encontrar su verdadera personalidad. Crecer es algo triste a lo que te tienes que acostumbrar y aprender que ya no es como te lo pintaban, no puedes cambiar el mundo o provocar la paz mundial, ya no puedes pedirle un deseo a las velas de tu sexto cumpleaños. Ya nada es tan fácil como pedirle a tu mamá que te ayude con un problema de matemáticas. Ahora eres mayor y tienes que vivir una realidad, la que te toque vivir. A veces, no es tan malo solo que tienes que pillarle el truco.

Era consciente de que me estaba alejando de casi todas las personas a las que he querido, tampoco me aportaban demasiado, tenia que admitirlo. No se, sola tampoco se está tan mal ¿no?

Me volví a equivocar…

Cada vez se hacía más duro, necesitaba sonreír o sentir que alguien iba a estar ahí siempre pero nadie, nadie se quedó para preguntarme porqué me alejaba. Se limitaron a seguir con sus vidas. Hacía como que me importaba poco. Era más fácil engañarme a mi misma que aceptar la realidad. Pasaba de todo.

Seguí con mi nueva rutina, aquel lugar me gustaba cada vez más. Seguía sin entender porqué estaba tan solitario aunque tampoco quería que eso cambiara. Pero como es natural, basta con que quieras algo para que no se cumpla.

Una tarde me disponía a ir a mi lugar pero mi madre me detuvo. Empezó a regañarme diciendo que no pasaba tiempo en casa, que parecía que sentía asco hacia mi familia y como siempre empecé a cabrearme hasta que la cagué y me castigó. La gracia es que se pensaba que pasaba las tardes con mis amigas ¿Que amigas?

Yo siempre me salia con la mía, así que, cuando llegó la noche y supe que todos dormían, aproveché y me fui al lago.

Apenas se veía, estaba muy oscuro pero valía la pena estar allí. Era luna llena y se reflejaba en el lago, también se podían oír los grillos. El ambiente me dejó medio hipnotizada durante un rato, se estaba a gusto en la orilla del lago pero, prefería la parte trasera de la torre, tenia algo mágico.

Como siempre, me senté allí como esperando a que pasara algo.

– Genial, siempre molestando- Era la voz de un chico, estaba tan oscuro que no sabia donde estaba.
-¿Qué?- me sobresalté
-Lo que oyes, no me dejas estar solo.
-¿Pero qué dices? ¿Dónde estás?- Empezaba a mosquearme.
El chico apareció por el caminillo de helechos, se acercaba a mí.
-Era la única persona que venía aquí hasta que llegaste y empezaste a molestar. Venía todas las tardes pero como siempre estabas aquí empecé a venir por la noche y ahora también estas aquí.
-Perdona pero creo que no eres el dueño de este lugar ¿De qué vas?
-Perdonada, ya te puedes ir.
-¡No voy a irme!
-¿Estás segura?
-Muy segura
-Muy bien tu lo has querido.
-Ah ¿Si? Y ¿Qué vas a hacerme?
Sin mediar palabra aquel idiota me cogió como si fuera un saco de patatas. Yo le gritaba pidiendo que me bajara e insultándole pero, no me hizo caso y acabé nadando con los peces del lago. No he pasado tanta vergüenza en toda mi vida, he de admitir que me dejó por los suelos. Estaba tan cabreada que pensaba salir de allí y darle a palos pero estaba tan avergonzada que me puse nerviosa y mientras salía de allí no paraba de tropezarme con las piedras del fondo del lago, a lo que él no paraba de descojonarse.

-¡Así aprenderás a no llevarme la contraria!- dijo el chico en tono burlón.
-¡Te odio! ¡En cuanto salga de aquí…!
-Primero a ver si sales – me interrumpió sin parar de reír. – Estás graciosísima ahí chapoteando, debería grabarlo.

Entonces sacó su teléfono móvil y empezó a grabar. Yo en un último impulso conseguí salir de allí, temblando por el frío. Conseguía escupirle algunos insultos entre el castañeo de mis dientes mientras me dirigía a él para darle de ostias.

-Insúltame cuanto quieras pero sabes que si me conocieras te enamorarías de mí- dijo quitándose su chaqueta y justo cuando le di un golpe en el pecho me la tendió encima de mis hombros abrazándome.
-No me conoces de nada ¿Cómo te atreves a hacerme esto?- dije totalmente alterada.
-Aveces, hago cosas sin pensar.
-¿Y siempre eres tan idiota?

Se limitó a emitir una leve carcajada mientras me frotaba los brazos para entrar en calor.

CAPITULO 3

Vuelve a sonar el despertador, 6.00 a.m. Vuelta al instituto, menudo asco. Cogí una camiseta simple y negra metida por dentro de unos pantalones vaqueros claros y cortos con medias negras, unos botines y una rebeca de punto larga. Aquel día estaba muy resfriada por culpa del estúpido de la noche anterior.

Me dirigí al instituto con las mismas ganas de siempre, aquel día no saludé a nadie, no tenía ganas porque seguramente Nina se me acercaría para echarme la bronca por escaquearme de nuevo de salir con ella y las demás. Me fui a mi sitio ligera y evitando miradas pero no funcionó, ya estaba ahí la pesada de Nina con su cara de enfurecida. La conversación terminó rápido, tampoco es que le contestara en repetidas ocasiones, solo me limitaba a asentir.

Las horas se me pasaban tan terriblemente lentas que en cuanto pude hice pellas. Necesitaba tumbarme, no podía más con mi constipado pero mi madre me mataría si viera que no estaba en el instituto, así que, no me quedó otra que volver al lago.

Mientras caminaba iba pensando en que pasaría si el chico volvía a estar allí, ¿se le volverían a cruzar los cables? Y si eso pasaba, ¿que haría esta vez, tirarme desde lo alto de la torre? Pasase lo que pasase no se iba a quedar por encima de mí, aquello que me hizo tenía que devolvérselo.

Estaba subiendo la cuesta que llevaba al lago con un sol cálido que daba directo en la nuca, la verdad, se estaba muy a gusto. Tenía los cascos puestos con la música a un volumen considerablemente alto, me encantaba caminar escuchando High Hopes de Kodaline.

Creí haber escuchado a alguien detrás de mí, así que, pausé la música para comprobarlo disimuladamente.

-¡Oye! ¿Es que no me escuchas? Te estaba chistando

Era el chico de anoche, sentí un frío en el estomago que me recorrió todo el cuerpo.

-Tenía la música puesta.- contesté.
-Wow, ¿que te ha pasado en la voz?
-¡Por tu culpa me he resfriado!- El rompió a carcajadas
– Lo siento, es que fue tan gracioso verte en el agua chapoteando…
-¡Graciosísimo! Por cierto, borra el vídeo- Le dije dándole la espalda.
-Jamás-Se detuvo
-¡Atrévete a enviarlo una sola vez y te juro que…!- dije acercándome desafiante.
-¿Qué?- me interrumpió- ¿Vas a hacerme lo mismo que yo te hice?
-O peor
-¿Peor?
-Te tiraré desde la torre.
-No eres capaz.
-¿Qué te juegas?
-Psicópata.
-Lo sé- Me di la vuelta y me dirigí a sentarme en la parte trasera de la torre.

Segundos más tarde él se sentó a mi lado mientras fumaba.

-¿Por qué vienes aquí?
-No se
-¡Venga ya! Algún motivo tendrás ¿no?- No quise contestar, no me gusta mostrar lo que siento y el motivo por el que iba allí es por lo que me hacía sentir. El suspiró decepcionado por no encontrar respuesta.
– Y tú… ¿Por qué vienes?
-Si te soy sincero, vengo porque es el único lugar al que no viene nadie.
-¿Estás renegado?
-Supongo.- Hubo un silencio, pero no fue incomodo- En realidad, odio a casi todo el mundo. La única persona que me inspira confianza es mi abuela y porque me cuidó siempre desde que mis padres me abandonaron, tampoco tengo demasiado amigos, así que, por el vídeo puedes estar tranquila, no tengo a quien enviarlo.
-Vaya… Lo siento. Yo…- Cogí aire- A mí me pasa mas o menos lo mismo.
-Me da la impresión de que me quieres contar algo más…
-Si… Bueno… La verdad nunca me ha gustado decir como me siento y cuando quiero hacerlo… me cuesta.
-Hazlo, te escucharé. Puedes confiar en mí.
-Me tiras al lago ¿y debo confiar en ti?- reímos.
-Venga.
-Vengo porque este lugar hace que me olvide de todo. De que mi familia pasa de mi, de que mis “amigos” hacen más de lo mismo, de mi pasado… Todo.
– ¿Tú pasado?
-Es complicado, nunca he tenido una vida fácil. De pequeña tuve que soportar las borracheras de mi padre en mi propia carne… ya sabes…En la escuela no tenía muchos amigos, solo una, los demás me hacían novatadas. Críos…Desde entonces, me suelo alejar de quién me importa.
-Es entendible…Entonces, somos dos antisociales- bromeó
-Básicamente.- Reí.

Se tumbó con los brazos detrás de la cabeza y volvimos a quedarnos en silencio un buen rato, disfrutando del ambiente y de la belleza de las vistas. Aunque la noche anterior fue un imbécil, me estaba cayendo bien. Después de todo era atento, me dejó su chaqueta.

-¿Sabes? -Rompió el hielo- Hay otra persona en la que confío.
-¿Quién es?- dije tumbándome a su lado boca abajo y apoyándome sobre mis antebrazos.
-Tu -Me miró- No se porqué, ya se que apenas te conozco pero… No se, es algo raro.
-Entiendo, a mi me pasa igual contigo -Sonreímos. Era la primera vez en mucho tiempo que sonreía con ganas, me salió sola. Me gustó.- Tengo que irme ya.- dije levantándome.
-¿Cuándo volverás?
-Supongo que cada tarde, si no me vuelven a castigar.
-¿Nos veremos?
-Si quieres…- Me di la vuelta y empecé a alejarme.

CAPITULO 4

Pasaron tres meses volando, los tres meses más entretenidos de toda mi vida. Aunque empezamos con mal pie, el chico, llamado Oscar, me demostró que todavía se puede confiar en alguien. Pasamos casi todas las tardes juntos en aquel lugar, se convirtió en mi mejor amigo, mi único amigo. Me daba miedo que al final lo acabara apartando de mí como hacia siempre con quien me importaba como acabé haciendo con mis amigas, con Nina… Eso ya era pasado.

Últimos días de clase, era la recta final. Aunque sí, la había cagado, había estado suspendiendo la mitad del curso. Siempre me había importado mucho mi futuro e intentaba sacar buenas notas pero, supongo que eso era lo que mi madre quería. Al final me di cuenta de que no me gustaba ninguna carrera y tampoco me molesté en buscar una alternativa ni para conformarme. Mandé los estudios a la mierda pero por lo menos tenia que terminar la enseñanza secundaria obligatoria para poder dejarlos de una vez. Mi madre seguía molesta conmigo por mi pasotismo y todo eran discusiones, estaba harta. Intenté aprobar las asignaturas pero aun así tenia asumido que algunas tendría que recuperarlas en septiembre. Oscar por otra parte ya tenia sacado el bachillerato pero lo dejó ahí, no quiso seguir.

Un día más volvió a sonar el despertador, iba medio arrastras. Tenia insomnio desde hacia mucho tiempo pero esas últimas semanas estaba empeorando ya que, lo acompañaban pesadillas muy extrañas. Suponía que venían influenciadas por mi situación en el instituto, estaba totalmente marginada aunque, a veces, Oscar venia a visitarme a la hora del almuerzo.

Aquel día transcurría normal. Las barbies seguían siendo barbies, los chicos seguían ligando mediantes estuchazos en la cabeza, el maestro de literatura seguía durmiendo en clase y yo seguía pasando las horas dibujando en mi cuaderno.

El maestro de ingles faltó y todos hicieron sus grupitos de siempre y comenzaron a hablar. El más imbécil de la clase pasó por mi lado y me tiró el cuaderno donde estaba dibujando el lago que tanto me gustaba.

-Uy, vaya perdona, que torpe soy.- dijo cogiendo mi cuaderno
-A ver si controlas de una vez el retraso y miras por donde vas- le contesté levantándome de mi asiento.
-Vaya pero ¿que tenemos aquí? Un paisaje, que conmovedor. Pensaba que tu eras más de dibujar personas muertas, chicas llorando en un rincón, muñecas cortadas… ¿que se yo? cosas de marginadas sociales.- Ese comentario me cabreó tanto que de un golpe le tiré la libreta al suelo y le di un puñetazo en la mandíbula.
-¡Vuelve a tocarme los ovarios y acabas en el hospital, payaso!- Todos se voltearon sorprendidos y el maestro de guardia me reprendió y me llevó al despacho del director donde me comunicaron que al día siguiente estaría expulsada. En cierto modo me alegré, no tendría que verle la cara por un día, por otra parte, al llegar a casa mi madre me degollaría pero para eso aun faltaban tres horas y media.

Era la hora del almuerzo y me senté donde siempre, un poyete que había al lado de la puerta de salida. Me gustaba sentarme allí para leer, solía haber buena luz y no pasaba mucha gente que pudiera molestar con sus estúpidas conversaciones. Una chica de mi clase a la que nunca le presté mucha atención se me acercó. Era la típica empollona que se escondía detrás de sus libros y que nunca hablaba con nadie.

-¡Hola! ¿Qué lees?- dijo sentándose a mi lado con una sonrisa
-Es una novela policiaca…- contesté un poco confusa, no imaginaba que esa chica se atreviera a hablarle a cualquier persona del instituto.
La chica levantó el libro para poder ver el título. -Ah, sí. He oído hablar de ella, parece interesante.
-Si… Oye ¿qué es lo que quieres? No creo que hayas venido para hablar de libros.
-Me has pillado, he visto como te peleabas con ese animal ¿Sabes que le dará igual que seas una chica? No le importa nada, ira a por ti. Le has dejado totalmente en ridículo.
-Solo se lo he devuelto, además, no me da miedo. Se defenderme perfectamente yo solita.
-¿Eso crees? No has visto su ultima víctima. Se pasó un montón de tiempo ridiculizándola delante de todos y el día en que explotó a llorar en público, agobiada por su maltrato psicológico, él le dio una paliza. A partir de ahí, la chica empezó a cortarse las muñecas e intentó suicidarse
-¿Como sabes todo eso?
-Su víctima fue mi hermana – No supe que decir, me sorprendió mucho- Desde entonces he hablado con toda la gente a la que le gustaría vengarse de él y solo nos faltas tu.
-¿Yo? ¿Qué vais a hacer?
-Vamos a hacer que desee su propia muerte
– Oye- Dije levantándome – Siento lo que le pasó a tu hermana pero a mi eso no va a ocurrirme, no pienso formar parte de vuestra secta.
-Esta bien, si cambias de opinión…- me dedicó una sonrisa diabólica, me provocó escalofríos. No me pareció correcta la venganza ¿Quién somos nosotros para decidir quien debe morir? Se que a veces eso suena bien cuando estamos cegados por el odio pero no es ni ético ni moral. El karma es quien se encarga de las venganzas. Aunque, la verdad, creo que el karma se ríe de mi. Nunca había hecho su trabajo con las personas que me hicieron daño. Bueno, excepto con mi padre que fue demasiado drástico, le calló una viga en la cabeza y murió. De igual manera no pensaba formar parte de eso.

Aquella tarde mi madre casi me mata cuando me vio, se ve que la llamaron por teléfono para comunicarle lo de mi expulsión y cuando llegué se puso hecha una fiera. Ella me regañaba a la par que yo le explicaba porqué pegué a aquel chico pero no me escuchaba y yo ya me estaba cabreando. Di por imposible la comunicación con ella y salí corriendo hacia el lago. Me provocaba mucha impotencia mi relación con ella. Yo siempre quise tener la familia que todos los chicos de mi clase tenían. Una familia feliz, de esas que viajan en verano, con una madre de esas que te escuchan cuando tienes un problema y a la que le cuentas como te ha ido el día. No se parecía ni por asomo.

No pude evitar llegar llorando al lago, Oscar todavía no había llegado. Intenté desahogarme todo lo que pude para que cuando él llegara no me pillara pero, llegó antes de lo que esperaba. Al verme se preocupó y empezó a preguntarme que me pasaba, yo me sequé las lágrimas e intenté que pensara que no estaba llorando pero, no funcionó. Él insistió pero a mi no me salían las palabras y optó por abrazarme. Cuando me tranquilicé le conté todo, lo de esta mañana y los problemas con mi madre. Él me consoló. Pasamos un rato en silencio.

-No te estoy regañando pero no deberías de haberte peleado con ese chico. Conozco su historial y la empollona tenia razón, es un animal.
-¿En serio? No me va a pasar nada, se defenderme.
-Lo se pero no puedo evitar preocuparme, si llama a sus amigos no saldrás muy bien parada.
-De todas formas no hay marcha atrás.
-¿Cuántos días te quedan de instituto?
-Una semana.
-Iré a recogerte a la salida.
-No hace falta, no te preocupes.
-Si no quieres que me preocupe déjame que vaya y si se atreve a tocarte…
-Vale, vale. Solo te pido que no busques pelea.
-No lo haré.

CAPITULO 5

El día de mi expulsión fue realmente aburrido, mi madre me tuvo limpiando la casa toda la mañana y para colmo no me dejo salir por la tarde ya que me obligó a ir con ella a visitar a unos familiares. No eran muy cercanos así que estaba bastante tímida pero, por suerte le prestaban mas atención a mi madre. No paraba de imaginar que estaba en el lago con Oscar, si estuviera allí seguramente estaría escuchando las locuras que se le pasaban por la cabeza, bromeando o simplemente estaríamos en silencio disfrutando del ambiente. Parecía que estuviera allí, hasta podía oler los periquitos que crecían en el caminillo estrecho.

-Carla… ¿Carla?… Oye linda, baja a la tierra.
-eh… ah… lo siento, ¿decías tita?- me devolvió de nuevo a la realidad
-Nada, solo que se te veía perdida en tus pensamientos ¿Te encuentras bien?
-Si, claro.
-¿En que pensabas, querida?
-En nada, solo que debería estar en otro lugar.
-Vaya Carla, que maleducada. Vas a hacer pensar a tu tía que te molesta visitarla. Pareciera que no te he enseñado modales, hija- y en cierto modo era así, me molestaba estar en aquella casa aunque, mi tía no tenia la culpa.
-Lo siento…-Fingí que me importaba.
-Nada, mujer. Es una adolescente, es normal que prefiera estar con sus amigas ¿No es así, cielo?

Me limité a sonreír, tenía miedo de que si era demasiado sincera, mi madre, acabara castigándome otra vez.

Por la noche, volví al lago. No esperaba que Oscar estuviera allí pero por lo menos estaría un rato tomando el aire. Respiré hondo un par de veces, en aquel lugar se sentía paz. Me tumbé un rato mirando las estrellas, desde allí se veían muy bien, ya que, la luz del pueblo no molestaba. Estaba cansada por el día tan ajetreado que tuve, así que, sin darme cuenta me quedé dormida. Solo pasaron diez minutos cuando me desperté. Me daba pena volver ya a casa por lo que intenté aguantar un poco más. Empecé a jugar con la arenisca que había donde estaba sentada removiéndola lentamente con mi dedo índice. Empezaba a aburrirme, se estaba realmente a gusto pero sin Oscar no era lo mismo. Ese chorlito lo hacía diferente. Decidí volver a casa.

Al día siguiente ya podía volver a la escuela. No fue divertido, es más, fue horroroso. Al llegar se me quedaron todos observando entre risas. Me extrañó pero no quería tomarle la menor importancia. Nina, al verme, corrió hacia mi.

-Carla, siento mucho lo que ha pasado. Intenté que nadie lo viera pero se me fue de las manos…
-¿A qué te refieres?
-¿No te has enterado? El chico con el que te peleaste puso fotos tuyas editadas por todo el instituto. Quité todas las que vi pero ya era tarde. Lo siento mucho, de verdad.
-Lo que me faltaba, se ve que el puñetazo no le dejó bien claro que me dejara en paz.-Me irrité bastante.
-¿Que harás?
-No puedo hacer nada… si me expulsan otra vez me harán repetir curso.

Estaba angustiada, no me gustaban las atenciones y menos por ese motivo. Supuse que si lo ignoraba acabaría olvidándose de mi. Me equivocaba. Ese día fueron unas simples fotos, después fueron rumores perversos, hasta me quemaron con un cigarrillo. Yo no podía seguir callando y se lo conté a Oscar que enfureció como si se lo hubiesen hecho a él mismo. Solo quedaba un día de clase y todo habría acabado. Llegué viva a la hora del almuerzo y todavía no me habían hecho nada. Volví a sentarme en mi lugar de siempre. Aquel día, Oscar vino a pasar esa media hora conmigo.

-Oscar ¿que haces aquí?- Le dije sorprendida pues le avisé de que no se le ocurriera aparecer porque sabía que acabaría metiéndose en líos.
-Yo también me alegro de verte.-Bromeó
-Te dije que no vinieras.- Y sin dejar que él me respondiera el chico que me estaba haciendo esos días imposibles apareció.

-Hola, compañera. ¿Que tal tus últimos días? De clase, digo.
-¿Como te atreves a dirigirme la palabra?- Su existencia era motivo suficiente para cabrearme.
-Solo he venido a ver si te arrepientes del numerito del Lunes.
-¿De que vas?-Oscar intercedió- ¿Te crees muy listo? Tendré que enseñarte a tratar con señoritas- Estaba realmente enojado.
-Tu quieres pelea. No sabes quien soy.
-Si lo se, un retrasado.
-Me estás cabreando, mejor vete y dejame terminar lo que he venido a hacer.
-Cabréate, no te voy a dejar ni que la mires de tan hinchados que te dejaré los ojos.- Oscar empezaba a remangarse las mangas de su camisa.
-Parad ya. Aquí nadie va a pelear con nadie.- Grité. Los chicos no quisieron escucharme y empezaron a pelear, yo asustada llamé a un profesor para que los separara. Los dos acabaron con algunos moratones, a Oscar lo echaron a la calle y al otro le suspendieron el curso.

El resto del día lo pasé preocupada por Oscar pero al menos ya no volvieron a tocarme. Esa semana fue un caos, mi dignidad era inexistente y encima habían dañado a la persona que más me importaba en esos momentos. Luchaba para que las lágrimas no asomaran en lo que me quedaba de clase y cuando el timbre sonó fui derecha al lago. Cuando llegué me quedé parada allí de pie, estaba aturdida. Él estaba allí, se le notaba en la cara que aun estaba enojado. En cuanto lo vi ya no pude más, rompí a llorar y él enseguida fue a abrazarme.
-Te dije que no fueras- le dije entre sollozos.
-Si no hubiese ido quizás las heridas que yo tengo las tendrías tu.
-¿Y que más da? Ya estoy rota por dentro.
-No te mereces nada de esto, no iba a dejar que siguiera haciéndote daño.- Él acariciaba mi pelo mientras yo lloraba con la cara escondida en su pecho. Cuando me calmé nos sentamos donde siempre.
-Ven aquí- me dijo haciéndome una seña para que apoyara mi cabeza en su hombro, lo hice y él me pasó su brazo por detrás.
-¿Qué hago para que te sientas mejor?
-Nada.
-¿Qué te tire otra vez al lago?
-¡No! ¡Ni se te ocurra!- le dije sobresaltada apartándome de él.-Mejor te tiro yo. Aun te tengo que devolver lo que me hiciste.
-Nah, no puedo darte ese placer. Mejor te vuelvo a tirar.
– ¡Que no, te digo!
– Está bien- dijo alargando las palabras a modo de resignación. Él se acercó al borde del lago mirando al frente, me pareció el momento perfecto para mi venganza, así que, me levanté corriendo y le di un empujón a la par que me cogía de la mano arrastrándome con él. Acabamos los dos en el agua y él casi se ahoga, pero de la risa.

-¿Lo has hecho a propósito?- Le dije enfadada.
-¿Yo? Para nada- Seguía riéndose.
-¡Eres un mentiroso!- Empecé a lanzarle agua a la cara para que dejara de reír.
-Venga ya, no me digas que no te ha gustado. Hace calor, esto viene de perlas- dijo muy convencido.
-Pero no de esta forma, el vestido era nuevo…- dije como si fuera una niña pequeña.
-Una pena para ti… y una alegría para mi.- Puso una sonrisa pícara.
-¿Alegría? ¿Qué tiene de alegre?
-Que se te transparenta todo.-Yo no me di cuenta hasta que lo dijo y me volví a sumergir en el agua de manera que solo se me viera la cara aunque, si no fuera porque tenía que respirar también la habría metido bajo el agua. Sentía mucha vergüenza y notaba como las mejillas se me ruborizaban. Él comenzó a reír a carcajada limpia.
-No tiene gracia ¿Cómo esperas que vaya hasta mi casa así?
-Pues o te sales ya y te quitas el vestido hasta que se seque aquí- Volvió a sonreír te forma pícara- o te vas y algún pervertido te violará por ir provocativa.
-Que sepas que te odio.
-Sabes que no- Él rió y a mi se me escapó una sonrisa- Y te he hecho sentir bien- añadió satisfecho.

Al final tuve que quitarme el vestido y dejar que se secara ya que tenía la seguridad de que nadie mas vendría y, además, le prohibí mirar aunque, más de una vez se daba la vuelta para picarme y hacerme sonrojar. Él tuvo que hacer lo mismo pero le dio igual que le viera.

Aunque la situación me daba mucha vergüenza, he de admitir que me divirtió. Además las vistas de aquel lugar mejoraron, su cuerpo no estaba nada mal. Su piel era morena y tenía los músculos algo marcados. ¿Pero que hacía fijándome en esas cosas? Era mi amigo y pensar eso hacía que la situación fuese mas incomoda de lo que ya era. En cuanto las prendas se secaron nos las pusimos y se sentó a mi lado encendiendo uno de sus cigarrillos.

-¿Quieres?
-¿Ya quieres llevarme por la mala vida?- Reímos y nos quedamos en silencio por un momento.
-¿En que piensas?
-Aun no entiendo como tuviste el valor de enfrentarte a ese chico.
-El corazón tiene razones que la razón desconoce- No apartaba la mirada del frente.
-¿A que te refieres?- pregunté confundida, no podía ser, no podía referirse a amar.
-Eh… Bueno, pues… que aveces, hay que estar loco para hacer ciertas cosas.
-¿Y que tiene que ver el corazón con eso?
-Creo que está claro…-Me miró justo a los ojos, era una mirada distinta a las de siempre.-Me gustas.
Dios no podía ser, no podía haber pronunciado esas palabras. No me lo esperaba.
-Pero… Somos amigos…- Aveces, llegaba a ser tan inocente… Tenía mi felicidad delante de mis narices y no se me ocurrió otra cosa que decir.
-Lo se-contesto rápidamente- No podía callármelo más y si tu no sientes lo mismo lo entenderé, espero que esto no cambie nada entre nosotros. Mejor me voy ya. Nos vemos- se le notaba nervioso y ni siquiera me dejó responderle pero ¿qué iba a decir? Ni siquiera tenía palabras, nunca me había parado a pensar en eso y de repente se me vinieron a la cabeza muchos momentos que había pasado con él. El día que nos conocimos, el momento en el que se convirtió en la persona mas importante para mí, las veces que decía cualquier tontería para hacerme reír cuando me veía triste, ese interés y seguridad característico que tenía cada vez que me contaba algo, las cosas que pasaron aquel día… Ahora estaba más confundida que nunca, no sabía si lo que sentía era gratitud, cariño o algo más… Tendría que pensarlo muy a fondo.

CAPITULO 6

Sábado por la mañana, me despertó “I’ll never forget you” de Birdy, proveniente de la alarma. Eran las 10. Dejé que siguiera sonando. Esa canción hacía que me relajara mucho y realmente lo necesitaba, esa noche no dormí nada pensando en lo que Oscar me confesó y en todo lo que en esos días estaba pasando. No sabía que hacer, tenía ganas de verle pero sería incomodo pues, él estaría esperando una respuesta y yo no sabía que decirle. Decidí no ir al lago aquella tarde, necesitaba aclararme.

En ese momento se me vino a la cabeza una persona, Nina. Ella siempre me ayudaba en todo pero… ya no teníamos la misma confianza ya que nos habíamos distanciado. Lo cierto es que la echaba de menos, ella siempre hacía que me sintiera mejor. Después de pensarlo le hablé por Whatsapp.

-Hola, Nina. Hace mucho tiempo
que no hablamos, siento haberme
distanciado ¿Que tal te va?
-¡Hola, Carla! Me alegra que me hables.
Me va bien, gracias por preguntar ¿Qué tal
tu?
-Bien, te echaba de menos ¿Qué
haces?
-Yo también a ti. Acabo de ver las noticias
estarás contenta con lo que ha salido ¿no?
-No las he visto, ¿qué ha salido?
-El chico que se metió contigo ha
desaparecido.
– ¿En serio? No estoy contenta
aunque lo odie mucho.
-Lo se, tonta. Era una broma 😉 Tengo que
irme, prométeme que seguiremos en
contacto.
-Claro, volveré a hablarte más
a menudo.
-Así me gusta. Hasta pronto, te quiero.
– Adiós, te quiero.

Me quedé con ganas de contarle mil cosas pero ya habría tiempo. La noticia que me dio me extrañó, en mi pueblo nunca había pasado nada malo aunque él se lo merecía más que nadie. Aquel día me lo pasé dibujando y escuchando música pero, no podía apartar a Oscar de mi mente. Habíamos pasado poco tiempo juntos, unos tres meses pero para mi eran suficientes, me había demostrado muchas cosas. Sabía que era muy buena persona, podía confiar en él y además siempre se preocupó por mi bien estar. No estaba segura de si lo que sentía era amor pero algo me decía que era más que cariño. Al día siguiente le diría lo que sentía.

En cuanto llegaron las seis de la tarde fui al lago, estaba muy nerviosa pero decidida. Él ya debería estar allí, siempre llegaba antes que yo. ¿Cómo empezaría a decirle todo eso? Se me daba muy mal hablar de sentimientos, no era mi fuerte. Llegué, cogí todo el aire que pude y lo solté, fui a donde nos sentábamos siempre y me sorprendí, no estaba. Nunca en tres meses había llegado después de las seis, me volví a extrañar. Supongo que estaría arrepintiéndose de habérmelo confesado, fui tonta al no darme cuenta antes de lo que sentía así podría habérselo dicho el día anterior. Seguro que estaría pensando que no quería volver a hablarle o algo parecido. Me quedé esperándole un rato más pero no vino. Me fui a casa, lo volvería a intentar al día siguiente.

De nuevo, volví al lago a la misma hora y tampoco estaba. Yo ya no podía esperar más para decírselo así que pensé alguna forma original para hacerlo. Se me ocurrió escribírselo en una carta y dejársela en el buzón, así ninguno de los dos pasaríamos tanta vergüenza. Así lo hice, me expliqué lo mejor que pude. Le dejé claro que sentía algo pero que todavía no quería algo serio, no quería ir demasiado rápido y estropearlo todo. Utilicé una buena caligrafía e intenté ser lo más dulce posible. Cuando la tuve escrita le hice un sobre en el que puse su nombre y se la dejé en su buzón. Esperaba que le gustara o al menos le sorprendiera.

Volví a casa y encendí la televisión, estaban echando las noticias y mi pueblo volvió a ser nombrado. Tres adolescentes más desaparecieron, estaban en mi misma clase ¿Qué estaba pasando? Empecé a preocuparme ¿Y si a Oscar también le había pasado algo? Intenté convencerme a mi misma de que no era así. Cené algo y me fui a dormir.

Otra vez, cuando llegó la hora volví al lago. Estaba casi segura de que ya si estaría, tenía tantas ganas de verle… fantaseaba con como sería besarle y me ruborizaba nada más pensarlo. Llegué y sin pensarlo fui detrás de la torre, no estaba. Me desilusioné como nunca y seguí preocupándome, ya estaba siendo raro. Sin él no había motivos para quedarme allí así que volví a casa.

-Carla, en el correo había algo para ti. Se me olvidó decírtelo esta mañana.- Las mariposas volvieron a hacer de las suyas cuando mi madre me entregó un sobre con mi nombre, seguro era Oscar. Corriendo lo abrí para ver que decía y en efecto era de él. Era una poesía inventada por él muy cursi. A cada verso que leía no podía parar de reír, se notaba que no había escrito muchas en su vida. Al final ponía “ Deja de reírte (seguro lo estás haciendo) esta noche te espero en el lago” Empecé a respirar, toda la preocupación que tenía se había esfumado por completo. Era un alivio saber que estaba bien.

En cuanto mi madre se quedó dormida fui al encuentro. Él estaba sentado a la orilla del lago.
-Me tenias preocupada.
-¿Ya me echabas de menos?
-Idiota, quizá sea del revés.-Intentaba que la sonrisa no se me escapara, me había pillado de lleno.
-Pues si, te extrañé. – Me cogió de las manos- Me encantó tu carta, pensaba que no sentías lo mismo y que te distanciarías. No quería presionarte por eso no vine, para darte tu espacio. Te he preparado algo, para cambiar un poco la rutina.
-Sorpréndeme

Sacó una llave de su bolsillo y me llevo de la mano hasta la puerta de la torre. Esta tenía un candado enorme y oxidado.
-¿Cómo has conseguido la llave?- pregunté con sorpresa.
-El ayuntamiento se encargó de cerrar esta puerta y como conozco a una persona que trabaja allí le pedí que me la dejara por una noche.
-Genial- contesté excitada.
Oscar abrió la puerta y me dejó pasar la primera. Él puso la linterna de su móvil con la que pudimos distinguir unas escaleras en forma de caracol, la torre era muy alta. Empezamos a subir poco a poco y en el final había una pequeña entrada que daba al techo de la torre. Oscar me hizo pasar.
-Wow, esto es increíble. Las vistas son magnificas desde aquí.
– Sabía que te gustaría. He traído helados, pensé que quizás te apetecería.- Me señaló una bolsa que traía con él, nos sentamos donde primero pillamos y empezamos a comer mirando el cielo. Se veía hermoso y más estrellado que nunca. Estuvimos hablando de trivialidades largo rato hasta que ya no supimos que más decir y simplemente disfrutamos en silencio de las vistas durante unos minutos.

-¿Vas a comerte eso? – Me señaló mi helado, aun me quedaba la mitad pero ya no podía mas.
-Eres un glotón, toma- reímos y cuando ya se terminó mi helado se quedó observándome, yo empecé a ponerme nerviosa, siempre había perdido la lucha de miradas.- ¿Por qué me miras así?
– Estás diferente.
-¿Diferente, cómo?
-Más bonita, hoy has dejado ver tu sonrisa más que nunca y me encanta. Además, te brillan los ojos-Hizo que me ruborizara, nunca me habían dicho algo así.- Te has puesto colorada- rió.
-Todo es por tu culpa- dije como una niña pequeña mirando al suelo, sentía que si seguía mirándole las mejillas me arderían.
-¿Por mi culpa?- Se hacía el tonto.
-Si, porque me gustas…-Dije en un susurro
-¿Qué has dicho?
-Nada- empecé a ponerme muy nerviosa, él me cogió del mentón para hacer que lo mirase.
-Repítelo, por favor.
-He dicho que me gustas…- Entonces empezó a acercarse lentamente, aun me sostenía la cara. Ya sentía muy cerca sus labios, sentía su respiración y el corazón me iba a mil por hora. Tenia miedo de que lo notara. Rozó sus labios con los mios, cerramos los ojos y acabamos besándonos. Primero fue un beso lento, después puso su mano en mi cintura para atraerme un poco más y ahí el beso se volvió un poco más pasional pero delicado. Se separó un poco. A mi se me quedó cara de boba, él
sonrió. Nos limitamos a quedarnos en silencio, me senté entre sus piernas y él me abrazó por detrás. Hacía un poco de calor pero me daba igual, estaba a gusto. Al fin las cosas empezaban a ir bien, al fin empecé a ser feliz. No quería que eso acabara nunca, parecía un sueño, mi sueño.

CAPITULO 7

Iban pasando los días, los mejores de mi vida. Estar con Oscar era lo mejor que me había pasado. Aveces pensaba: no puede ser, estoy demasiado despierta para que esto esté pasando. Eso me hacía gracia, me estaba volviendo una blanda. Y entonces karma se dio cuenta.

Más chicos de mi instituto fueron desapareciendo, nadie se lo explicaba. De la noche a la mañana ya no estaban, no dejaban rastro. Yo seguí manteniendo el contacto con Nina pero la empecé a notar distante, también desapareció. El día que me enteré de su desaparición me quedé en shock, estaban cayendo todos como moscas ¿Quién sería el siguiente? Parecía una maldición, era exasperante. La policía no daba a basto, era como si la tierra se los hubiera tragado. Y pasó lo que más me temía, Oscar desapareció. Pasó unos días sin aparecer en el lago y al cuarto día fui a su casa. Su madre me contó angustiada que su hijo nunca llegó a casa. El mundo se me cayó a los pies, no estaba y no podía hacer nada para remediarlo.

Volvieron a ser los días vacíos del principio. Cada día volvía a nuestro lugar para ver si aparecía, cada noche un mar de lágrimas y cada mañana me preguntaba para que despertaba.

Era de noche y volvía a tener insomnio, no paraba de dar vueltas. Después de largo rato conseguí dormirme aunque algo me despertó. Creí que habían abierto la puerta de mi habitación. Abrí los ojos muy despacio, me pesaban muchísimo, tenia tanto sueño… Miré hacia la puerta y seguía cerrada, no le di mas importancia y volví a cerrar los ojos.

-Despierta pequeña marmota- al oír eso me asusté mucho, no sabía si estaba delirando o de verdad alguien había hablado. Mire detrás de mí y no me lo podía creer, era él.
-¿Qué haces aquí?- pregunté con sorpresa.
-Llevaba tiempo sin verte ¿no te alegra que esté aquí?
-Mucho pero ¿dónde te habías metido?
-No querrás saberlo.
-¿Por qué?
-Da igual, ven aquí.- Se acercó a mí para besarme pero me aparté.
-No te lo mereces, me tenías preocupada.
-Venga ya ¿más tiempo sin besarte? Cuando lo haga no me acordaré ni de como saben tus labios.
-Esa es la magia- Dije riéndome a la vez que me tumbaba de espaldas a él en los pies de mi cama.
-Eres malvada.- Al terminar de decir eso dejé de escucharle, estaba muy oscuro y no le veía.
-¿Dónde estás?- pregunté con ilusión como si fuera una niña, mirando a cada lado. No encontraba respuesta. Entonces oí su respiración justo detrás de mí. Me abalancé para besarle pero no podía sentirle, era como si de verdad no estuviera ahí- ¿Por qué puedo oírte pero no puedo sentirte?
-Esa es la magia- de repente volví a sentir muchísimo sueño, los ojos se me cerraban solos. Luchaba por seguir despierta pero sin darme cuenta ya estaba dormida. A la mañana siguiente, cuando desperté, le llamé a su móvil pero no lo cogía ¿Había sido un sueño? No, parecía tan real…Hasta que dejé de sentirle. Me senté un momento intentando asimilar lo que había pasado, me convencí de que había sido un sueño.

Decidí dar un paseo para despejarme un poco, me estaba volviendo loca. Fui mas allá del lago. Había árboles y plantas por todas partes, a cada lugar que miraba. Era fácil perderse. Iba tranquila, tenía los cascos puestos escuchando Shelter de Birdy, la verdad el significado me venia genial. Empecé a sentirme extraña, me dolía la cabeza y estaba un poco mareada pero podía aguantarme. Un ruido me sobresaltó, una rama se había partido detrás de mi ¿Eran pasos? Sí, los de Nina.
-¡Nina! ¡Estás bien! ¿Dónde habías estado?
-¿Cuándo te vas a dar cuenta?
-¿De qué?
-Carla, esto es una ilusión.
-Estás loca, deja de bromear.
-No existo. El chico que se metía contigo, los demás chicos del instituto, la empollona…Oscar. Ninguno de ellos existe.
-No tiene gracia Nina, te estás pasando.
-¡Abre los ojos! Tu lo inventaste. Solo somos una proyección de tu imaginación- Al decir eso mi dolor de cabeza y mareo aumentaron, me llevé las manos a la cabeza.
-¡Cállate! ¡Estás mintiendo!
-No.
-Demuéstralo.
-Intenta recordar algo después de la muerte de tu padre.- No podía, mi mente estaba en blanco. Ni tan siquiera podía recordar los últimos días con firmeza. De repente, el bosque desapareció. Ahora estaba en una habitación de hospital. Estaba tumbada en una camilla.
-¿Dónde estoy?- Mi madre estaba a mi lado, atónita.
-Por fin despiertas.- Lágrimas salían de sus ojos- Has estado en coma tanto tiempo…
-¿Por qué? ¿Qué pasó?
-El día que murió tu padre… Él estaba borracho y antes de salir de casa se enfadó muchísimo… La pagó contigo. Mejor evitaré los detalles.- No podía creerlo, todo lo que había vivido era mentira. Nada existió. Lo que yo pensaba que fue mi vida, tan solo fueron recuerdos equivocados ¿Quiénes eran en realidad mis amigos? Y aquél lugar ¿Existía? Había vuelto a nacer, tenía que descubrir todo sobre mi vida, volver a escribir mi historia. Tenía una nueva oportunidad, todo iba a ser diferente… O no…

Esta historia también podréis encontrarla en el siguiente link: http://www.wattpad.com/story/18617306-recuerdos-equivocados
Aquí encontrareis mi perfil de wattpad donde tengo programado la subida de futuras historias. Si os ha gustado esta podéis votarla y comentar si queréis decirme cualquier cosa como una nueva idea, una crítica constructiva para una futura historia o si le habríais puesto un final distinto y cual sería. Gracias por leer.

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Mi primer “adiós”

El momento de un adiós… Es algo difícil cuando sabes que será un “hasta nunca”, es algo muy triste.

Hoy he recordado el día que tuve que decir adiós a mi mascota, era una perrita muy dulce, Nora se llamaba. Yo tenía unos once años y ella tan solo dos. Aquel día estaba siendo perfecto porque estuve con mi familia celebrando el día de los santos. Al volver a casa, era ya muy tarde pero, ella seguía despierta esperando a que llegáramos y con la misma energía y alegría de siempre nos saludó a mis padres y a mi. Recuerdo que me senté en mi sofá con ella mientras yo la acariciaba y ella me daba besitos. Es curioso porque en ese momento se me paso por la cabeza que pudieran ser sus últimos besos, no se  porque lo pensé pero así fue así que la abracé fuertemente y dejé que mi padre la sacara a pasear.

Volvieron más pronto que nunca, ella estaba en los brazos de mi padre, había fallecido. Un todoterreno verde le pasó por encima con un remolque, me dijeron que no sufrió porque fue en el acto. Al verla en sus brazos no podía creerlo, comencé a llorar con más ganas que nunca. Mi madre me consolaba.

Dos minutos después me acerqué temerosa hacia la cocina para verla y allí estaba, tumbada sobre su manta con el trajecito rojo que llevaba. Mi padre la envolvió en su manta y se la llevó. Esa fue la última vez que la vi y la primera vez que dije un adiós para siempre.

A día de hoy la sigo queriendo igual que el primer día porque ha sido la mejor perrita que he tenido nunca… tan obediente, cariñosa y linda. Es un recuerdo amargo pero me consuela pensar que fue feliz hasta el último segundo de su vida y que todo lo que pasa tiene un porque predicho por el destino.

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Algo sobre una sociedad encarcelada.

Una opinión general es que la timidez es un coñazo, en realidad, ¿a que le llamáis timidez? ¿a no hablar demasiado? ¿a no ser muy sociable? En mi opinión, eso no es timidez, es tener inteligencia a ratos; también diría que es mantener la boca cerrada para no cagarla conociendo a alguien, el cual, no te convenga que prácticamente en los tiempos que corren pasa continuamente.

Camines por donde camines habrá una choni, un cani, algunos creídos y otros tantos ignorantes. Tampoco estoy buscando personas que merezcan la pena pero, es que en realidad no hay que buscarlas sino encontrarlas. Hoy día no conozco mucha gente que tenga personalidad propia y de esto culpo a los medios de comunicación los cuales nos han comido la tostada de tal forma que las modas las tomamos como ley de vida.

Os presento las mejores modas que he visto: Hoy se lleva pensar que los homosexuales dan asco, que el rock es ruido, que hay que juzgar a las personas porque se nos aparece el espíritu santo contándonos como son, que la forma mas “romántica” de enamorar a alguien es lanzándole un estuche a la cabeza, que hay que fumarse las distancias o directamente bromear con ese tema porque es divertidísimo y la mejor moda de todas es la siguiente: la frase “A FREGAR” es graciosísima. 

Tomad esto como una crítica hacia la sociedad de una adolescente decepcionada, si este es el futuro que me espera preferiría haber nacido en otros tiempos. Yo tampoco soy perfecta y eso es así pero, puedo decir que tengo personalidad y yo misma me siento orgullosa de ello. Creedme que pensar de manera distinta, igual o similar a alguien en distintas ocasiones es algo genial, es lo que nos hace únicos en nuestras similitudes. Os pido por favor que tengáis pensamientos propios y que no los ocultéis por miedo a los comentarios porque seguro que hay alguien de acuerdo con vosotros y si no pues tampoco pasa nada porque hay libertad de expresión. No hagáis que brille por su ausencia y sobre todo creed en vosotros mismos.

¿Cuál es nuestro propio significado?

¿Cuál es el motivo de porque estoy yo aquí y no otro? Es algo que la mente humana se ha preguntado durante siglos pero, para responder a esto es necesario preguntarse primero cual es el objetivo de nuestra creación, quiero decir, parece que tan solo estamos aquí para errar, observar el error y aprender de él pero ¿A dónde nos lleva esto? Nuestras vidas se basan en eso, al final todo esta condicionado por nuestras acciones y sus consecuencias nos llevan hasta el punto donde nos encontramos. Es como trazar una linea en un mapa cifrado, sin saber a donde vamos pero con un notable deseo de avanzar y conseguir algo.

Se supone que lo que queremos conseguir es una vida perfecta y para ello tenemos que arreglar nuestros errores pero desde siempre nos hemos autolimitado, quizás por miedo, ese miedo no nos deja observar y como consecuencia de esto no nos deja arreglar ese error. Quizás no hay un motivo por el que estemos aquí y seamos simplemente un experimento para crear una versión mejorada de nosotros mismos. Es un experimento que nos pone a prueba día a día pero aun así seguimos sin saber el motivo de este experimento. 

Dad rienda suelta a vuestra imaginación y filosofad, no hay nada más sano que darle vueltas a la cabeza.

1º Historia

LA CANCIÓN DE MI VIDA
El mundo se paró en ese instante, mi vida pasó delante de mis ojos en un segundo, miles de sensaciones se apoderaban de mi cuerpo… ¿Qué debo hacer ahora? ¿Cómo termino esta pesadilla? Me resulta algo imposible pues morir no puedo aunque mi alma ya lo esté.
La lluvia acompañaba este momento tan agobiante lo cual hacia que mi agonía aumentara por momentos. Salí corriendo de aquel lugar que apestaba a tristeza y engaño, mis lágrimas quedaban ocultas con la lluvia helada, tan helada como mi corazón y aunque mi boca no dijera nada, mis ojos pedían perdón
Capítulo 1
Mientras me ducho, unas cuantas notas musicales se me vienen a la mente y sin poder evitarlo salen de mi boca creando un ambiente animado y lleno de ilusión, hoy tengo un presentimiento.
No paro de correr de aquí para allá, tengo la primera cita con el chico del que llevo enamorada toda mi vida y voy a llegar tarde, aunque… bueno… Al pensar en él, dejo de oír el tic-tac de mi reloj.
Por fin llego al lugar donde nos encontraríamos y ahí estaba él, llevaba un look moderno aunque muy casual pero aun así se veía muy lindo, su cabello negro no estaba tan alborotado como siempre y eso me gustaba.
Se acercó a mí y sin dejarme mediar palabra me plantó un beso en los labios a modo de saludo; dulce, suave e irresistible sus besos van acorde con su personalidad.
Pasamos la mejor tarde de nuestras vidas, estuvimos paseando en un parque donde el sendero de arena estaba marcado por unos árboles no demasiado altos, me hacía gracia la cara de Ezthan cuando tenía que esquivar las hojas de algún árbol sin podar. Después de pasear nos sentamos en la hierba, en una parte escondida de aquel hermoso lugar lleno de naturaleza y libertad, no paraba de abrazarle y besarle ¿Quién lo diría? Yo, Zaira, la chica que parecía ser la más fría y dura en esto del amor, amante de los videojuegos, los libros y la música, ha encontrado el pedacito de cielo que faltaba cada vez que alzaba la mirada.
Ezthan me acompañó hasta un poco más de la mitad del camino a casa, no quiero que mis padres nos vean juntos, dicen que soy demasiado joven para esto. Miré a ambos lados de la carretera y tan solo un coche se acercaba no muy lejos pero parecía tener la intención de pararse. Justo cuando estaba en la mitad de la carretera el coche aceleró, pude sentir el calor de los faros en mi pierna pero en un segundo el coche dio un volantazo y se estrelló contra un edificio. El conductor salió disparado rompiendo la luna del coche y cayendo sobre el asfalto. Me fijé un poco más y vi que había un copiloto, este salió por su propio pie, era una mujer. Tambaleándose se dirigió hacia el joven yacente en la carretera, le acaricio la cara ensangrentada y con lágrimas en los ojos dijo:
-Hijo mío… ¿qué te han hecho…? No puedes morir, eras tú el que me iba a enterrar a mi ¿recuerdas? – se mantuvo unos segundos en silencio, podía oír como su respiración era acelerada y temblorosa
-¡Tu! ¡Tú tienes la culpa! Eres una asesina- Dijo dirigiéndose a mí – Vengaré la muerte de mi hijo, pagaras por el daño que has causado.
Al oír esas palabra me quede muy sorprendida y tan solo pude excusarme. Me fui corriendo de allí pues tenía miedo de lo que en ese momento era capaz de hacer aquella mujer.
Días después, aquella tragedia ya estaba olvidada, nadie mencionaba el tema.
Capítulo 2
“Bip-bip-bip” sonaba el despertador, ya eran las siete de la mañana. No tenía ningunas ganas de ir al instituto, aunque bueno, nunca en mis 15 años había tenido ganas. Mi cara era de zombi, tenía un sueño tremendo.
Las dos primeras horas las pase medio dormida, en mi mundo pero me tuve que despertar de golpe cuando a tercera hora entro por la puerta “la nueva maestra” de inglés, era la madre del chico que murió en aquella horrible noche, recé para que fuera un malentendido y se hubiera equivocado de clase o algo parecido pero no hubo suerte.
La mujer hecho un vistazo rápido a los alumnos, como si buscara a alguien en especial, hasta que me vio. Se acercó a mi mesa y dijo en voz baja:
-Pasaremos un curso muy divertido ¿no crees?
Me quede sin palabras.
Capítulo 3
Aquella tarde tenía mis primeros ensayos con el grupo, teníamos una actuación en la plaza dentro de tres meses. Yo era la cantante solista, Ezthan el guitarrista y su hermano marcos el batería.
Todo iba genial pero había algo que me inquietaba, mis notas de inglés empezaron a bajar aun siendo la asignatura que menos dificultad a tenido en mi vida, si suspendía mi madre no me dejaría hacer la actuación y no podía permitirlo. Lo hablé con los chicos y muchas de mis amigas me quisieron ayudar para facilitarme el estudio pero para sorpresa de todos no hacía falta ayuda de ningún tipo ya que entendía todo. Hablé con mi tutor para que le pidiera a la maestra de inglés que me dejara ver mis exámenes y habiéndolo intentado todo no conseguí nada.
Aún quedaba algo por hacer, me encare con la maestra y tan solo recibí un castigo y más suspensos así que deje el grupo.
Dos semanas después, los chicos encontraron mi sustituta, ella lo hacía realmente bien pero me dolió porque parecía que era un alivio que yo hubiera dejado el grupo.
He de admitir que sentía muchos celos porque no paraba de filtrear con Ezthan y Marcos. Casi todos los días peleaba con él por este motivo, no quería darse cuenta de la realidad y cada vez que sacaba el tema cambiaba a otro totalmente diferente sin dejarme terminar de hablar.
Yo no podía más y fuese como fuese tenía que zanjar el tema así que un día quedé a solas con él para hablarlo. Se lo solté todo y él se mantuvo en silencio todo el tiempo, suponía que estaba procesándolo todo hasta que por fin habló:
-Tengo que decirte algo, no es que ella haya influido en mí pero no estoy seguro de lo que siento hacia ti.
Sus palabras se me clavaron como puñales, no podía creer lo que estaba pasando como en tan solo unos días mi vida se derrumbaba, lo mejor era dejarlo ir aunque si quería tenía las puertas de mi corazón partido abiertas.
Capítulo 4
¿Cuánto tiempo pasó? ¿Cuatro días? Quizás cinco. Perdí la noción del tiempo pues solo permanecía en la cama llorando desconsoladamente hasta quedarme sin lágrimas y volver a dormir. Una tarde mis dos mejores amigas me visitaron, me intentaron animar y me sacaron de allí un poco a rastras.
Estuvimos paseando por el centro y cuando pasamos por la plaza mayor un estruendo nos hizo detenernos, mucha gente comenzó a gritar desesperadamente y fuimos a ver qué pasaba.
Era un tiroteo, unos hombres vestidos de negro disparaban al aire, entonces uno de ellos se dio la vuelta y se quedó observándome, se quitó el gorro y todo el mundo pudo ver que era la profesora de inglés.
-Hola querida alumna, hoy cumpliré el deseo de mi hijo para que pueda descansar en paz, matare a quien le mato a él ¿Últimas palabras?
Me quede totalmente inmóvil sin saber que decir y de repente en tan solo un segundo un estruendo volvió a sonar y Ezthan se abalanzo sobre mi haciéndome caer al suelo, evitamos la bala y echamos a correr. Pudimos escondernos en un callejón, lo único que se escuchaba era nuestras respiraciones aceleradas
-¿Por qué lo has hecho?- dije yo.
– ¿A qué te refieres?
-Me has salvado
– ¿Acaso no debería hacerlo? Nuestra relación termino pero eso no quiere decir que te quisiera ver muerta, escúchame, siento mucho todo lo que ha pasado, confundí lo que sentía y hoy al verte en peligro y al no parar de pensarte estos últimos días me he dado cuenta de que en verdad te amo, te amo más que a nada en este mundo y si te perdiera….
En ese momento todo me dio igual, le abrace más fuerte que nunca y entonces volvimos a ser la pareja feliz que fuimos algún día.
Capítulo 5
Arrestaron a la maestra y no se volvió a saber nada más de ella. Yo volví a la banda justo a tiempo y la actuación salió bordada, todo el mundo bailaba, cantaba y reía. Lo pasaban en grande.
Entre tanto movimiento me dio sed así que fui a por un refresco, algo me llamo la atención, esa voz ya la había escuchado antes. No le di mayor importancia y seguí disfrutando de la fiesta.
Un disparo sonó.
-No, otra vez no- Dije
Todo el mundo permanecía en silencio, me di la vuelta y era ella de nuevo apuntándome con una pistola humeante. Todo el mundo se preguntaba donde había caído la bala, mire a Ezthan y sus ojos lo decían todo.
Jamás había visto unos ojos tan tristes como los suyos, tiró el baso en el que estaba bebiendo al suelo y entonces me di cuenta, yo tenía la mano empapada en sangre, la bala estaba en mi vientre. Me extrañó ya que no sentía ningún dolor, en cuanto alcé la mirada todo el mundo comenzó a bailar y a seguir con la fiesta.
-¡Ayuda! ¡Ayúdenme por favor! ¿Es que nadie me oye?
Por más que gritaba nadie me hacía caso, comencé a perder fuerzas y a derrumbarme. Caí al suelo. Entonces todo se quedó en absoluto silencio, nadie se movía, permanecían parados, muy serios.
Yo estaba tumbada en el suelo, herida y muerta de miedo. Ezthan se acercó y se agacho a mi lado
-No sigas hablando, todo ha terminado
-¡Ayúdame, no me dejes morir!
-Ya estas muerta, moriste el día del tiroteo en la plaza.
Entonces sin darme cuenta estaba de pie, a mi lado estaba mi propio cadáver en la plaza, mis ojos reflejaban mucho dolor y un vacío enorme, estaba rodeada de sangre. Ezthan se acercó a mi cadáver, comenzó a acariciarme la cara llorando, decía algo pero no podía oírlo pues todo seguía en silencio a pesar de que la gente que había se acercaron a mi sorprendidos.
-¿Cómo puede ser? Y todo lo que he vivido hace un momento ¿qué ha pasado?
Empece a comprender que todo había sido una especie de sueño, allí acababa mi vida, la canción de mi vida.
FIN