Categoría: Historias

Voy a sentir lo que me de la gana

Nunca había pensado en la magia que posee una mirada, ese espejo digno del más sabio dios mitológico que observa cómo un pequeño bebé se enamora de su madre al aprender a respirar. Nunca me había fijado en cómo tus pupilas se dilatan cuando el dulce sabor de sus labios se mezcla con el tuyo, unos labios que no tienen nombre y que viven sellados tras la penumbra. El reflejo de una vida que busca abrirse paso en la adversidad, algo tan inefable…

Una sala oscura perturbaba su mente con mitos e historias de miedo. Unos maniquíes, que llevaban dibujados en el rostro los rasgos de un payaso, se iluminaban con un destello de luz.

La apuntaban con el dedo, sonreían maliciosamente y una lágrima se derramaba por su tez.

La chica pensaba en cuál sería el motivo por el que la señalaban culpándola de algo que desconocía. Solo podía haber una respuesta, pero no era su culpa. Ella no podía controlar aquello, es imposible. Odiaba la idea de meter a aquella inocente en su mundo pero ¿Qué más podía hacer? Si esos idiotas supieran lo que ella sentía junto a esa persona… Entonces entenderían, seguro.

Es vivir en un sinsentido, siempre con la convicción de que debemos adaptarnos a los ideales generales de la sociedad. Pensar diferente no es una enfermedad, no es mala suerte, no es un mal sueño, es una bendición y deberían aceptarlo. Quizá en otro mundo.

Ella empezó a hacerse preguntas, pero solo había una persona que sabía responderlas, pues la verdad está en el corazón. Entonces habló:

“¿Mamá, es posible un mundo donde no haya que esconderse? ¿Es posible que nadie me juzgue por sentir? ¿Es posible que exista la compasión y entiendan que tengo motivos?

Desde que nuestro redentor nos crea, vivimos escondidos en el útero materno. Con las manos en la cara nos tapamos para que no lean nuestros ojos. Nacemos con el habla muda, para que nuestros sueños no se escapen y salgan volando de nuestras manos. Nos dejan ser felices durante un tiempo, después nos devuelven la capacidad de expresarnos con palabras y es cuando conocemos el mal.

Nuestros sueños nos definen, pero no son iguales a los de los demás. Eso supongo que asusta y por ello intentan exterminarlos. ¿Es eso lo que hay que hacer? ¿No hablar? No… ¿Qué haríamos con la mirada? Ahí se sigue viendo nuestro corazón. Si no fueran tan cristalinos nuestros ojos… Malditos traidores…

¿Por qué no me respondes mamá? Mamá, tú tienes la respuesta a todo. ¡Dímelo, no dejes que mis lágrimas desgasten mi pálida piel! Tú siempre me decías eso… Tus ojos… ¿Acaso crees que ellos llevan razón? No, tú tienes el mismo odio. Responde.

Claro… Tú nunca mientes… Tú nunca me harás daño. Tú nunca harás nada que pueda herirme, por eso no dirás una sola palabra. Tienes una lágrima dibujada en tu rostro. Tranquila, todo estará bien. Si yo soy feliz, tú también. Será como siempre. Aprenderé a ser feliz a mi manera, luchando por lo mío. Así te sentirás orgullosa y no te avergonzarás de mí. Pase lo que pase, aunque sepas que la amo a pesar de tener el mismo sexo, tú me querrás y eso basta.

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Mi corazón a kilómetros de aquí

Capítulo 1 – El día en que lo conoció

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Es curioso cómo hasta la persona más dura puede llegar a reblandecer su corazón. Lo quieras o no todos necesitamos ser amados alguna vez y la chica de la que os voy a contar esta historia lo sabe bien.

Así era ella, Emily, una chica algo difícil. No le gustaba hablar de sí misma ni mostrar demasiado lo que sentía, reservada y muy fría con quien no le agradaba pero como todos, humana. Ella era de las que pensaban que amar era una pérdida de tiempo aunque cuanto más lo evitaba más difícil se le hacía, hasta que cayó.

Lo conoció en una boda, irónico ¿eh? Fue una boda muy linda y tierna. Se celebró en una carpa de un salón de ceremonias que se encontraba en mitad de la sierra. Fue mágico, la novia caminó por una alfombra roja con flores blancas al ritmo de la canción “Solamente tú” de Pablo Alborán, estaba radiante. Después de la ceremonia, todos fueron dentro del salón para comer. Obligaron a Emily a sentarse en la mesa de los críos donde había niños de 3 a 10 años y dos jóvenes de unos 17, ella tenía 13. No le gustaba la idea de estar separada de su familia más cercana ya que la boda era de unos primos lejanos y apenas conocía a nadie.

Apenas pudo comer ya que la dejaron a cargo de que los niños no montaran escándalo y ellos no estaban por la labor. Cuando parecía que los niños se habían calmado comenzó a comer un poco hasta que notó como una bolita de migas de pan aterrizó en su plato, miró a un lado y a otro y se fijó en que uno de los jóvenes se tapaba la cara ocultando una sonrisa. No le dio más importancia y siguió comiendo y otra vez una bolita le molestó. Esa vez sí pudo ver de reojo como el joven que sonreía la arrojaba en su dirección.

-Pero ¿te quieres estar quieto?- dijo algo enojada.

-¿Perdona?

-Que pares

-¿Que pare qué?

-¡De tirarme bolitas!

-¿Yo?

-No, mi prima la de más allá de Mahoma

-Enserio, yo no he sido.

-Ok, lo que tú digas.- Se resignó y siguió comiendo.

Tres…dos…uno… ¡Paf! Emily dejó el tenedor en la mesa con toda su fuerza al ver que de nuevo las bolitas volaban con vida propia. Como venganza cogió la teta de pan que le había sobrado y se la arrojó al joven acertando de lleno en su cabeza. Sonó hueco y eso hizo que Emily riera a carcajada limpia.

-Entonces quieres guerra ¿no?- dijo el chico desafiante.

-¡No! Tú has empezado y yo acabo de vengarme, fin.- Sin mediar más palabras una serie de bolitas aporrearon el pecho y las manos de Emily que intentaba protegerse. ¿De dónde sacaba tanto pan? Ella entró en el juego y así comenzó una pelea de comida hasta que las patatas fritas y el pan se acabaron. Emily decidió parar la pelea antes de que filetes empanados acabaran estrellándose en su cara y se levantó para ir corriendo al baño y limpiarse los restos de pan que quedaron en su pelo liso. Cuando salió del baño vio que todos estaban levantándose para ir a la carpa donde se celebró la ceremonia, allí harían el baile de apertura.

Fue un baile muy tierno, estaba muy bien preparado. Lo más hermoso fue cuando el novio levantó a su amada y comenzaron a girar mirándose a los ojos. Después del baile, Emily se tuvo que volver a encargar de los críos que jugaban fuera de la carpa. Estaba desesperada, dos niños se peleaban por quien era el que se la quedaba para jugar a las escondidas, otro niño se puso a llorar y los demás optaron por jugar al pilla-pilla. No podía con todos.

El joven de la pelea, al ver la situación, se acercó lentamente con las manos en los bolsillos mirando divertidamente.

-Canell ¿Quieres ayuda?

-¿Tu qué crees?

-Que me encanta tu simpatía

-Og, por favor haz que dejen de pelearse- dijo Emily casi suplicándole. Él hizo caso y mientras, ella consolaba al pequeño que lloraba. Cuando ya se calmaron todos, Emily decidió dejar a los críos a cargo de sus madres. Se negaba a seguir de niñera. Cuando ya estuvo sola decidió sentarse al lado del joven en un poyete que había fuera de la carpa.

-Gracias.

-Vaya, pero ¿tú sabes dar las gracias?

-No seas estúpido- se sobresaltó y él rio

-Y ahora me insultas, eres mala Canell – bromeó

-Ay, no me llames así. Tengo un nombre.- El volvió a reír.

-Aun no me lo has dicho… Canell- La miró con cara de desafió y una media sonrisa algo pícara. Ella, aunque lo intentó evitar, sonrió.

-Emily ¿Tu?

-Daniel.

-¿Qué significa eso?

-Emm… Mejor te lo digo otro día.

-¡Venga ya! ¿Por qué?

-Porque hoy no te has portado bien- bromeó. Siguieron hablando largo rato sobre trivialidades y sobre el parentesco que tenían. Resulta que no se tocaban nada, él era el hijo de un amigo de la familia. Después, Emily volvió dentro de la carpa y se sentó con su madre y su tía. Casi todos los hombres estaban ebrios y se pusieron a bailar con las corbatas anudadas las unas con las otras, en plan cadena ¡Para haberse asfixiado! Los que no bailaban estaban comiendo de la fondue de chocolate y otros simplemente estaban sentados hablando.

Emily se aburría, así que, decidió ir a probar fruta de la fondue, pero antes de que pudiera hacerlo alguien la cogió de la mano desde atrás. Era Daniel que le pidió bailar, ella no tenía cosa mejor que hacer y aceptó. Sentía mucha vergüenza porque aparte de que su familia no le quitaban los ojos de encima, ella no había tenido mucha relación con chicos y mucho menos le habían sacado a bailar nunca antes. A los pocos minutos ya se sentía más a gusto pero eso no le duró mucho ya que el tacón cedió y por suerte o por desgracia Daniel estaba allí para cogerla antes de tocar el suelo. Fue penoso y eso hizo que a Emily se le quitaran las ganas de seguir bailando. Daniel la entendió y siguió hablando con ella pero llegó el momento de despedirse.

-Me tienes que decir que significa eso de… ¿Canell?

-Ya te he dicho que hoy no, no te lo mereces.

-Pues tendremos que quedar.

-Eso va a ser algo complicado…

-¿Por qué?

-Es que… vivo en Barcelona.

-¿Barcelona? Vaya… Está bastante lejos. Entonces…

-Vendré… Pronto. Estoy acostumbrado a las siete horas de viaje. Tengo una tía que vive aquí, en Andalucía.

-Entonces dicho queda ¡estás obligado a visitarme!- Rieron complacidos y terminaron de despedirse con dos besos en la mejilla.

Así fue el día en que conoció a su “media naranja” Sería difícil ya que él vivía lejos pero ¿cuánto es capaz de soportar un corazón… Un corazón unido a otro?

Capítulo 2 – Comenzó como una broma

Era una mañana calurosa de principios de junio. Aún quedaba una semana para terminar el curso, así que, Emily aquella mañana tuvo que asistir al instituto. No hicieron gran cosa en toda la mañana ya que los exámenes habían terminado la semana anterior. En la hora del recreo, Emily salió al patio como todos los días con sus amigas. Iba hablando animadamente con su mejor amiga, Caterina.

-Bueno y ¿qué tal fue la boda?

-No estuvo mal.

-¿Nada más?

-Fue bonita pero tuve que ocuparme de los críos y eso fue un asco.

-Cuéntame más.- Emily a duras penas comenzó a detallarle lo que más le gusto de la boda. Caterina le escuchaba con atención hasta la última palabra.- Y ¿conociste a alguien?- Le preguntó con una mirada picara.

-Lo cierto es que sí.

-¿Y bien?

-Un chico… Era un pesado.

-¿Era atractivo?- Preguntó con notable interés

-¡Caterina por dios! ¿Solo te interesa eso?- Las dos amigas se echaron a reír.

-Bueeeno vaaale… ¿Pero te gustó?

-¡Que no! Ya te he dicho que era un pesado, hicimos una pelea de comida y para colmo mientras bailábamos se me rompió el tacón y me caí encima de él.- Emily se percató de lo que acababa de decir, suficiente para que su amiga sacara conclusiones precipitadas.

-Oooh, suena romántico ¿bailasteis? Eso no es común en ti ¿Seguro que no te gustó?- Decía Caterina casi gritando.

-Ay ya, baja el volumen. Ya te he dicho que no. – Caterina la volvió a mirar con picardía.- ¡No seas tonta!

-Ok, ya paro.- Se resignó

Lo cierto es que Emily no estaba segura de si le gustó, sentía ganas de volver a verlo pero ¿Era porque simplemente le agradaba o por algo más? Quería quitarse ese pensamiento de la cabeza porque sabía cómo acababan esas cosas, acababan confundiéndose.

Aquella tarde Emily cogió su PC para agregar a Daniel a Messenger, ya que, por entonces el teléfono de Emily era algo antiguo y no podía tener WhatsApp. Cuando tuvo enviada la petición de amistad se levantó para ordenar su habitación dejando el PC encendido. A los cinco minutos de haberse levantado sonó un aviso de que un mensaje le había llegado al PC. Decidió mirarlo cuando terminara de organizar su escritorio, pero se puso nerviosa en cuanto se le vino a la cabeza que podría ser Daniel. Casi sin darse cuenta ya había dejado de recoger y estaba frente al ordenador. Efectivamente, era él. Solamente era un saludo para iniciar una inocente conversación, una conversación que duró toda la tarde y parte de la noche.

Cada vez le resultaba más agradable hablar con él, lo cual, no era de extrañar ya que era un chico muy divertido. Siempre tenía algo que decir. Así pasaron los días, todas las tardes sonriendo frente al ordenador. Llegó el momento de reflexión nocturna. Emily en su cama intentando conciliar el sueño no dejaba de pensar en esas conversaciones que le apartaban del mundo real. Ciertamente sentía algo y eso la enfurecía porque era lo último que deseaba, ya que, en alguna ocasión había sentido eso y acababa con una puñalada en el corazón. Y si de verdad le gustaba ¿Qué pasaría? ¿Él sentiría lo mismo? Y de ser así y llegaran a estar juntos ¿Qué pasaría con la distancia? Vivian muy lejos y aun eran jóvenes para viajar por sí mismos, bueno… en realidad él en un año podría hacerlo ya que tendría la mayoría de edad, lo cual, era otro problema. Cuatro años de diferencia que en realidad para ellos no sería un obstáculo pero, sí para sus familias de mente cerrada. La madre de Emily siempre le había dicho que no tuviera novio hasta que no dejara el instituto porque solo sería un estorbo y una distracción más. Por otra parte, la madre de Daniel era muy comprensiva y siempre le había apoyado en todo pero, en cambio, su padre era todo lo contrario. En realidad, nunca habían tenido buena relación. Su padre solo le dirigía la palabra para regañarle y hacerle recordar todos sus errores. A la vista está que no sería nada fácil y pensar en todo esto le hacía estar más segura de lo que sentía puesto que si no fuera nada se lo habría ahorrado.

Llegó el viernes por la tarde y Emily había quedado con sus dos mejores amigas, Caterina y Bianca.

-¿Qué te pasa, Emily?- Preguntó Bianca

-Nada ¿Por?

-Tienes la mirada perdida.- Intervino Caterina.

-No es nada que no tenga solución.

-Pero queremos ayudarte- Volvió a decir Bianca. ¿Tiene algo que ver con un chico?- Intentó quitarle seriedad y Emily sonrió, aunque, más bien le salió una mueca

-La verdad es que sí, es por Daniel…Creo que me gusta.

-Creo que es la primera vez que no tenemos que utilizar un sacacorchos- Se sorprendió Caterina y las tres rieron.

-Es que necesitaba sacarlo- Se excusó Emily y volvieron a reír.

-Y ¿Cuál es el problema?

-Bueno… Él vive lejos, es mayor, su padre es un monstruo, mi madre es el yeti…- En el momento en que Emily dijo el mote que había puesto a su mamá, sus amigas intentaron ahogar las carcajadas que finalmente no pudieron evitar.

-A ver… Es complicado pero podéis intentarlo en silencio y si no contáis con la ayuda de vuestras familias siempre os tendréis a vosotros mismos. Tenéis que ser fuertes e intentarlo todos los días. –Le aconsejó Caterina. Emily reflexionó sobre sus palabras y decidió intentarlo pero, aun no sabía si el sentía lo mismo.

El instituto ya había terminado y la gente empezaba a irse de vacaciones, incluido Daniel que sorprendió a Emily diciéndole que recién había llegado a su ciudad y que quería quedar con ella esa misma tarde. Está claro que Emily aceptó. Ya casi se acercaba la hora para ir a su encuentro y aun se estaba arreglando. No quería ponerse demasiado mona pero tampoco quería verse mal. Se puso unos shorts blancos de encaje con una camisa vaquera muy clarita metida por dentro y un discreto bolso. El pelo liso le caía sobre la espalda. Estaba satisfecha con su imagen.

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Estaban pasando una tarde muy entretenida. Él la invitó a tomar un helado y mientras le contaba que tenían amigos en común en su ciudad ya que Daniel había pasado allí muchas de sus vacaciones. Después fueron a pasear por un parque al que no solía ir mucha gente pero tenía su encanto.

-¿Me merezco hoy saber qué significa eso que me decías?

-Mmm…No se

-¿Por qué? Hoy he sido amable contigo, ni si quiera te he insultado y mira que es difícil con lo tonto que eres… Ups

-¿Ves? ¡Acabas de hacerlo!

-¡Lo siento! Se me escapó- Decía Emily con las manos en la boca. Daniel se rio al verla tan arrepentida.

-Así que piensas que soy tonto.-Decía Daniel mirando al frente con una media sonrisa.

-Bueno… En realidad no, eres tonto con ¿cariño?- Emily le miraba con ojitos de cachorro asustado aunque también sonreía a lo que Daniel respondía mirándola con la mayor ternura que podían derrochar unos ojos, esos ojos verdes en los que Emily acababa de fijarse, esos ojos que se habían convertido en sus favoritos. Daniel se acercó a ella acorralándola entre él y la pared, ella lo miraba con atención adivinando sus intenciones. Él la tomó de la cintura con una mano y con la otra tomaba el mentón de Emily para acercarla a sus labios. Fue un beso dulce, lento y con sabor a la vaselina de frambuesa de Emily. Fue largo aunque se les hizo tan breve… A Daniel se le veía muy tranquilo, en cambio, Emily tenía la respiración acelerada. Había sido su primer beso y le pareció hasta más hermoso que los de las películas.

-Canell…Significa muñeca. Concluyó Daniel aun sin apartarse de ella y mirándola a los ojos.

Capítulo 3 – Recuento de neuronas.

Lo que empezó siendo un reencuentro concluyó siendo una cita. Aquel día hizo juicio a eso que se suele decir: “las cosas salen mejor sin planear” ¡y que tan cierto era! Aunque, la verdad, no hacía falta ser muy inteligente para saber que aquel beso ocurriría. Emily recordaba cada detalle de aquella tarde tumbada en su cama, intentaba dormir pero esos recuerdos ametrallaban su cordura haciéndola sonreír de manera totalmente inconsciente.

Era algo nuevo para ella. Sí es cierto que se había enamorado antes pero nunca de esa manera. Ocurrió tan rápido… Apenas se acababan de conocer y cuando se quisieron dar cuenta ya estaban enamorados. Cabía la posibilidad de que no fuera amor verdadero pero eso de enamorarse no pasa todos los días, así que ¿Por qué no aprovechar la ocasión?

Después de una cita vienen los efectos secundarios: sonreír como el que no quiere la cosa, que tú amiga se vuelva detective por un día, preguntarse si la próxima vez sería tan mágico… Tanto Emily como Daniel anhelaban volver a verse pero el chico tenía obligaciones, entre ellas visitar a su tía. No era un plan que le gustase pero era eso o enfrentarse a los miserables regaños de su padre.

Llegó el sábado y Daniel estaba libre, libre en cierto modo. Tenía planes con sus amigos de allí. Siempre hacían lo mismo: Primero quedaba con un pequeño grupo una tarde y en la siguiente quedada hacían una fiesta en una casa de campo con gente que ni él mismo conocía.

Daniel decidió invitar a Emily a esa primera quedada, le agradaba la idea de que pudiera salir con su novia y sus amigos a la vez. El grupo constaba de cinco personas: Izan, al que más cariño tenía Daniel; Noa que casualmente conoció a Emily en su infancia; Martina, la mejor amiga de Noa; Hugo, un chico muy normalito y Alba, una chica un tanto… peculiar. Al principio Emily estaba muy cohibida pero a poco que empezaron a hablarle se empezó a sentir como una más. Daniel no quiso decir que Emily y él estaban juntos para que no influyera a la hora de que ellos conocieran a Emily. Parece una tontería pero de verdad influyó.

Al día siguiente harían la quedada en la casa de campo a la que Emily también fue invitada. No era una casa demasiado grande pero era hermosa y los exteriores sí que eran grandes. Había bastante gente y la mayoría eran entre 17 y 20 años. Emily se preguntaba que pintaba ella allí pero después de todo no era la única chica de 13 años, Noa y Martina tenían su misma edad.

La música estaba muy alta y había botellas de alcohol en cada rincón. Emily se sentía un poco perdida, nunca había estado en una fiesta así. Se sentó en un sofá junto a Noa, Martina y Alba. Esta última hablaba de sus cosas como si tuviera la confianza de toda una vida. Antes no se había fijado pero Alba era realmente pija, su manera de hablar parecía una broma. Hablaba tan rápido que al poco de empezar a escuchar ya se había perdido, así que, le pareció una tontería seguir escuchándola por varios motivos: su vida no le interesaba, ya no entendía lo que decía y odiaba su forma de hablar. Daniel estuvo perdido durante un rato hasta que apareció a lo lejos hablando con unos chicos. Emily lo miraba como pidiéndole que la sacara de allí, ya no podía más con su aburrimiento y él entendió su mirada.

-Hey ¿Qué haces aquí sentada? Deberías estar divirtiéndote.

-Ya… pero es que no conozco apenas nadie…- Daniel rio y la tomó de la mano.

-Vamos, ven conmigo.- La condujo hasta donde la gente estaba bailando y los dos empezaron a moverse animadamente, más bien haciendo el lila (tonterías)

-¿Esto de bailar se va a convertir en una costumbre?- decía Emily a la vez que sonreía.

-¿No te gustaría?

-Podría acostumbrarme- bromeó

Emily empezaba a disfrutar. Música, baile, Daniel… ¿Qué podría salir mal? Cuando se cansaron de bailar fueron a pasear por los alrededores y al fin pudieron saborear sus labios nuevamente ya que antes no lo habían hecho por guardar respeto frente sus amigos. Después, volvieron donde estaban todos y siguieron intercambiando sonrisas, miradas y algún piropo. Y entonces Alba se acercó.

-Oye Daniel… guapo, te la robo un ratito ok?- Alba tomó a Emily del brazo y se la llevo donde nadie pudiera escucharlas. – Quiero conocerte un poquito más, cuéntame algo de ti.

-Emm… No sé qué contarte. No tengo mucho que decir.

-¡Venga chica! Empieza pues… ¿Por el principio?- Emitió una risotada que a Emily le pareció un poco falsa.

-¿Quieres saber algo en concreto?- Empezaba a cansarle tanto interés.

-Bueno… Preguntaré para ayudarte ¿Estás coladita por alguien?

-Sí –Emily sonrió y Alba de repente abrió los ojos como platos.

-¡Lo sabía! Y ¿Quién es? Lo conozco ¿A que si?- Dijo casi gritando y levantándose del banco donde estaban sentadas. – ¡Déjalo, déjalo! Ya adivino yo. Es… ¡Daniel!

-¿quieres saber qué es lo que pienso?- Alba se quedó confundida con aquella pregunta.-Pienso que te estabas preparando para hablarme de él ¿No es así? ¿Qué es lo que quieres?

-Quiero que lo dejes en paz, él no es para ti.

-¿Para quién si no?

-¡Ja! para mi ¡está claro!

-¿Qué te hace pensar eso?

-Tú no sabes cómo es nuestra relación. Él me adora y cada vez que hablamos me mira de una forma especial. Yo sé que ayer me lanzaba indirectas…

-Ya. Pues irónicamente ni ayer ni hoy le he visto dirigirte la palabra, más bien te evitaba.

-Estás ciega- hizo hincapié en la última palabra.- En fin, no voy a perder más el tiempo contigo. Daniel me estará buscando… – Emily empezó a soltar carcajadas sonoras.

-Si pues te ayudaré a ahorrar tu valioso tiempo porque no te está buscando.

-Que sabrás tú…

-Está conmigo, chata- Dicho esto, Emily, se dio media vuelta y fue a buscar a las chicas pues la noche seguía y tenía ganas de disfrutar.

Poco después llegó la hora de recogerse y Emily decidió contarle en el camino a Daniel lo que había pasado con Alba. Al escuchar tantas sandeces, Daniel no pudo evitar reírse y poner cara de avergonzado.

-Siento que hayas tenido que aguantar ese circo. Alba es… es…. Estúpida.

-¿Entonces no debo estar celosa?- bromeó.

-¡No! Alba no significa nada para mí, es más, no sé ni porque sale con nosotros. Sinceramente creo que nadie la aguanta más de cinco minutos.- Emily rio

-Está bien, confío en ti.- Daniel se limitó a mirarla con ternura a lo que Emily respondió con una sonrisa seguida de un pico.

-Entonces… ¿dices que estabas celosa? – La miraba con picardía y ella rio

-Nah, estaba claro que ella contra mí no tenía nada que hacer.- volvió a bromear con aire de superioridad y los dos rieron.

-Claro, ahora niégalo.

-Cállate.-Emily rodeo la cara de Daniel para besarle, sería una buena técnica para olvidar el tema. Lo cierto es que por un momento sí que había estado celosa pero se dio cuenta de que no había una razón de peso. Alba era mona pero no tenía nada que aportar. En cualquier caso, Emily ya se había ganado una enemiga.

Capítulo 4 – Tal para cual.

La marcha de Daniel era inminente. La estupidez de su padre era cada vez mayor pues discutió con el familiar que tenían allí y se quedaron sin motivos por los que seguir de vacaciones en aquel lugar. Ese hecho desencadenó una nueva pelea entre padre e hijo en la que irremediablemente salió perdiendo este último.

-¡Que pesado! No quiero volver a oírte, he dicho que volvemos a casa y eso haremos. Tu como hijo tienes la obligación de callarte y respetar mi decisión.- Decía el padre de Daniel levantando la mano como si quisiera darle un escarmiento.

-Tú jamás has respetado ninguna de mis decisiones, no me pidas ahora que respete yo las tuyas.

-¿Cómo te atreves a seguir replicándome? Eres un niñato, igual que esos con los que te juntas aquí y que te comen la cabeza. Es por ellos por lo que no quieres irte ¿verdad? Bah, esa asquerosa costumbre que tenéis los adolescentes de considerar amigo al primero que te saluda… ¡A ver si aprendes algo de la amistad!

-¿Qué sabrás tú de eso? Todo el que se te acerca acaba huyendo de ti. ¡No te enteras de nada! A ti todo el mundo te resulta asqueroso… hasta tus propios hijos.- Dicho esto, Daniel le dio la espalda a su padre totalmente decepcionado. Por una parte no quería irse por sus amigos pero más bien era por Emily. No había tenido muchas oportunidades de estar con ella y era lo que más deseaba en aquel momento.

Los días pasaban lentamente para la pareja que anhelaba volver a verse. Todos los días hablaban a través de internet y por la noche cuando sus familias dormían se llamaban por teléfono. Cada vez se hacía más difícil la espera, a saber cuándo volverían a verse… Solo esperaban que la confianza que se tenían no decayera…

Estar juntos les había cambiado, sobre todo a Emily. Ahora era mucho más risueña y tolerante. Al final eso que dicen es verdad, el amor cambia a las personas.

Un día decidieron dar un paso más para terminar de conocerse y que mejor para hacerlo que conocer a sus mejores amigos. Daniel le presentó a Pablo, claro está que fue a través de una conversación grupal en una de esas redes sociales. Pablo conocía a Daniel desde los tres años y siempre habían sido muy buenos amigos. Fue gracioso porque al cabo de unos días, Emily y Pablo, ya eran buenísimos amigos y cada vez que Emily discutía con Daniel, Pablo, convencía a Emily para que olvidara su orgullo y se perdonaran. El pobre tenía que aguantarlos siempre.

Por otra parte, Emily le presentó a Caterina y a Bianca. Parecía que ellas habían encajado muy bien con Daniel aunque no solían conversar en plan amigos. La pareja solía discutir mucho por temas de celos y desconfianza hasta que un día decidieron terminar, estaban cansados de tanta discusión. Fue por poco tiempo hasta que gracias a Caterina volvieron a estar juntos ya que, Daniel contactó con ella para pedirle ayuda. Fueron apenas unas semanas pero aquel hecho se había notado bastante en la actitud de los dos. Tanto Daniel como Emily no podían estar separados el uno del otro ya que, cuando eso pasaba se volvían insoportables y perdían la sonrisa. Se podría decir que lo que tenían era amor verdadero, a la vista estaba. Se me olvidaba mencionar que eso de cortar y volver a ponerse siguió ocurriendo en más de una ocasión. Lo suyo era una relación amor-odio.

Llegó el magnífico día en el que el padre de Daniel se reconcilió con el familiar que tenían en la ciudad de Emily y a la semana volvieron a verse. Esta vez Daniel no viajaba solo, Pablo iba con él.

Volvieron a hacer una fiesta en la casa de campo y estaba siendo genial. Daniel y Emily fueron a pasear alrededor de la casa ya que querían estar un ratito solos. Charlaban animadamente bromeando sobre su futuro.

-Cuando sea mayor de edad nos iremos a vivir a Jaén.

– Y me vas a regalar un yate ¿a qué si?

-Claro y tres piscinas.

-Tres no, cuatro.

-Serán cinco si nos casamos en el castillo de Jaén y me sacas de allí en brazos como una reina.

-¿Qué dices? Si yo cuando sea mayor voy a ser un cangrejo de rio…Amarillo fosforito…- Daniel dijo eso con tanta seriedad que Emily, al ver su cara, comenzó a reírse a carcajadas y terminaron por contagiárselas a Daniel.

-Estás loco…-Daniel la acorraló entre él y un árbol poniendo sus manos en su cintura.

-¿Loco? Por ti.-Emily sonrió al pensar que si lo hubiera dicho otra persona le habría resultado lo más empalagoso del mundo pero, dicho por él le había parecido tan lindo… Poco a poco iban cerrando los ojos y acercando sus labios hasta que los juntaron en un tierno beso que iba cogiendo fuerza hasta convertirse en uno apasionado. Mientras se producía una guerra de lenguas, las manos de Daniel iban recorriendo el cuerpo de Emily. Lentamente y con suavidad iban bajando hasta detenerse un momento en su trasero. Después, descendían amenazando con levantar su falda. Lo que a Emily le produjo un leve escalofrío.

-Para.- Dijo ella con un hilo de voz tembloroso.

-¿Qué pasa?

-Es que…- Su nerviosismo iba en aumento.

-Hey tranquila, no pasa nada. Si no quieres no lo haremos.

-No es que no quiera… Es solo que me da miedo.

-Bueno, no te preocupes. Si no estás preparada no voy a obligarte, no tengo prisa ¿vale?

-Gracias…

-Venga, vamos con los demás.

Sin volver a sacar el tema siguieron pasándolo bien, bailando, bebiendo, charlando los unos con los otros… La música acompañaba muy bien el momento, era muy animada y estaba bastante alta. Todo iba bien pero de un momento a otro el ánimo de Daniel cambió.

-Hey amor ¿qué ocurre?

-Nada… no es nada.

-¿Estás seguro?- Daniel tardó en contestar, tenía la mirada perdida.

-No lo sé… Ven quiero hablar contigo.-Emily empezó a preocuparse. Él la llevó en silencio a la parte trasera de la casa donde había un pequeño columpio para dos y se sentaron en él.

-¿Qué pasa? –Emily rompió el silencio

-¿Hay algo que deba saber?

-¿A qué te refieres?

-¿Pensaste que no iba a enterarme?

-No sé de qué me hablas Daniel.

-Alguien me ha dicho que te vieron hace poco con otro chico.

-¡Eso no es verdad! ¡Yo no sería capaz! ¿Quién te ha dicho tal cosa?

-Eso no importa. Permíteme que no te crea.

-Ha sido Alba ¿verdad?

-¡¿Qué más da eso?!

-Que no entiendo cómo puedes confiar en ella más que en mí. Sabes de sobra que me odia por estar contigo. ¡Quiere separarnos!

-¿Y si no miente? Yo no estoy aquí para saber con quién andas y si lo que me dices es verdad.

-¡Miente! No puedo creer que de verdad estés diciendo esto. Pensaba que confiabas en mí.

-Lo hacía y quizás ese fuera el problema. Entiéndeme, la distancia no lo hace más fácil.

-Entonces das por hecho que miento.

-No lo sé.

-Eres un idiota…

-No empecemos.

-Es que es verdad. Siempre soy yo la tonta que confía en todo lo que dices y que nunca te pone en duda y ahora vas tú y a la primera de cambio…

-¿Y que me asegura a mí que no me estás haciendo el papel?

-Mira ¡vete a la mierda!- Emily le dio la espalda con intención de irse pero su comentario la detuvo.

-¡Muy bien me mandas a la mierda y ya tienes total libertad para seguir liándote con los tíos que te dé la gana!

-No sabes lo que dices… Se acabó. Yo no te he engañado pero ahora sí que es verdad que voy a hacer lo que me dé la gana.

-¡Pues vale! Yo haré lo mismo.

-¡Que te jodan!

Emily estaba más cabreada que nunca pero poco a poco la rabia se fue convirtiendo en dolor y tristeza. No podía creer lo que acababa de ocurrir. No quería que nadie lo supiera así que se encerró en el baño y rompió a llorar. Se arrepentía de haber terminado así la pelea pero ya no había marcha atrás. ¿Todo iba a terminar así?

Cuando se tranquilizó un poco, la ira volvió. Decidió poner en práctica lo que le había dicho. Ahora iba a hacer lo que le diera la gana. Ahora iba a echarla de menos. Sin pensarlo dos veces se retocó el maquillaje y volvió a la fiesta. Siguió bailando con los chicos a la vez que bebía alcohol. Decidió ir más lejos y se puso a bailar con Pablo, al cual, pareció que le gustaba la forma en la que Emily movía sus caderas. Daniel la observaba desde la lejanía con furia en sus ojos, lo que a Emily le encantó y la motivó a seguir. Tanto ella como Pablo estaban lo suficientemente bebidos para preocuparse de a quien le dolía ver esa imagen. Bailaban y bebían sin parar lo que causó que se acabaran pasando de la raya. Sin darse cuenta ya se estaban liando. No eran conscientes de la situación hasta que Daniel los separó. Seguidamente y sin decir nada el puño de Daniel acabo en la cara de Pablo.

-¡¿Cómo te atreves?!

-¡Daniel déjalo! Tú y yo no somos nada.

-¡Yo no soy nada para ti, tu para mí lo eres todo!- Sin dejar que respondiera se fue. Emily quedó en shock. De repente, su borrachera había desaparecido y se maldecía una y otra vez por haber hecho eso. Pablo, al igual que ella, se arrepentía de lo ocurrido. Había fallado a su mejor amigo, el cual debía estar destrozado.

Cuando Emily decidió ir a buscar a Daniel, este ya no estaba en la fiesta. Ya era demasiado tarde. “¿Qué voy a hacer ahora?” Se preguntaba Emily. Ahora sí que la había cagado.

Capítulo 5 – Te diré un secreto…

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-¿Por qué lo hemos hecho? – Se preguntaban Pablo y Emily. Fueron unos irresponsables. Emily por dejarse llevar por sus impulsos y Pablo por no saber decir “no”. En menudo lio se habían metido. No paraban de pensar en cuál sería el siguiente paso. ¿Cómo se arregla un corazón hecho trizas? No bastaría con una simple disculpa, el daño ya estaba hecho.

Daniel estaba frente a Emily. Su expresión transmitía el dolor de siete ardientes punzadas en el corazón al mismo tiempo. Ella le arrancó el corazón, literalmente hablando. Lo observaba. Lo apretaba sintiendo como la sangre corría entre sus dedos. Ella no quería, aquella escena la estaba destrozando pero no era capaz de controlar sus movimientos. Apretaba cada vez con más fuerza el corazón de la persona a la que tanto amaba. A la vez que lo hacía, observaba al chico como se estremecía de dolor. Era una escena triste y aterradora. Daniel acabó en el suelo, inerte. Emily sintió un profundo vacío, el mundo se le vino encima. Sentía la necesidad de llorar mares pero no podía, seguía sin poder controlar sus movimientos. ¡Qué impotencia! Empezó a girarse hacia su izquierda y se observó por un momento frente a un espejo, sonreía maliciosamente…Entonces despertó. Fue una pesadilla, una perturbadora pesadilla.

No podía aguantar mas, necesitaba aclarar todo lo que pasó. Lamentablemente no podría ser cara a cara ya que ellos ya se habían marchado, asi que, decidio hacerlo a través de una llamada telefónica. Tras intentarlo tres veces se rindió, se ve que en ese momento no quería hablar con ella. Pasadas un par de horas volvió a intentarlo. Esta vez encontró respuesta.

-¿Qué?- Emily se sintió algo incomoda al escucharle, esperaba un “Hola” como poco.

-Eh… Daniel yo… -Suspiró -Quería pedirte disculpas… Estoy tan arrepentida…

-Acepto tus disculpas –Contestó secamente.

-Ah ¿si? Quiero decir… eso me alivia pero… aceptas así… ¿Tan fácil?

-Guardarte rencor no va a hacer que volvamos al pasado.

-Bueno… ¿y qué pasa con Pablo?

-Ya he hablado con él. Ninguna chica es tan importante como para que discutamos- Eso le sentó como un jarro de agua fría. ¿Quería decir eso que ella no era importante para él?

-Me alegra que os llevéis bien…

-De todas formas estabais en vuestro derecho. Hemos terminado ¿no? Sois libres… ¿Querias decirme algo más?

-No… Eso es todo.

-Está bien. Adiós. -Y sin dejarla despedirse colgó.

-Adios… -Dijo en un suspiro. Esto estaba pasando. Se había ido. Ya no volvería a estar entre sus brazos. –Soy una estúpida. Dije que no volvería a enamorarme ¿Por qué tuve que traicionar mis principios? Me lo merezco… Nunca hago nada a derechas. Entonces se acabó de verdad…

Sí, así es el amor. Los primeros días es algo maravillosos, lo malo viene después. Es algo perfectamente imperfecto pero, como una cita muy famosa dice: “A veces el pasado puede doler… pero puedes huir o aprender de él”

-Entonces ¿qué pasará ahora entre Emily y tú? –Preguntaba Pablo.

-Nada, reharemos nuestras vidas por separado.

-¿Y ya está?

-¿Qué?

-¿No te importa?

-Claro que me importa, es imposible que deje de quererla de un día para otro. Ya la olvidaré… si ella no era la indicada tarde o temprano lo sabré.

-Tú sabrás lo que haces…

Pasaban días, semanas, meses y en la vida de Daniel todo seguía igual… o casi todo. En los últimos días había estado saliendo con una chica, Aina. Esta había estado enamorada de Daniel desde los doce años y contando que ahora tenían dieciocho es mucho tiempo. Él nunca le había prestado atención pero por cansina acabo haciéndolo. Era una chica más extrovertida de lo que parecía y muy mona. Su personalidad era muy noble.

Se les veía muy bien juntos, parecía que él había sentado la cabeza. Tenían una relación muy normal, paseando de aquí para allá, invitándose a comer, regalitos tiernos… pero nada de fiestas. Ella las odiaba, pensaba que eran una excusa para emborracharse y perder el tiempo. Daniel no estaba de acuerdo pero por su chica hacía lo que fuese.

-Hey Daniel ¿Vendrás a la fiesta de Fede?- Preguntó Pablo

-Creo que paso.

-Pero ¿Por qué…? Es su cumpleaños y además, sus fiestas son increíbles. Casa junto a la playa… su pista de skate… y encima viene un Dj, no puedes decir que no.

-Ya… es que a Aina ya sabes que no le gustan ese tipo de fiestas.

-Pues que no venga.

-No puedo dejarla plantada, ella no lo haría.

-¿Prefieres ir con ella a tomar un heladito de fresa y ver como se hace la manicura?

-Simplemente no voy a dejarla sola. Ella ha hecho mucho por mí.

-¿Enserio? Vuestra relación da asco… Y ¿Qué ha hecho por ti? ¿Hacerte olvidar a Emily? Ella molaba más.

-Emily ya no está. –Su tono empezaba a sonar cabreado.

-Emily no te apartaba de tus amigos. Joder, abre los ojos. Ya no eres el de siempre.

-Tú no lo entiendes

-Pues no, no entiendo que prefieras seguir engañándote a ti mismo. La sigues queriendo y lo sabes.

-¡¿Qué dices?! ¡Ni por asomo!

-Claro por eso es que aun guardas la pulsera que te regaló.

-Pero eso es porque… -Sonaba nervioso.

-La quieres –Pablo sustituyó su expresión seria por una victoriosa, daba por hecho que había descubierto a Daniel.

-Eres un imbécil.

-¡Ja! ¡Tenía razón!

-Que bien eh –Dijo con tono irónico. –Bueno… ¿y qué quieres que haga ahora?

-Recupérala.

-Como si fuera tan fácil…

-Lo es. La semana que viene vuelves a su ciudad ¿no? Habla con ella. –Daniel suspiró, no estaba seguro de si eso era una buena idea pero sabía que su amigo tenía razón y no seguiría negando la evidencia.

Llegó el día en el que la vería. Era un viernes por la tarde y había vacaciones por semana santa. Seguramente habría salido con sus amigas, así que, probablemente se la encontraría. Tenía cierta ilusión por verla, si ella sentía lo mismo podrían intentarlo de nuevo. No pudo hacerlo en toda la tarde pero por suerte sabía a qué hora solía recogerse, así que, decidió esperarla cerca de su casa a esa hora. Por suerte, así fue como la encontró. Emily avanzaba hacia él evitando su mirada y pretendía seguir adelante sin dirigirle la palabra.

-Emily espera, por favor. – El muchacho la cogió de la mano.

-¿Qué quieres?

-Solo hablar contigo… si me das la oportunidad.

-Habla.

-No me gustó como acabó todo. Creo que no me esforcé lo suficiente por seguir juntos. Entendí tu error, bueno… más bien me obligué a entenderlo. Tenía la esperanza de que cuando me llamaste siguieras sintiendo algo pero me dio la impresión de que no y finalmente tiré la toalla… Nunca me he arrepentido tanto de algo. Intenté olvidarte y me engañé a mí mismo pero como puedes comprobar… no lo conseguí. Te sigo queriendo… y me está costando decirte todo esto pero me ayudaría que dijeras algo…

-Cuando te llame seguía queriéndote y lo sigo haciendo pero me dejaste claro que no era tan importante para ti como para luchar, así que, yo también tiré la toalla. Ahora no pretendas que volvamos como si nada.

-Sí eres importante para mí, no quería dar a entender lo contrario… Las palabras no son lo mío. Yo estoy dispuesto a olvidar el pasado por ti y jamás te haré daño.

-No es tan fácil ¿Sabes? Por aquí las cosas han cambiado, yo he cambiado. No creo que te guste ahora… – Lo cierto es que la vida de Emily no había sido tan fácil desde que cortaron. Perdió a sus padres en un accidente y desde entonces tuvo que aprender a cuidarse de sí misma, de golpe. Vivía con sus hermanos mayores pero ya no era lo mismo… La pérdida de las personas que le habían enseñado a amar fue un golpe muy duro y más si ya no tenía el apoyo de Daniel. Poco después del accidente, la economía de la familia empezó a caer en picado, deudas por todos lados. Lo peor es que ella no era la única que sufría, le dolía todo lo ocurrido pero más dolía ver sufrir a sus demás familiares. Emily reaccionó a todo eso encerrándose en su propio mundo, pensó que sería mejor sufrir en soledad y eso acabo destruyéndola interiormente… y físicamente. No encontraba consuelo en sus lágrimas y tampoco quería molestar a sus dos únicas amigas desahogándose una y otra vez. Finalmente acabó encontrando otro modo de desahogo… Se cortaba. Le daba miedo que pensaran que era por llamar la atención así que hacía todo lo posible por ocultarlo. También usaba este método como castigo por todos y cada uno de los errores que había cometido. Ella pensaba que si Daniel llegaba a enterarse de todo eso acabaría pensando que estaba enferma. – Tampoco creo que me tengas tanta estima como antes…

-No tengo idea de que es lo que te ha podido hacer cambiar pero estoy dispuesto a conocerte de nuevo y estoy seguro de que podré amar todas y cada una de tus imperfecciones. Te diré un secreto…Nadie es perfecto.

-No sé, no creo que sea una buena idea. Gracias por intentarlo. – Emily le dio la espalda dispuesta a irse pero Daniel no había tenido los cojones para tener esa conversación y luego dejarla ir. La volvió a coger de la mano atrayéndola hacia él y sin más dilación la besó como tiempo atrás hacían. No tenía claro si funcionaria pero tenía que intentarlo. Ella le siguió el beso.

-¿Esto es un “volvemos”?

-Esto es un “me lo pensaré”

Capítulo 6 – Las barbies son odiosas

Los monstruos de su mente desaparecieron cuando la luz salió por una puerta entreabierta. Los monstruos eran su tristeza y esa puerta una gran sonrisa. Esa sonrisa solo significaba una cosa, había vuelto a notar la cicatriz que cupido dejó en su piel. Dicho esto, el tiempo que ella le había pedido era tan solo una forma de negar lo evidente.

Al día siguiente del reencuentro volvieron a quedar junto con los demás chicos y chicas que Emily conoció. Fueron a casa de Noa. Tenían planeado ver una película y después lo que surgiera.

Llevaban sin ver a Emily mucho tiempo, así que, en cuanto llegó empezaron a ponerse al día de los sucesos que habían ocurrido en su ausencia, incluyendo la gran catástrofe en la que su vida se había convertido. Obviamente, ocultó ciertos detalles escabrosos. Las reacciones fueron variadas. Caras de pena, incredulidad o indiferencia como la de Alba. Sin duda alguna había quedado constancia de que la chica odiaba a Emily.

El pequeño grupo estaba decidiendo que película iban a ver cuándo, por sorpresa, Alba quiso dedicarles unas palabras a Emily.

-Bueno…Emily… Sé que no empezamos con buen pie pero siempre podremos hacer borrón y cuenta nueva. Ahora que no tienes a nadie puedes confiar en mí, podemos ser amigas ¿no crees?

-No, paso. De hecho, lo que estás diciendo, no te lo crees ni tú.

-Pero ¿por qué?- preguntó sorprendida, una expresión bastante forzada. Emily se limitó a dedicarle una sonrisa irónica. Antes de que Alba pudiera responder o, más bien, atacar Izan interrumpió para dar comienzo a la película. Habían elegido “Siempre a tu lado” una historia sobre un perrito fiel. Pasada la hora y media, la película terminó y se sentaron alrededor de una mesita de café. Noa y Martina estaban dándolo todo cantando, Izan fue a la cocina a por aperitivos, Daniel y Hugo se pusieron a jugar a las cartas y Alba simplemente observaba. Emily quería unirse a Noa y a Martina pero le daba demasiada vergüenza, así que, optó por ayudar a Izan a traer los aperitivos.

-¿Vais a volver?- Le preguntó Izan cuando ya estuvieron a solas.

-Emm… pues no lo sé.

-Todo depende de ti. No sé qué le has hecho pero le haces falta.

– Ah ¿sí?

-Cuando estáis juntos está más animado, igual que tú. –Dicho esto abandonó la cocina.

-Cuando estamos juntos nos volvemos tontamente felices- Se dijo para sí misma.

Cuando volvió al salón se encontró con que Izan le había quitado su sitio y ahora el único que quedaba libre era junto a Alba lo cual sería una forma fácil de empezar una tonta guerra. Daniel le llamó la atención y le hizo un gesto para que se sentara en el mismo sitio donde él estaba. Emily se lo pensó un poco pero pronto accedió. Él se encontraba con las piernas abiertas entre las que Emily se sentaría siendo abrazada por detrás. Aquel puff se había convertido en el sillón más cómodo de la sala. Daniel la invitó a jugar pero ella no sabía, así que, él le iba indicando las reglas dulcemente en su oído. Tenía una sugerente voz profunda y a la vez aterciopelada. Su voz, sentir su aliento tan cerca de su cuello y ese acento catalán que a veces se le escapaba la estaba volviendo loca. Tenía miedo de bajar la guardia y que en cualquier momento dejara de pensar en las consecuencias y se lanzara a besarle. En realidad, la partida les daba igual a los dos. Ellos lo que querían era disfrutar de su mutua compañía.

Cuando terminaron de jugar, Emily se unió a Noa y Martina que ahora discutían sobre gustos musicales. Alba aprovechó que Daniel estaba libre e imitó la posición en la que anteriormente se encontraban Emily y él con toda la cara. Finalmente, Alba acabó de bruces contra el suelo al ser apartada como un bicho por Daniel. Este hecho causó grandes carcajadas a todos los allí presentes y, como era de esperar, aumentó la ira de Alba que acabó peleándose con Daniel.

El día terminó bien y el siguiente fue mejor. Volvieron a organizar una fiesta en la casa de campo, la cual, tenía una piscina que al estar terminando la primavera todavía estaba sucia.

Aún no había mucho ambiente, no habían llegado todos y todavía no había música. Hablaban los unos con los otros animadamente. Otros, por el contrario, flirteaban. Este era el caso de Alba y Daniel. Naturalmente, Emily, se cabreó aunque quiso hacer ver como que le ignoraba y le era indiferente. Alba no le soltaba y Emily empezaba a deprimirse, estaba deseando que llegara el momento en el que pudiera ir a hablar con él o tan si quiera que le prestara algo de atención pero, no lo conseguía. Tras unos minutos, Alba se acercó a Emily que caminaba por el borde de la piscina.

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-¡Emily! Perdona que te moleste.

-Como no.

-Bueno… Me preguntaba si te importa que ahora sea yo la que salga con Daniel. Ya sé que es una regla de amigas, el ex es sagrado. Esta vez haré la excepción ¿vale…amiga?

-Eres una zorra –Emily fulminaba con la mirada a Alba.

-¿Perdona? ¡Atrévete a repetirlo!- Mientras hablaba con su voz chillona hacia aspavientos con las manos, en plan negra del Bronx.

-¡¿Es que no tienes oídos, Stacy Malibú?! Pírate.

-¿Qué me pire? ¿En qué idioma hablas?

-Encima de rubia es tonta…- Susurró – En el de chunga, que te vayas.- Emily le señalaba el camino por donde había venido.

-Eso de tonta me ha dolido. Ahora vas a ver. – Alba se acercaba amenazadoramente a Emily que al ver sus intenciones se apartó y Alba ocupó el lugar que quería que Emily ocupara…en la piscina nadando entre mugre, hojas y zapateros. Alba al ver que iba a caer sujetó la mano de Emily que perdió el equilibrio pero, tuvo la suerte de que Izan estaba lo suficientemente cerca para sujetarla y evitar que acompañara a la “Poni loca”. Todos comenzaron a reír excepto Emily que estaba ocupada suspirando por lo que se había librado. Por supuesto, después se rio en la cara de Alba todo lo que quiso.

-¿Qué ha pasado?- Preguntó Daniel.

-Qué te lo explique la Barbie sirena.- contestó Emily caminando hacia donde estaba llegando la gente y por fin comenzó a sonar la música.

Pasadas un par de horas todos se divertían excepto Daniel que de un momento a otro le cambio la cara y de inmediato se acercó a Martina y a Emily que estaban bailando.

-Vaya… ¿Por qué traes esa cara?- Le preguntó Martina.

-¿Recuerdas lo que paso con Logan?

-Sí ¿Por qué?

-Está aquí. Emily, no quiero que te acerques a ese tío-Dijo mirándola fijamente y a la vez señalando a un chico que estaba bastante ebrio.

-¿Y qué pasa si lo hago?

-No lo hagas.

-¿Ahora también me das ordenes?

-Daniel tiene razón, es peligroso. El año pasado le acusaron de intento de violación por dos veces.-Intervino Martina.

-Estarás de broma.-Contesto Emily incrédula.

-No, así que, voy a buscar a Hugo. Hazme el favor y no te separes de Daniel mientras ese tío ronde por aquí y más si está borracho como una cuba.-Martina confió en que no le llevara la contraria y se fue.

-Ya la has oído.-Dijo Daniel.

-Se cuidar de mi misma.- Se dio media vuelta con intención de marcharse.

-Vale pero quédate.

-No.

-¿Qué te pasa? Llevas evitándome todo el día.

-Nada, déjame.

-¡¿Se puede saber a dónde vas?!

-¡Al baño! ¿También vas a acompañarme?- Volvió a darle la espalda y esta vez sí que consiguió salirse con la suya. –Que pesaditos, son unos dramas Queens. –se decía a si misma mientras caminaba hacia el baño. Por suerte o por desgracia no había nadie alrededor que pudiera molestar pidiendo entrar, así que, cuando salió de allí se encontró de golpe con el supuesto violador que había decidido refrescarse para bajar la borrachera. Le pareció mejor idea molestar a Emily. Solo decía tonterías e intentaba forzarla, ella estaba muy asustada, gritaba y empujaba al chico para que la dejara pero no lo conseguía. Por suerte Daniel que no se desentendió de ella apareció pronto y comenzó a pelear con el chico. De repente toda la gente que estaba en la fiesta se acumuló allí para ver la pelea. Emily les gritaba para que pararan pero ellos no atendían. La cosa se puso más fea cuando Logan cogió una botella de vidrio y la partió amenazando con clavársela a Daniel y en cuanto lo hizo, algunos chicos, se acercaron para retenerlo y zanjar el asunto. La angustia terminó. Ya no había peligro.

-¿Ves lo que pasa cuando no me haces caso? ¿Qué hubiera pasado si no llego a venir? –Daniel hablaba con un tono elevado, estaba muy agitado.

-Yo… lo siento. No pensé que fuera tan evidente…-Emily se excusaba mirando al suelo, todavía le duraba el susto por lo que el chico podría haberle hecho a ella y por lo que podría haberle hecho a él. Daniel se percató de que estaba siendo demasiado duro.

-¿Por qué te empeñas en llevarme la contraria?- Esta vez su tono era calmado. Emily levantó la vista.

-Estás sangrando.

Los dos fueron a la cocina para curarle la herida que tenía en la ceja. Solo podría desinfectarla pero algo es algo. Daniel ponía muecas de dolor cada vez que Emily pasaba un algodón mojado en alcohol por su herida.

-Perdona.-Se disculpaba ella al verlo.

-Podrías tener más delicadeza- bromeó.

-Podría hacértelo tu novia.- Daniel se sorprendió con el comentario.

-¿Tengo? Se supone que lo más parecido a una novia ya me lo está haciendo.-Emily se detuvo.

-¿Qué? ¿Y Alba?

-No pensaras de verdad que estamos…

-Eso dijo ella.

-¡¿Qué?! ¡Es mentira! Y tú vas y te lo crees.

-Cualquiera diría que no viendo como hablabais antes.

-Tonta… lo hacía por ver la cara que ponías. –Emily le dio un manotazo en el brazo.

-¡Idiota!

-Vale me lo merezco. –Lo acompañó con una leve risotada a lo que Emily no pudo evitar responder con una sonrisa. –Es que no vuelves conmigo…-Puso una cara de cachorrito y ella rio.

-Tienes que ganártelo.

-Te he salvado la vida.

-Exagerado…

-Te he salvado ¿sí o no?

-Bueno pero… vale, tu ganas.- ¿Para qué alargar más el proceso? No iba a esperar más para hacer lo que estaba deseando, besarle. Oficialmente, ese beso era un “volvemos”

Capítulo 7 – Imposible

-Bueno… Se hace tarde y tengo que volver a casa.

-Pero es pronto.

-Eso díselo a mis hermanos.

-Preséntamelos

-Tú estás loco… ¿Sabes que me matarían si supieran de lo nuestro?

-No tienen por qué saberlo- Daniel le agarraba las manos, parecía muy interesado en convencerla. –Simplemente diremos que somos amigos.-Emily reía.

-Ya claro, con lo disimulado que eres no se iban a dar cuenta.

-¡Venga ya! Podría ganarme la vida como actor.

-Sí y yo como monja. Anda y vete ya…

-No quiero. –Él tiró de ella separándola del coche donde estaba apoyada y dejándole lo más cerca que podía de él.

-No hagas esto más difícil…

-Voy a estar dos meses sin verte, no puedo irme sin más.

-No me lo recuerdes, se me va a hacer eterno.

-Y a mí, Canell.-Emily sonrió al escuchar la última palabra. Recordó la primera vez que se la dijo.

-¿Cuándo supiste que yo te gustaba?

-Digamos que desde el primer día.

-¡Eso es imposible!

-¿Por qué? ¿Acaso no crees en el amor a primera vista?

-Creo en la tontería a primera vista. No puedes saber que esa persona es para ti con una sola mirada.

-Eso es porque no miras con los ojos adecuados.

-Wow, mi novio es todo un poeta.- Los dos reían a la vez que se perdían en sus miradas.

-Te quiero. –Entonces dio lugar al beso más verdadero que habían tenido.

¿Cuánto eres capaz de aguantar sin respirar? Apenas segundos ¿verdad? Y lo que sientes cuando no puedes más, cuando te ahogas… Es tan angustioso que sería capaz de suplicar por una bocanada. Pues justo eso es lo que se siente cuando mueres por estar con la persona a la que amas y cuando resulta que esta está a kilómetros de ti y que probablemente tardes muchísimo en volver a ver, quien sabe si lo volverás a hacer.

Así se sentía Emily tras pasar un mes y medio sin él. Podría vivir con ello si al menos hablaran a través de redes sociales pero, desde hacía dos semanas no recibía respuesta alguna de él.

-¿Me habrá cambiado por otra?- Pensaba Emily – Podría decírmelo al menos… ¿Y si le ha pasado algo? No… Pablo me lo habría dicho.

Los días seguían pasando y el móvil de Emily no había sonado ni una sola vez. Empezaba a ser desesperante y eso se notaba en su actitud por lo que en los últimos días había tenido más de una discusión con la gente de su alrededor. Tenía que hacer algo.

-No puede hablar contigo.- Contestaba Pablo a la desesperada pregunta de Emily.

-Eso ya lo veo pero ¿Por qué?

-Resulta que su padre vio una de vuestras conversaciones y digamos que no reaccionó muy bien, por lo visto odia a la gente de tu pueblo.

-Y a su propio hijo… ¿Por qué no nos dejan vivir tranquilos?- Ella no podía estar más decepcionada.

-Lo siento… Por ahora le han quitado tanto el móvil como el PC así que será difícil que contactéis.

-¿Y sabes cuándo volverá?

-En realidad no creo que lo haga, al menos eso ha dicho su padre. –Palabras que se clavan como cuchillos

-¿¡Qué!? ¿Qué se supone que debo hacer yo ahora?

-No lo sé, Emily… ¿De verdad merece la pena seguir así? Sinceramente pienso que sería más fácil que encontréis a alguien que viva cerca de vosotros. Esto es mataros interiormente.

-Sí, sería más fácil. El caso es que la dificultad no me importa si yo le amo y sin él sí que moriría. No quiero que suene exagerado pero es lo que siento. Simplemente no conozco nadie como él. – A través del altavoz sonaba el suspiro de Pablo.

-Tiene suerte de tenerte. Espero que podáis estar juntos algún día.

-Algún día. Dile que le esperaré.

Esos dos meses que iban a estar separados se convirtieron en cuatro. Estaban a punto de tirar la toalla pero nada ni nadie es capaz de separar algo tan intenso. Si el destino así lo quería, volverían a encontrarse. Y así ocurrió.

Cuando los hermanos de Emily se quedaban dormidos, ella aprovechaba para salir de casa y encontrarse con Daniel cuando él viajaba allí. En frente de su casa había tan solo un edificio y detrás de este un muro. Solían verse allí.

Emily volvía a casa después de haber pasado la tarde con sus amigas y al pasar por aquel lugar allí estaba él.

-¿Daniel?- Él estaba apoyado en un coche mirando su teléfono móvil y al oír su nombre levantó la cabeza pero la euforia de Emily apenas le dejó reaccionar, ya que, en dos segundos la tenía entre sus brazos.

-Hey, tranquila. Yo también me alegro mucho de verte pero no hace falta que suene la alarma del coche.

-Perdona es que… ya pensaba que no volvería a verte.

-Lo sé – El acariciaba su pelo. –No tuve otra opción.

-Pero ¿cómo pasó?

-Mi padre cogió mi ordenador para yo que sé qué cosa y vio por error una de nuestras conversaciones. Al darse cuenta de que estamos juntos se cabreó porque piensa que los noviazgos a esta edad son únicamente para dejar errores con chupete y mucho peor que seas de este pueblo.

-Es injusto. Él no me conoce para pensar mal de mí.

-No importa, ya no se interpondrá.

-¿Y eso?

-Ya tengo casi 18 años. Tengo derecho a vivir mi vida sin llevarme tortazos por su parte, además, mi primo está dispuesto a traerme cuando no trabaje.

-¡Genial entonces! Por fin podremos estar tranquilos. Prométeme que no habrá más obstáculos y que podremos respirar.

-Te lo prometo.

-Enserio, no quiero más complicaciones.

-Cállate y bésame ya tonta.

Este podría ser el final feliz de la historia. El amor vence la distancia, solo hay una pega: En la vida real no hay finales felices o tristes. Simplemente hay finales en las distintas etapas de nuestra vida y esta fue una de ellas pero, como se suele decir: la vida sigue. Y la vida siguió.

El teléfono móvil de Daniel vibraba. Era un mensaje. Él pensaba que sería de Emily o algún amigo que quisiera quedar aprovechando que estaba en el pueblo. Para su sorpresa el mensaje era anónimo y lo que en él ponía era para cortar la respiración:

Enhorabuena!!! Es una noticia muy buena! Bueno… quizás no tan buena para ti. Me refiero a eso de que vas a ser padre. La verdad tiene que ser un asco perder la juventud, pobre Emily. Espero que no te importe su futura celulitis. Bueno, siempre podrás dejarla y quitarte responsabilidades… Eso queda en tu mano. Claro que vete tú a saber si el hijo es tuyo. Suerte, guapo.

Sin dudar respondió:

¿Quién eres? ¿Qué dices? Emily no está embarazada, es imposible. Y si así fuera jamás la dejaría. Se valiente y di quien eres.

Respuesta anónima:

Emily si lo está. Solo que no es tuyo, HAHAHAHA pobre. Cornudo.

Daniel decidió no seguirle el juego aunque ya se hacía a la idea de quien era, solo Alba le llamaba “guapo” y se reía con la “h”. Aunque como es natural, Daniel empezó a dudar por lo que quedó con Emily para hablar cara a cara.

-Y bien ¿que querías decirme?

-Sonará demasiado directo pero… ¿Eres virgen? –Emily abrió los ojos como platos.

-¡¿A qué viene esto?!

-Solo contesta.

-Sí, lo soy. Pero que…

-¿Por qué dicen que estás embarazada?

-¿Lo estoy? Joder, alguien sabe más de mi vida que yo misma.- Daniel guardaba silencio, tan solo la observaba con incredulidad. – ¡¿Cómo puedes ponerlo en duda?!

-No sé, es que cuatro meses sin vernos…

-¿Quién te ha dicho eso?

-Era anónimo pero creo que es Alba.

-Y tú eres idiota. ¿De verdad te la crees? ¡Sabes cuantas veces ha intentado separarnos!

-Buena vale ya está, no te pongas así.

-Es que me duele, Daniel. Siempre confío en ti ciegamente y a la mínima de cambio tú me pones en duda. ¿Acaso sospechas algo? ¡Dime de verdad que piensas!

-No te pongo en duda es solo que quiero que me digas la verdad. Te fuiste con Pablo en cuanto nos peleamos ¿Qué te impediría engañarme ahora?

-Estaba borracha, eso ya quedó zanjado. Ahora es distinto, sabes lo que siento por ti y sabes que aunque quisiera no sería capaz.

-No se…-Hubo un silencio incómodo.

-¿Por qué nos hacemos esto?- Los ojos de Emily empezaban a cristalizarse.

-Hey, ya está. No pasa nada. –Daniel la abrazaba intentando quitarle importancia al asunto. – No le demos más importancia. Lo olvidaremos.

-No… no podemos olvidarlo porque cada vez que aparezca un nuevo problema volveremos a recordar los anteriores y será peor. Estoy cansada, no quiero seguir así.

-Te prometo que no los recordaremos, de verdad.

-Ya, también me prometiste que no habría más obstáculos y mira ahora… Esto tiene que acabar.

-¿A qué te refieres con eso?

-Me refiero a que tiene que llegar a su fin, cortar por lo sano.

-No, podemos intentarlo otra vez.

-¿No te das cuenta? Todo son complicaciones que nos matan lentamente. Tu padre, Alba, las dudas, la distancia, los celos…

-Lo sé pero no me quiero rendir, no contigo.

-Lo siento pero yo ya me he rendido… -Con lágrimas en los ojos ella le dio la espalda.

-¡Emily, espera! No me creo que quieras dejarlo sin más. –Ella se dio la vuelta para decir las últimas palabras y le tomó de las manos.

-No quiero dejarlo, te sigo amando pero es lo mejor para los dos. Quiero que conozcas a alguien que te de lo que yo no puedo, seguridad, cercanía, estabilidad… Quiero que seas feliz.

-Sin ti no, por favor. –Sus manos se escurrían entre las de él para dar el adiós definitivo.

-Olvídame Daniel.

-¿Esto es un adiós?

-Un hasta nunca… -Las lágrimas precipitaban por las mejillas de Emily. Vista al frente y paso firme. No mirar atrás es el truco.

-¡Joder! –Daniel con impotencia pateó la rueda de un coche arrepintiéndose de todo lo dicho. Ya no hay vuelta atrás.

………………..*…………………

-No me mires así, por favor. –Le pedía Emily a Katerina después de contarle lo sucedido con Daniel.

-Es que es muy fuerte. A ver, lo primero ¿Por qué dicen que estás embarazada?

-Y yo que sé, parece que soy el objeto de diversión de alguien.

-Y segundo ¡¿Estabas fumada cuando cortaste?!

-¡Venga ya! No estoy para bromas.- las dos suspiraron quedándose en silencio unos segundos.

-¿estas segura de esto?

-No lo sé… estoy muy confusa. No le he dejado de querer pero… No creo que tengamos futuro.

-Emily, si aún amas a una persona no vivirás tranquila y tendrás ese remordimiento hasta que hables con él y se solucionen las cosas. Así también veras si en verdad lo que sientes sigue persistiendo porque puede que al hablar con él pienses que era una falsa alarma y no sintieras lo mismo.

-Tengo claro que no es una falsa alarma pero, han sido tantos problemas que no hemos sabido superar… es algo imposible.

-Imposible no es nada. Si ignoras la oportunidad de hablar con el vivirás con el remordimiento de no estar con la persona que amas… o al menos haberlo intentado hasta el último esfuerzo.

-¿Y si ese último esfuerzo ya está hecho y ves que sigue igual de mal?

-No está hecho. No tenéis estabilidad ni sabéis comprenderos, os enfadáis por todo.

-Exacto, por eso pienso que otra persona podría aportarle lo que yo no: esa estabilidad, seguridad y comprensión. Lo que no supimos darnos.

-Quizás no. Eso es aprender y antes de hacerlo tirasteis la toalla.- Emily guardaba silencio. Probablemente aquella conversación la dejó aún más confusa pero su cabezonería era mayor y el pensamiento de que, al menos él, podría ser más feliz con otra persona se hacía más grande.

La decisión estaba tomada, no había marcha atrás en la cabeza de Emily. Quizás fuera un error pero solo el tiempo podría asegurarlo y ver si la herida seguía sangrando. Y siguieron pasando las horas, los días, las semanas, los meses… Entonces llegó el invierno y con él la navidad. Época de alegrías generales. El mar de su alma estaba en calma después de contar cada luna. Pocas cosas habían ocurrido en aquel tiempo, lo normal. Poco le importaba a Emily el pasado, había aprendido a valorar más el presente, lo que la ayudó a superar sus baches.

Veinticuatro de Diciembre, Noche buena. Emily recordaba esa fecha con ilusión. Siempre le había gustado la navidad, claro que ¿a que niño no le gustaba? Aquel año era distinto, aquel año faltaban muchas personas importantes de su vida y ya no era tan inocente.

Aquella noche tenía una cena familiar. Con pesadez fue arreglándose lo mejor que pudo, quería verse bien por una noche. Cogió de su armario un vestido negro ajustado con la espalda al aire, unos zapatos de tacón del mismo color y unos pendientes de aro plateados. Se recogió el pelo en un moño en forma de donut y se maquilló. La imagen era perfecta, no estaba acostumbraba a arreglarse por lo que era algo nuevo para ella.

El camino hacia el lugar donde cenarían fue en coche con una canción comercial de fondo. Empezaba a llover y el frio de la noche se hacía muy molesto. Emily bajó del coche un poco despistada, no conocía muy bien el lugar, así que, buscaba con la mirada algún sitio donde refugiarse de la lluvia hasta que sus hermanos volvieran de aparcar y le indicaran hacia dónde ir. Se puso bajo un balcón. Estaba tranquila hasta que un olor le llamó la atención, sin duda era de alguien fumando algún porro. Con disimulo miró para ver quién era, la mayor sorpresa de la noche. Ahí estaba el chico, sentado en un escalón con un porro en la mano. Lentamente el joven levantó la mirada del suelo hasta Emily recorriéndola de arriba abajo y deteniéndose en sus ojos. Sin duda se trataba de Daniel. Lo que sintió… sería incapaz de describirlo. Era algo así como que el corazón se le cayó al suelo y sintió como se congelaba. Entonces sus hermanos aparecieron y le hicieron caminar hasta donde cenarían. Esa fue la última vez que lo vio.

No era capaz de imaginar que fue lo que sintió Daniel al verla. En realidad no sabía que significaba su mirada, estaba como perdida. Quizás la había olvidado o le guardaba rencor o simplemente sentía lo mismo que ella. Lo que estaba claro era que los dos lo habían aceptado y que esa historia que fue la mejor de sus vidas había terminado. Quién sabe si para siempre o era el final de una etapa más de sus vidas. Solo el tiempo lo dirá y una cosa era segura: Su corazón siempre estaría a kilómetros de aquí.

Recuerdos Equivocados

CAPITULO 1

Dicen que las mejores historias comienzan por casualidad, no se si podría decir que mi historia fue la mejor pero, si que fue interesante. No recuerdo en que momento comenzó exactamente, solo se que todo cambió de repente, en un segundo todo cambió de un color a otro totalmente distinto, de ser izquierda paso a ser derecha y de ir hacia arriba comenzó a ir hacia abajo con unos cuantos stops por el camino.

¿Como comienzan las historias? ¿Con un viaje? ¿Una mudanza? ¿Con una nueva persona en la vida del protagonista? ¿Con un nuevo corte de pelo? La mía comenzó sin más.

Vivía una rutina continua. De casa al instituto, del instituto a casa… y de vez en cuando un paseo o algún recado que hacer. No es que tuviera muchas opciones donde elegir. No era una persona muy popular, es mas, era prácticamente invisible o visible para según que cosas.

El caso es que un día volví del instituto. Para mí, volver de allí era como esconderse en una cueva esperando como un lobo a que la tormenta pasara y poder salir a intentar seguir sobreviviendo a las adversidades. Volver de allí era como olvidar todo lo de fuera, como si el silencio y yo misma fuésemos uno solo. Así me sentía, un poquito sola y aburrida de tanta rutina.

Aquel día por la tarde me puse a ver un par de vídeos de una vloger, mas o menos como siempre. También dicen que para que las cosas cambien tienes que empezar a cambiar tu misma, así que, me dije a mi misma ¿Por qué no? Cerré el PC y busqué algo diferente que hacer, pero no se me ocurría nada. Subí a mi habitación; estaba como siempre, aunque, tampoco es que tuviera muchas cosas para que pudiese estar desordenada. Me senté en el filo de la cama y justo en frente de mí vi mis zapatillas deportivas y pensé que sería una buena idea salir a correr. Siempre me había gustado el deporte así que ¿Por qué no dedicarle un poco de tiempo a algo que me gusta? Sin pensarlo dos veces me las puse y salí disparada.

Apenas había gente por la calle y eso me gustaba, siempre he sido algo solitaria y la verdad creo que así me va mejor que si no lo fuera. Así no podré encariñarme con mucha gente que a los días se olvide de mi nombre, ni podré desilusionarme cuando escuche críticas hacia mi persona provenientes de alguien que conozca pero, que no tenga mucho tiempo de hablar conmigo.

Como iba diciendo, no había mucha gente por lo tanto estaba tranquila. Iba fijándome en cada fachada, en cada esquina y en cada cosa que veía. Eran las mismas calles de siempre así que tampoco me impresionaba nada. Me metí por algunos callejones que no solía frecuentar hasta que llegué a un lugar que no había visto nunca, es curioso, donde vivía tampoco era muy grande para que alguna calle se me escapara.

Era una cuesta arenosa y algo estrecha, rodeada de casas de dos plantas muy blancas. Decidí subirla corriendo y a la mitad ya me pesaban las piernas, estaba algo empinada. Al llegar hasta arriba estaba medio muerta, ya llevaba largo rato corriendo y sumándole el esfuerzo de la cuesta ya iba pesando.

Al doblar la esquina había algo precioso. Era un lago enorme del cual no se veía el final y a su izquierda había una torre de estilo medieval. El paisaje sumado con la luz del atardecer y las hojas del otoño caídas que daban paso a la primavera era increíble, ponía el vello de punta. Me preguntaba porqué nunca nadie me había hablado de aquel lugar si tanta belleza natural derrochaba. Supongo que todos estarían más ocupados mirándose al espejo y quejándose por su físico destrozado por tanto maquillaje.

Me acerqué un poco a la orilla del lago y vi que entre este y la torre había un camino muy estrecho escondido por los helechos medio deshojados que volvían a florecer. Pasé con mucho cuidado, vigilando cada piedra que mis pies tocaban, no sería nada divertido caerme al agua que suponía que estaría helada.

Por fin, había llegado al final de ese estrecho camino y me volví a impresionar. Era la parte trasera de la torre que me suponía que sería un pedazo de la antigua muralla que rodeaba mi pueblo. Desde allí, se veía una gran montaña con muchas casas tan blancas como las nubes que asemejan al algodón, separadas entre sí por árboles bien verdes. En ese momento decidí que aquel lugar lo volvería a visitar mas de una vez.

Pensé que ya no habría tanta rutina, ya no tendría que estar encerrada en casa, ya tenía mi lugar favorito.

CAPITULO 2

Y es verdad, algo cambio, parece una tontería pero en aquel lugar podía evadirme de todo pero, no era mas que una nueva rutina algo distinta a la anterior. La televisión seguía dándole más importancia a la vida de alguna celebridad antes que a los problemas sociales o a alguna investigación científica, los problemas económicos eran latentes en casi todas las familias y la música que más se oye seguía siendo denigrante.

A partir de aquello no se si todo empezó a ir a mejor o a peor… Para empezar ya apenas paseaba con mis amigas, la verdad, prefería estar sentada en la parte trasera de la torre pensando, leyendo, dibujando algo o cantando lo primero que se me venía a la cabeza. Me parecía mucho más interesante. A veces, sí paseaba con mis amigos por recordar las tardes que pasábamos pero, ya nada era igual. El tiempo pasa y la gente cambia o tan solo empiezan a encontrar su verdadera personalidad. Crecer es algo triste a lo que te tienes que acostumbrar y aprender que ya no es como te lo pintaban, no puedes cambiar el mundo o provocar la paz mundial, ya no puedes pedirle un deseo a las velas de tu sexto cumpleaños. Ya nada es tan fácil como pedirle a tu mamá que te ayude con un problema de matemáticas. Ahora eres mayor y tienes que vivir una realidad, la que te toque vivir. A veces, no es tan malo solo que tienes que pillarle el truco.

Era consciente de que me estaba alejando de casi todas las personas a las que he querido, tampoco me aportaban demasiado, tenia que admitirlo. No se, sola tampoco se está tan mal ¿no?

Me volví a equivocar…

Cada vez se hacía más duro, necesitaba sonreír o sentir que alguien iba a estar ahí siempre pero nadie, nadie se quedó para preguntarme porqué me alejaba. Se limitaron a seguir con sus vidas. Hacía como que me importaba poco. Era más fácil engañarme a mi misma que aceptar la realidad. Pasaba de todo.

Seguí con mi nueva rutina, aquel lugar me gustaba cada vez más. Seguía sin entender porqué estaba tan solitario aunque tampoco quería que eso cambiara. Pero como es natural, basta con que quieras algo para que no se cumpla.

Una tarde me disponía a ir a mi lugar pero mi madre me detuvo. Empezó a regañarme diciendo que no pasaba tiempo en casa, que parecía que sentía asco hacia mi familia y como siempre empecé a cabrearme hasta que la cagué y me castigó. La gracia es que se pensaba que pasaba las tardes con mis amigas ¿Que amigas?

Yo siempre me salia con la mía, así que, cuando llegó la noche y supe que todos dormían, aproveché y me fui al lago.

Apenas se veía, estaba muy oscuro pero valía la pena estar allí. Era luna llena y se reflejaba en el lago, también se podían oír los grillos. El ambiente me dejó medio hipnotizada durante un rato, se estaba a gusto en la orilla del lago pero, prefería la parte trasera de la torre, tenia algo mágico.

Como siempre, me senté allí como esperando a que pasara algo.

– Genial, siempre molestando- Era la voz de un chico, estaba tan oscuro que no sabia donde estaba.
-¿Qué?- me sobresalté
-Lo que oyes, no me dejas estar solo.
-¿Pero qué dices? ¿Dónde estás?- Empezaba a mosquearme.
El chico apareció por el caminillo de helechos, se acercaba a mí.
-Era la única persona que venía aquí hasta que llegaste y empezaste a molestar. Venía todas las tardes pero como siempre estabas aquí empecé a venir por la noche y ahora también estas aquí.
-Perdona pero creo que no eres el dueño de este lugar ¿De qué vas?
-Perdonada, ya te puedes ir.
-¡No voy a irme!
-¿Estás segura?
-Muy segura
-Muy bien tu lo has querido.
-Ah ¿Si? Y ¿Qué vas a hacerme?
Sin mediar palabra aquel idiota me cogió como si fuera un saco de patatas. Yo le gritaba pidiendo que me bajara e insultándole pero, no me hizo caso y acabé nadando con los peces del lago. No he pasado tanta vergüenza en toda mi vida, he de admitir que me dejó por los suelos. Estaba tan cabreada que pensaba salir de allí y darle a palos pero estaba tan avergonzada que me puse nerviosa y mientras salía de allí no paraba de tropezarme con las piedras del fondo del lago, a lo que él no paraba de descojonarse.

-¡Así aprenderás a no llevarme la contraria!- dijo el chico en tono burlón.
-¡Te odio! ¡En cuanto salga de aquí…!
-Primero a ver si sales – me interrumpió sin parar de reír. – Estás graciosísima ahí chapoteando, debería grabarlo.

Entonces sacó su teléfono móvil y empezó a grabar. Yo en un último impulso conseguí salir de allí, temblando por el frío. Conseguía escupirle algunos insultos entre el castañeo de mis dientes mientras me dirigía a él para darle de ostias.

-Insúltame cuanto quieras pero sabes que si me conocieras te enamorarías de mí- dijo quitándose su chaqueta y justo cuando le di un golpe en el pecho me la tendió encima de mis hombros abrazándome.
-No me conoces de nada ¿Cómo te atreves a hacerme esto?- dije totalmente alterada.
-Aveces, hago cosas sin pensar.
-¿Y siempre eres tan idiota?

Se limitó a emitir una leve carcajada mientras me frotaba los brazos para entrar en calor.

CAPITULO 3

Vuelve a sonar el despertador, 6.00 a.m. Vuelta al instituto, menudo asco. Cogí una camiseta simple y negra metida por dentro de unos pantalones vaqueros claros y cortos con medias negras, unos botines y una rebeca de punto larga. Aquel día estaba muy resfriada por culpa del estúpido de la noche anterior.

Me dirigí al instituto con las mismas ganas de siempre, aquel día no saludé a nadie, no tenía ganas porque seguramente Nina se me acercaría para echarme la bronca por escaquearme de nuevo de salir con ella y las demás. Me fui a mi sitio ligera y evitando miradas pero no funcionó, ya estaba ahí la pesada de Nina con su cara de enfurecida. La conversación terminó rápido, tampoco es que le contestara en repetidas ocasiones, solo me limitaba a asentir.

Las horas se me pasaban tan terriblemente lentas que en cuanto pude hice pellas. Necesitaba tumbarme, no podía más con mi constipado pero mi madre me mataría si viera que no estaba en el instituto, así que, no me quedó otra que volver al lago.

Mientras caminaba iba pensando en que pasaría si el chico volvía a estar allí, ¿se le volverían a cruzar los cables? Y si eso pasaba, ¿que haría esta vez, tirarme desde lo alto de la torre? Pasase lo que pasase no se iba a quedar por encima de mí, aquello que me hizo tenía que devolvérselo.

Estaba subiendo la cuesta que llevaba al lago con un sol cálido que daba directo en la nuca, la verdad, se estaba muy a gusto. Tenía los cascos puestos con la música a un volumen considerablemente alto, me encantaba caminar escuchando High Hopes de Kodaline.

Creí haber escuchado a alguien detrás de mí, así que, pausé la música para comprobarlo disimuladamente.

-¡Oye! ¿Es que no me escuchas? Te estaba chistando

Era el chico de anoche, sentí un frío en el estomago que me recorrió todo el cuerpo.

-Tenía la música puesta.- contesté.
-Wow, ¿que te ha pasado en la voz?
-¡Por tu culpa me he resfriado!- El rompió a carcajadas
– Lo siento, es que fue tan gracioso verte en el agua chapoteando…
-¡Graciosísimo! Por cierto, borra el vídeo- Le dije dándole la espalda.
-Jamás-Se detuvo
-¡Atrévete a enviarlo una sola vez y te juro que…!- dije acercándome desafiante.
-¿Qué?- me interrumpió- ¿Vas a hacerme lo mismo que yo te hice?
-O peor
-¿Peor?
-Te tiraré desde la torre.
-No eres capaz.
-¿Qué te juegas?
-Psicópata.
-Lo sé- Me di la vuelta y me dirigí a sentarme en la parte trasera de la torre.

Segundos más tarde él se sentó a mi lado mientras fumaba.

-¿Por qué vienes aquí?
-No se
-¡Venga ya! Algún motivo tendrás ¿no?- No quise contestar, no me gusta mostrar lo que siento y el motivo por el que iba allí es por lo que me hacía sentir. El suspiró decepcionado por no encontrar respuesta.
– Y tú… ¿Por qué vienes?
-Si te soy sincero, vengo porque es el único lugar al que no viene nadie.
-¿Estás renegado?
-Supongo.- Hubo un silencio, pero no fue incomodo- En realidad, odio a casi todo el mundo. La única persona que me inspira confianza es mi abuela y porque me cuidó siempre desde que mis padres me abandonaron, tampoco tengo demasiado amigos, así que, por el vídeo puedes estar tranquila, no tengo a quien enviarlo.
-Vaya… Lo siento. Yo…- Cogí aire- A mí me pasa mas o menos lo mismo.
-Me da la impresión de que me quieres contar algo más…
-Si… Bueno… La verdad nunca me ha gustado decir como me siento y cuando quiero hacerlo… me cuesta.
-Hazlo, te escucharé. Puedes confiar en mí.
-Me tiras al lago ¿y debo confiar en ti?- reímos.
-Venga.
-Vengo porque este lugar hace que me olvide de todo. De que mi familia pasa de mi, de que mis “amigos” hacen más de lo mismo, de mi pasado… Todo.
– ¿Tú pasado?
-Es complicado, nunca he tenido una vida fácil. De pequeña tuve que soportar las borracheras de mi padre en mi propia carne… ya sabes…En la escuela no tenía muchos amigos, solo una, los demás me hacían novatadas. Críos…Desde entonces, me suelo alejar de quién me importa.
-Es entendible…Entonces, somos dos antisociales- bromeó
-Básicamente.- Reí.

Se tumbó con los brazos detrás de la cabeza y volvimos a quedarnos en silencio un buen rato, disfrutando del ambiente y de la belleza de las vistas. Aunque la noche anterior fue un imbécil, me estaba cayendo bien. Después de todo era atento, me dejó su chaqueta.

-¿Sabes? -Rompió el hielo- Hay otra persona en la que confío.
-¿Quién es?- dije tumbándome a su lado boca abajo y apoyándome sobre mis antebrazos.
-Tu -Me miró- No se porqué, ya se que apenas te conozco pero… No se, es algo raro.
-Entiendo, a mi me pasa igual contigo -Sonreímos. Era la primera vez en mucho tiempo que sonreía con ganas, me salió sola. Me gustó.- Tengo que irme ya.- dije levantándome.
-¿Cuándo volverás?
-Supongo que cada tarde, si no me vuelven a castigar.
-¿Nos veremos?
-Si quieres…- Me di la vuelta y empecé a alejarme.

CAPITULO 4

Pasaron tres meses volando, los tres meses más entretenidos de toda mi vida. Aunque empezamos con mal pie, el chico, llamado Oscar, me demostró que todavía se puede confiar en alguien. Pasamos casi todas las tardes juntos en aquel lugar, se convirtió en mi mejor amigo, mi único amigo. Me daba miedo que al final lo acabara apartando de mí como hacia siempre con quien me importaba como acabé haciendo con mis amigas, con Nina… Eso ya era pasado.

Últimos días de clase, era la recta final. Aunque sí, la había cagado, había estado suspendiendo la mitad del curso. Siempre me había importado mucho mi futuro e intentaba sacar buenas notas pero, supongo que eso era lo que mi madre quería. Al final me di cuenta de que no me gustaba ninguna carrera y tampoco me molesté en buscar una alternativa ni para conformarme. Mandé los estudios a la mierda pero por lo menos tenia que terminar la enseñanza secundaria obligatoria para poder dejarlos de una vez. Mi madre seguía molesta conmigo por mi pasotismo y todo eran discusiones, estaba harta. Intenté aprobar las asignaturas pero aun así tenia asumido que algunas tendría que recuperarlas en septiembre. Oscar por otra parte ya tenia sacado el bachillerato pero lo dejó ahí, no quiso seguir.

Un día más volvió a sonar el despertador, iba medio arrastras. Tenia insomnio desde hacia mucho tiempo pero esas últimas semanas estaba empeorando ya que, lo acompañaban pesadillas muy extrañas. Suponía que venían influenciadas por mi situación en el instituto, estaba totalmente marginada aunque, a veces, Oscar venia a visitarme a la hora del almuerzo.

Aquel día transcurría normal. Las barbies seguían siendo barbies, los chicos seguían ligando mediantes estuchazos en la cabeza, el maestro de literatura seguía durmiendo en clase y yo seguía pasando las horas dibujando en mi cuaderno.

El maestro de ingles faltó y todos hicieron sus grupitos de siempre y comenzaron a hablar. El más imbécil de la clase pasó por mi lado y me tiró el cuaderno donde estaba dibujando el lago que tanto me gustaba.

-Uy, vaya perdona, que torpe soy.- dijo cogiendo mi cuaderno
-A ver si controlas de una vez el retraso y miras por donde vas- le contesté levantándome de mi asiento.
-Vaya pero ¿que tenemos aquí? Un paisaje, que conmovedor. Pensaba que tu eras más de dibujar personas muertas, chicas llorando en un rincón, muñecas cortadas… ¿que se yo? cosas de marginadas sociales.- Ese comentario me cabreó tanto que de un golpe le tiré la libreta al suelo y le di un puñetazo en la mandíbula.
-¡Vuelve a tocarme los ovarios y acabas en el hospital, payaso!- Todos se voltearon sorprendidos y el maestro de guardia me reprendió y me llevó al despacho del director donde me comunicaron que al día siguiente estaría expulsada. En cierto modo me alegré, no tendría que verle la cara por un día, por otra parte, al llegar a casa mi madre me degollaría pero para eso aun faltaban tres horas y media.

Era la hora del almuerzo y me senté donde siempre, un poyete que había al lado de la puerta de salida. Me gustaba sentarme allí para leer, solía haber buena luz y no pasaba mucha gente que pudiera molestar con sus estúpidas conversaciones. Una chica de mi clase a la que nunca le presté mucha atención se me acercó. Era la típica empollona que se escondía detrás de sus libros y que nunca hablaba con nadie.

-¡Hola! ¿Qué lees?- dijo sentándose a mi lado con una sonrisa
-Es una novela policiaca…- contesté un poco confusa, no imaginaba que esa chica se atreviera a hablarle a cualquier persona del instituto.
La chica levantó el libro para poder ver el título. -Ah, sí. He oído hablar de ella, parece interesante.
-Si… Oye ¿qué es lo que quieres? No creo que hayas venido para hablar de libros.
-Me has pillado, he visto como te peleabas con ese animal ¿Sabes que le dará igual que seas una chica? No le importa nada, ira a por ti. Le has dejado totalmente en ridículo.
-Solo se lo he devuelto, además, no me da miedo. Se defenderme perfectamente yo solita.
-¿Eso crees? No has visto su ultima víctima. Se pasó un montón de tiempo ridiculizándola delante de todos y el día en que explotó a llorar en público, agobiada por su maltrato psicológico, él le dio una paliza. A partir de ahí, la chica empezó a cortarse las muñecas e intentó suicidarse
-¿Como sabes todo eso?
-Su víctima fue mi hermana – No supe que decir, me sorprendió mucho- Desde entonces he hablado con toda la gente a la que le gustaría vengarse de él y solo nos faltas tu.
-¿Yo? ¿Qué vais a hacer?
-Vamos a hacer que desee su propia muerte
– Oye- Dije levantándome – Siento lo que le pasó a tu hermana pero a mi eso no va a ocurrirme, no pienso formar parte de vuestra secta.
-Esta bien, si cambias de opinión…- me dedicó una sonrisa diabólica, me provocó escalofríos. No me pareció correcta la venganza ¿Quién somos nosotros para decidir quien debe morir? Se que a veces eso suena bien cuando estamos cegados por el odio pero no es ni ético ni moral. El karma es quien se encarga de las venganzas. Aunque, la verdad, creo que el karma se ríe de mi. Nunca había hecho su trabajo con las personas que me hicieron daño. Bueno, excepto con mi padre que fue demasiado drástico, le calló una viga en la cabeza y murió. De igual manera no pensaba formar parte de eso.

Aquella tarde mi madre casi me mata cuando me vio, se ve que la llamaron por teléfono para comunicarle lo de mi expulsión y cuando llegué se puso hecha una fiera. Ella me regañaba a la par que yo le explicaba porqué pegué a aquel chico pero no me escuchaba y yo ya me estaba cabreando. Di por imposible la comunicación con ella y salí corriendo hacia el lago. Me provocaba mucha impotencia mi relación con ella. Yo siempre quise tener la familia que todos los chicos de mi clase tenían. Una familia feliz, de esas que viajan en verano, con una madre de esas que te escuchan cuando tienes un problema y a la que le cuentas como te ha ido el día. No se parecía ni por asomo.

No pude evitar llegar llorando al lago, Oscar todavía no había llegado. Intenté desahogarme todo lo que pude para que cuando él llegara no me pillara pero, llegó antes de lo que esperaba. Al verme se preocupó y empezó a preguntarme que me pasaba, yo me sequé las lágrimas e intenté que pensara que no estaba llorando pero, no funcionó. Él insistió pero a mi no me salían las palabras y optó por abrazarme. Cuando me tranquilicé le conté todo, lo de esta mañana y los problemas con mi madre. Él me consoló. Pasamos un rato en silencio.

-No te estoy regañando pero no deberías de haberte peleado con ese chico. Conozco su historial y la empollona tenia razón, es un animal.
-¿En serio? No me va a pasar nada, se defenderme.
-Lo se pero no puedo evitar preocuparme, si llama a sus amigos no saldrás muy bien parada.
-De todas formas no hay marcha atrás.
-¿Cuántos días te quedan de instituto?
-Una semana.
-Iré a recogerte a la salida.
-No hace falta, no te preocupes.
-Si no quieres que me preocupe déjame que vaya y si se atreve a tocarte…
-Vale, vale. Solo te pido que no busques pelea.
-No lo haré.

CAPITULO 5

El día de mi expulsión fue realmente aburrido, mi madre me tuvo limpiando la casa toda la mañana y para colmo no me dejo salir por la tarde ya que me obligó a ir con ella a visitar a unos familiares. No eran muy cercanos así que estaba bastante tímida pero, por suerte le prestaban mas atención a mi madre. No paraba de imaginar que estaba en el lago con Oscar, si estuviera allí seguramente estaría escuchando las locuras que se le pasaban por la cabeza, bromeando o simplemente estaríamos en silencio disfrutando del ambiente. Parecía que estuviera allí, hasta podía oler los periquitos que crecían en el caminillo estrecho.

-Carla… ¿Carla?… Oye linda, baja a la tierra.
-eh… ah… lo siento, ¿decías tita?- me devolvió de nuevo a la realidad
-Nada, solo que se te veía perdida en tus pensamientos ¿Te encuentras bien?
-Si, claro.
-¿En que pensabas, querida?
-En nada, solo que debería estar en otro lugar.
-Vaya Carla, que maleducada. Vas a hacer pensar a tu tía que te molesta visitarla. Pareciera que no te he enseñado modales, hija- y en cierto modo era así, me molestaba estar en aquella casa aunque, mi tía no tenia la culpa.
-Lo siento…-Fingí que me importaba.
-Nada, mujer. Es una adolescente, es normal que prefiera estar con sus amigas ¿No es así, cielo?

Me limité a sonreír, tenía miedo de que si era demasiado sincera, mi madre, acabara castigándome otra vez.

Por la noche, volví al lago. No esperaba que Oscar estuviera allí pero por lo menos estaría un rato tomando el aire. Respiré hondo un par de veces, en aquel lugar se sentía paz. Me tumbé un rato mirando las estrellas, desde allí se veían muy bien, ya que, la luz del pueblo no molestaba. Estaba cansada por el día tan ajetreado que tuve, así que, sin darme cuenta me quedé dormida. Solo pasaron diez minutos cuando me desperté. Me daba pena volver ya a casa por lo que intenté aguantar un poco más. Empecé a jugar con la arenisca que había donde estaba sentada removiéndola lentamente con mi dedo índice. Empezaba a aburrirme, se estaba realmente a gusto pero sin Oscar no era lo mismo. Ese chorlito lo hacía diferente. Decidí volver a casa.

Al día siguiente ya podía volver a la escuela. No fue divertido, es más, fue horroroso. Al llegar se me quedaron todos observando entre risas. Me extrañó pero no quería tomarle la menor importancia. Nina, al verme, corrió hacia mi.

-Carla, siento mucho lo que ha pasado. Intenté que nadie lo viera pero se me fue de las manos…
-¿A qué te refieres?
-¿No te has enterado? El chico con el que te peleaste puso fotos tuyas editadas por todo el instituto. Quité todas las que vi pero ya era tarde. Lo siento mucho, de verdad.
-Lo que me faltaba, se ve que el puñetazo no le dejó bien claro que me dejara en paz.-Me irrité bastante.
-¿Que harás?
-No puedo hacer nada… si me expulsan otra vez me harán repetir curso.

Estaba angustiada, no me gustaban las atenciones y menos por ese motivo. Supuse que si lo ignoraba acabaría olvidándose de mi. Me equivocaba. Ese día fueron unas simples fotos, después fueron rumores perversos, hasta me quemaron con un cigarrillo. Yo no podía seguir callando y se lo conté a Oscar que enfureció como si se lo hubiesen hecho a él mismo. Solo quedaba un día de clase y todo habría acabado. Llegué viva a la hora del almuerzo y todavía no me habían hecho nada. Volví a sentarme en mi lugar de siempre. Aquel día, Oscar vino a pasar esa media hora conmigo.

-Oscar ¿que haces aquí?- Le dije sorprendida pues le avisé de que no se le ocurriera aparecer porque sabía que acabaría metiéndose en líos.
-Yo también me alegro de verte.-Bromeó
-Te dije que no vinieras.- Y sin dejar que él me respondiera el chico que me estaba haciendo esos días imposibles apareció.

-Hola, compañera. ¿Que tal tus últimos días? De clase, digo.
-¿Como te atreves a dirigirme la palabra?- Su existencia era motivo suficiente para cabrearme.
-Solo he venido a ver si te arrepientes del numerito del Lunes.
-¿De que vas?-Oscar intercedió- ¿Te crees muy listo? Tendré que enseñarte a tratar con señoritas- Estaba realmente enojado.
-Tu quieres pelea. No sabes quien soy.
-Si lo se, un retrasado.
-Me estás cabreando, mejor vete y dejame terminar lo que he venido a hacer.
-Cabréate, no te voy a dejar ni que la mires de tan hinchados que te dejaré los ojos.- Oscar empezaba a remangarse las mangas de su camisa.
-Parad ya. Aquí nadie va a pelear con nadie.- Grité. Los chicos no quisieron escucharme y empezaron a pelear, yo asustada llamé a un profesor para que los separara. Los dos acabaron con algunos moratones, a Oscar lo echaron a la calle y al otro le suspendieron el curso.

El resto del día lo pasé preocupada por Oscar pero al menos ya no volvieron a tocarme. Esa semana fue un caos, mi dignidad era inexistente y encima habían dañado a la persona que más me importaba en esos momentos. Luchaba para que las lágrimas no asomaran en lo que me quedaba de clase y cuando el timbre sonó fui derecha al lago. Cuando llegué me quedé parada allí de pie, estaba aturdida. Él estaba allí, se le notaba en la cara que aun estaba enojado. En cuanto lo vi ya no pude más, rompí a llorar y él enseguida fue a abrazarme.
-Te dije que no fueras- le dije entre sollozos.
-Si no hubiese ido quizás las heridas que yo tengo las tendrías tu.
-¿Y que más da? Ya estoy rota por dentro.
-No te mereces nada de esto, no iba a dejar que siguiera haciéndote daño.- Él acariciaba mi pelo mientras yo lloraba con la cara escondida en su pecho. Cuando me calmé nos sentamos donde siempre.
-Ven aquí- me dijo haciéndome una seña para que apoyara mi cabeza en su hombro, lo hice y él me pasó su brazo por detrás.
-¿Qué hago para que te sientas mejor?
-Nada.
-¿Qué te tire otra vez al lago?
-¡No! ¡Ni se te ocurra!- le dije sobresaltada apartándome de él.-Mejor te tiro yo. Aun te tengo que devolver lo que me hiciste.
-Nah, no puedo darte ese placer. Mejor te vuelvo a tirar.
– ¡Que no, te digo!
– Está bien- dijo alargando las palabras a modo de resignación. Él se acercó al borde del lago mirando al frente, me pareció el momento perfecto para mi venganza, así que, me levanté corriendo y le di un empujón a la par que me cogía de la mano arrastrándome con él. Acabamos los dos en el agua y él casi se ahoga, pero de la risa.

-¿Lo has hecho a propósito?- Le dije enfadada.
-¿Yo? Para nada- Seguía riéndose.
-¡Eres un mentiroso!- Empecé a lanzarle agua a la cara para que dejara de reír.
-Venga ya, no me digas que no te ha gustado. Hace calor, esto viene de perlas- dijo muy convencido.
-Pero no de esta forma, el vestido era nuevo…- dije como si fuera una niña pequeña.
-Una pena para ti… y una alegría para mi.- Puso una sonrisa pícara.
-¿Alegría? ¿Qué tiene de alegre?
-Que se te transparenta todo.-Yo no me di cuenta hasta que lo dijo y me volví a sumergir en el agua de manera que solo se me viera la cara aunque, si no fuera porque tenía que respirar también la habría metido bajo el agua. Sentía mucha vergüenza y notaba como las mejillas se me ruborizaban. Él comenzó a reír a carcajada limpia.
-No tiene gracia ¿Cómo esperas que vaya hasta mi casa así?
-Pues o te sales ya y te quitas el vestido hasta que se seque aquí- Volvió a sonreír te forma pícara- o te vas y algún pervertido te violará por ir provocativa.
-Que sepas que te odio.
-Sabes que no- Él rió y a mi se me escapó una sonrisa- Y te he hecho sentir bien- añadió satisfecho.

Al final tuve que quitarme el vestido y dejar que se secara ya que tenía la seguridad de que nadie mas vendría y, además, le prohibí mirar aunque, más de una vez se daba la vuelta para picarme y hacerme sonrojar. Él tuvo que hacer lo mismo pero le dio igual que le viera.

Aunque la situación me daba mucha vergüenza, he de admitir que me divirtió. Además las vistas de aquel lugar mejoraron, su cuerpo no estaba nada mal. Su piel era morena y tenía los músculos algo marcados. ¿Pero que hacía fijándome en esas cosas? Era mi amigo y pensar eso hacía que la situación fuese mas incomoda de lo que ya era. En cuanto las prendas se secaron nos las pusimos y se sentó a mi lado encendiendo uno de sus cigarrillos.

-¿Quieres?
-¿Ya quieres llevarme por la mala vida?- Reímos y nos quedamos en silencio por un momento.
-¿En que piensas?
-Aun no entiendo como tuviste el valor de enfrentarte a ese chico.
-El corazón tiene razones que la razón desconoce- No apartaba la mirada del frente.
-¿A que te refieres?- pregunté confundida, no podía ser, no podía referirse a amar.
-Eh… Bueno, pues… que aveces, hay que estar loco para hacer ciertas cosas.
-¿Y que tiene que ver el corazón con eso?
-Creo que está claro…-Me miró justo a los ojos, era una mirada distinta a las de siempre.-Me gustas.
Dios no podía ser, no podía haber pronunciado esas palabras. No me lo esperaba.
-Pero… Somos amigos…- Aveces, llegaba a ser tan inocente… Tenía mi felicidad delante de mis narices y no se me ocurrió otra cosa que decir.
-Lo se-contesto rápidamente- No podía callármelo más y si tu no sientes lo mismo lo entenderé, espero que esto no cambie nada entre nosotros. Mejor me voy ya. Nos vemos- se le notaba nervioso y ni siquiera me dejó responderle pero ¿qué iba a decir? Ni siquiera tenía palabras, nunca me había parado a pensar en eso y de repente se me vinieron a la cabeza muchos momentos que había pasado con él. El día que nos conocimos, el momento en el que se convirtió en la persona mas importante para mí, las veces que decía cualquier tontería para hacerme reír cuando me veía triste, ese interés y seguridad característico que tenía cada vez que me contaba algo, las cosas que pasaron aquel día… Ahora estaba más confundida que nunca, no sabía si lo que sentía era gratitud, cariño o algo más… Tendría que pensarlo muy a fondo.

CAPITULO 6

Sábado por la mañana, me despertó “I’ll never forget you” de Birdy, proveniente de la alarma. Eran las 10. Dejé que siguiera sonando. Esa canción hacía que me relajara mucho y realmente lo necesitaba, esa noche no dormí nada pensando en lo que Oscar me confesó y en todo lo que en esos días estaba pasando. No sabía que hacer, tenía ganas de verle pero sería incomodo pues, él estaría esperando una respuesta y yo no sabía que decirle. Decidí no ir al lago aquella tarde, necesitaba aclararme.

En ese momento se me vino a la cabeza una persona, Nina. Ella siempre me ayudaba en todo pero… ya no teníamos la misma confianza ya que nos habíamos distanciado. Lo cierto es que la echaba de menos, ella siempre hacía que me sintiera mejor. Después de pensarlo le hablé por Whatsapp.

-Hola, Nina. Hace mucho tiempo
que no hablamos, siento haberme
distanciado ¿Que tal te va?
-¡Hola, Carla! Me alegra que me hables.
Me va bien, gracias por preguntar ¿Qué tal
tu?
-Bien, te echaba de menos ¿Qué
haces?
-Yo también a ti. Acabo de ver las noticias
estarás contenta con lo que ha salido ¿no?
-No las he visto, ¿qué ha salido?
-El chico que se metió contigo ha
desaparecido.
– ¿En serio? No estoy contenta
aunque lo odie mucho.
-Lo se, tonta. Era una broma 😉 Tengo que
irme, prométeme que seguiremos en
contacto.
-Claro, volveré a hablarte más
a menudo.
-Así me gusta. Hasta pronto, te quiero.
– Adiós, te quiero.

Me quedé con ganas de contarle mil cosas pero ya habría tiempo. La noticia que me dio me extrañó, en mi pueblo nunca había pasado nada malo aunque él se lo merecía más que nadie. Aquel día me lo pasé dibujando y escuchando música pero, no podía apartar a Oscar de mi mente. Habíamos pasado poco tiempo juntos, unos tres meses pero para mi eran suficientes, me había demostrado muchas cosas. Sabía que era muy buena persona, podía confiar en él y además siempre se preocupó por mi bien estar. No estaba segura de si lo que sentía era amor pero algo me decía que era más que cariño. Al día siguiente le diría lo que sentía.

En cuanto llegaron las seis de la tarde fui al lago, estaba muy nerviosa pero decidida. Él ya debería estar allí, siempre llegaba antes que yo. ¿Cómo empezaría a decirle todo eso? Se me daba muy mal hablar de sentimientos, no era mi fuerte. Llegué, cogí todo el aire que pude y lo solté, fui a donde nos sentábamos siempre y me sorprendí, no estaba. Nunca en tres meses había llegado después de las seis, me volví a extrañar. Supongo que estaría arrepintiéndose de habérmelo confesado, fui tonta al no darme cuenta antes de lo que sentía así podría habérselo dicho el día anterior. Seguro que estaría pensando que no quería volver a hablarle o algo parecido. Me quedé esperándole un rato más pero no vino. Me fui a casa, lo volvería a intentar al día siguiente.

De nuevo, volví al lago a la misma hora y tampoco estaba. Yo ya no podía esperar más para decírselo así que pensé alguna forma original para hacerlo. Se me ocurrió escribírselo en una carta y dejársela en el buzón, así ninguno de los dos pasaríamos tanta vergüenza. Así lo hice, me expliqué lo mejor que pude. Le dejé claro que sentía algo pero que todavía no quería algo serio, no quería ir demasiado rápido y estropearlo todo. Utilicé una buena caligrafía e intenté ser lo más dulce posible. Cuando la tuve escrita le hice un sobre en el que puse su nombre y se la dejé en su buzón. Esperaba que le gustara o al menos le sorprendiera.

Volví a casa y encendí la televisión, estaban echando las noticias y mi pueblo volvió a ser nombrado. Tres adolescentes más desaparecieron, estaban en mi misma clase ¿Qué estaba pasando? Empecé a preocuparme ¿Y si a Oscar también le había pasado algo? Intenté convencerme a mi misma de que no era así. Cené algo y me fui a dormir.

Otra vez, cuando llegó la hora volví al lago. Estaba casi segura de que ya si estaría, tenía tantas ganas de verle… fantaseaba con como sería besarle y me ruborizaba nada más pensarlo. Llegué y sin pensarlo fui detrás de la torre, no estaba. Me desilusioné como nunca y seguí preocupándome, ya estaba siendo raro. Sin él no había motivos para quedarme allí así que volví a casa.

-Carla, en el correo había algo para ti. Se me olvidó decírtelo esta mañana.- Las mariposas volvieron a hacer de las suyas cuando mi madre me entregó un sobre con mi nombre, seguro era Oscar. Corriendo lo abrí para ver que decía y en efecto era de él. Era una poesía inventada por él muy cursi. A cada verso que leía no podía parar de reír, se notaba que no había escrito muchas en su vida. Al final ponía “ Deja de reírte (seguro lo estás haciendo) esta noche te espero en el lago” Empecé a respirar, toda la preocupación que tenía se había esfumado por completo. Era un alivio saber que estaba bien.

En cuanto mi madre se quedó dormida fui al encuentro. Él estaba sentado a la orilla del lago.
-Me tenias preocupada.
-¿Ya me echabas de menos?
-Idiota, quizá sea del revés.-Intentaba que la sonrisa no se me escapara, me había pillado de lleno.
-Pues si, te extrañé. – Me cogió de las manos- Me encantó tu carta, pensaba que no sentías lo mismo y que te distanciarías. No quería presionarte por eso no vine, para darte tu espacio. Te he preparado algo, para cambiar un poco la rutina.
-Sorpréndeme

Sacó una llave de su bolsillo y me llevo de la mano hasta la puerta de la torre. Esta tenía un candado enorme y oxidado.
-¿Cómo has conseguido la llave?- pregunté con sorpresa.
-El ayuntamiento se encargó de cerrar esta puerta y como conozco a una persona que trabaja allí le pedí que me la dejara por una noche.
-Genial- contesté excitada.
Oscar abrió la puerta y me dejó pasar la primera. Él puso la linterna de su móvil con la que pudimos distinguir unas escaleras en forma de caracol, la torre era muy alta. Empezamos a subir poco a poco y en el final había una pequeña entrada que daba al techo de la torre. Oscar me hizo pasar.
-Wow, esto es increíble. Las vistas son magnificas desde aquí.
– Sabía que te gustaría. He traído helados, pensé que quizás te apetecería.- Me señaló una bolsa que traía con él, nos sentamos donde primero pillamos y empezamos a comer mirando el cielo. Se veía hermoso y más estrellado que nunca. Estuvimos hablando de trivialidades largo rato hasta que ya no supimos que más decir y simplemente disfrutamos en silencio de las vistas durante unos minutos.

-¿Vas a comerte eso? – Me señaló mi helado, aun me quedaba la mitad pero ya no podía mas.
-Eres un glotón, toma- reímos y cuando ya se terminó mi helado se quedó observándome, yo empecé a ponerme nerviosa, siempre había perdido la lucha de miradas.- ¿Por qué me miras así?
– Estás diferente.
-¿Diferente, cómo?
-Más bonita, hoy has dejado ver tu sonrisa más que nunca y me encanta. Además, te brillan los ojos-Hizo que me ruborizara, nunca me habían dicho algo así.- Te has puesto colorada- rió.
-Todo es por tu culpa- dije como una niña pequeña mirando al suelo, sentía que si seguía mirándole las mejillas me arderían.
-¿Por mi culpa?- Se hacía el tonto.
-Si, porque me gustas…-Dije en un susurro
-¿Qué has dicho?
-Nada- empecé a ponerme muy nerviosa, él me cogió del mentón para hacer que lo mirase.
-Repítelo, por favor.
-He dicho que me gustas…- Entonces empezó a acercarse lentamente, aun me sostenía la cara. Ya sentía muy cerca sus labios, sentía su respiración y el corazón me iba a mil por hora. Tenia miedo de que lo notara. Rozó sus labios con los mios, cerramos los ojos y acabamos besándonos. Primero fue un beso lento, después puso su mano en mi cintura para atraerme un poco más y ahí el beso se volvió un poco más pasional pero delicado. Se separó un poco. A mi se me quedó cara de boba, él
sonrió. Nos limitamos a quedarnos en silencio, me senté entre sus piernas y él me abrazó por detrás. Hacía un poco de calor pero me daba igual, estaba a gusto. Al fin las cosas empezaban a ir bien, al fin empecé a ser feliz. No quería que eso acabara nunca, parecía un sueño, mi sueño.

CAPITULO 7

Iban pasando los días, los mejores de mi vida. Estar con Oscar era lo mejor que me había pasado. Aveces pensaba: no puede ser, estoy demasiado despierta para que esto esté pasando. Eso me hacía gracia, me estaba volviendo una blanda. Y entonces karma se dio cuenta.

Más chicos de mi instituto fueron desapareciendo, nadie se lo explicaba. De la noche a la mañana ya no estaban, no dejaban rastro. Yo seguí manteniendo el contacto con Nina pero la empecé a notar distante, también desapareció. El día que me enteré de su desaparición me quedé en shock, estaban cayendo todos como moscas ¿Quién sería el siguiente? Parecía una maldición, era exasperante. La policía no daba a basto, era como si la tierra se los hubiera tragado. Y pasó lo que más me temía, Oscar desapareció. Pasó unos días sin aparecer en el lago y al cuarto día fui a su casa. Su madre me contó angustiada que su hijo nunca llegó a casa. El mundo se me cayó a los pies, no estaba y no podía hacer nada para remediarlo.

Volvieron a ser los días vacíos del principio. Cada día volvía a nuestro lugar para ver si aparecía, cada noche un mar de lágrimas y cada mañana me preguntaba para que despertaba.

Era de noche y volvía a tener insomnio, no paraba de dar vueltas. Después de largo rato conseguí dormirme aunque algo me despertó. Creí que habían abierto la puerta de mi habitación. Abrí los ojos muy despacio, me pesaban muchísimo, tenia tanto sueño… Miré hacia la puerta y seguía cerrada, no le di mas importancia y volví a cerrar los ojos.

-Despierta pequeña marmota- al oír eso me asusté mucho, no sabía si estaba delirando o de verdad alguien había hablado. Mire detrás de mí y no me lo podía creer, era él.
-¿Qué haces aquí?- pregunté con sorpresa.
-Llevaba tiempo sin verte ¿no te alegra que esté aquí?
-Mucho pero ¿dónde te habías metido?
-No querrás saberlo.
-¿Por qué?
-Da igual, ven aquí.- Se acercó a mí para besarme pero me aparté.
-No te lo mereces, me tenías preocupada.
-Venga ya ¿más tiempo sin besarte? Cuando lo haga no me acordaré ni de como saben tus labios.
-Esa es la magia- Dije riéndome a la vez que me tumbaba de espaldas a él en los pies de mi cama.
-Eres malvada.- Al terminar de decir eso dejé de escucharle, estaba muy oscuro y no le veía.
-¿Dónde estás?- pregunté con ilusión como si fuera una niña, mirando a cada lado. No encontraba respuesta. Entonces oí su respiración justo detrás de mí. Me abalancé para besarle pero no podía sentirle, era como si de verdad no estuviera ahí- ¿Por qué puedo oírte pero no puedo sentirte?
-Esa es la magia- de repente volví a sentir muchísimo sueño, los ojos se me cerraban solos. Luchaba por seguir despierta pero sin darme cuenta ya estaba dormida. A la mañana siguiente, cuando desperté, le llamé a su móvil pero no lo cogía ¿Había sido un sueño? No, parecía tan real…Hasta que dejé de sentirle. Me senté un momento intentando asimilar lo que había pasado, me convencí de que había sido un sueño.

Decidí dar un paseo para despejarme un poco, me estaba volviendo loca. Fui mas allá del lago. Había árboles y plantas por todas partes, a cada lugar que miraba. Era fácil perderse. Iba tranquila, tenía los cascos puestos escuchando Shelter de Birdy, la verdad el significado me venia genial. Empecé a sentirme extraña, me dolía la cabeza y estaba un poco mareada pero podía aguantarme. Un ruido me sobresaltó, una rama se había partido detrás de mi ¿Eran pasos? Sí, los de Nina.
-¡Nina! ¡Estás bien! ¿Dónde habías estado?
-¿Cuándo te vas a dar cuenta?
-¿De qué?
-Carla, esto es una ilusión.
-Estás loca, deja de bromear.
-No existo. El chico que se metía contigo, los demás chicos del instituto, la empollona…Oscar. Ninguno de ellos existe.
-No tiene gracia Nina, te estás pasando.
-¡Abre los ojos! Tu lo inventaste. Solo somos una proyección de tu imaginación- Al decir eso mi dolor de cabeza y mareo aumentaron, me llevé las manos a la cabeza.
-¡Cállate! ¡Estás mintiendo!
-No.
-Demuéstralo.
-Intenta recordar algo después de la muerte de tu padre.- No podía, mi mente estaba en blanco. Ni tan siquiera podía recordar los últimos días con firmeza. De repente, el bosque desapareció. Ahora estaba en una habitación de hospital. Estaba tumbada en una camilla.
-¿Dónde estoy?- Mi madre estaba a mi lado, atónita.
-Por fin despiertas.- Lágrimas salían de sus ojos- Has estado en coma tanto tiempo…
-¿Por qué? ¿Qué pasó?
-El día que murió tu padre… Él estaba borracho y antes de salir de casa se enfadó muchísimo… La pagó contigo. Mejor evitaré los detalles.- No podía creerlo, todo lo que había vivido era mentira. Nada existió. Lo que yo pensaba que fue mi vida, tan solo fueron recuerdos equivocados ¿Quiénes eran en realidad mis amigos? Y aquél lugar ¿Existía? Había vuelto a nacer, tenía que descubrir todo sobre mi vida, volver a escribir mi historia. Tenía una nueva oportunidad, todo iba a ser diferente… O no…

Esta historia también podréis encontrarla en el siguiente link: http://www.wattpad.com/story/18617306-recuerdos-equivocados
Aquí encontrareis mi perfil de wattpad donde tengo programado la subida de futuras historias. Si os ha gustado esta podéis votarla y comentar si queréis decirme cualquier cosa como una nueva idea, una crítica constructiva para una futura historia o si le habríais puesto un final distinto y cual sería. Gracias por leer.

1º Historia

LA CANCIÓN DE MI VIDA
El mundo se paró en ese instante, mi vida pasó delante de mis ojos en un segundo, miles de sensaciones se apoderaban de mi cuerpo… ¿Qué debo hacer ahora? ¿Cómo termino esta pesadilla? Me resulta algo imposible pues morir no puedo aunque mi alma ya lo esté.
La lluvia acompañaba este momento tan agobiante lo cual hacia que mi agonía aumentara por momentos. Salí corriendo de aquel lugar que apestaba a tristeza y engaño, mis lágrimas quedaban ocultas con la lluvia helada, tan helada como mi corazón y aunque mi boca no dijera nada, mis ojos pedían perdón
Capítulo 1
Mientras me ducho, unas cuantas notas musicales se me vienen a la mente y sin poder evitarlo salen de mi boca creando un ambiente animado y lleno de ilusión, hoy tengo un presentimiento.
No paro de correr de aquí para allá, tengo la primera cita con el chico del que llevo enamorada toda mi vida y voy a llegar tarde, aunque… bueno… Al pensar en él, dejo de oír el tic-tac de mi reloj.
Por fin llego al lugar donde nos encontraríamos y ahí estaba él, llevaba un look moderno aunque muy casual pero aun así se veía muy lindo, su cabello negro no estaba tan alborotado como siempre y eso me gustaba.
Se acercó a mí y sin dejarme mediar palabra me plantó un beso en los labios a modo de saludo; dulce, suave e irresistible sus besos van acorde con su personalidad.
Pasamos la mejor tarde de nuestras vidas, estuvimos paseando en un parque donde el sendero de arena estaba marcado por unos árboles no demasiado altos, me hacía gracia la cara de Ezthan cuando tenía que esquivar las hojas de algún árbol sin podar. Después de pasear nos sentamos en la hierba, en una parte escondida de aquel hermoso lugar lleno de naturaleza y libertad, no paraba de abrazarle y besarle ¿Quién lo diría? Yo, Zaira, la chica que parecía ser la más fría y dura en esto del amor, amante de los videojuegos, los libros y la música, ha encontrado el pedacito de cielo que faltaba cada vez que alzaba la mirada.
Ezthan me acompañó hasta un poco más de la mitad del camino a casa, no quiero que mis padres nos vean juntos, dicen que soy demasiado joven para esto. Miré a ambos lados de la carretera y tan solo un coche se acercaba no muy lejos pero parecía tener la intención de pararse. Justo cuando estaba en la mitad de la carretera el coche aceleró, pude sentir el calor de los faros en mi pierna pero en un segundo el coche dio un volantazo y se estrelló contra un edificio. El conductor salió disparado rompiendo la luna del coche y cayendo sobre el asfalto. Me fijé un poco más y vi que había un copiloto, este salió por su propio pie, era una mujer. Tambaleándose se dirigió hacia el joven yacente en la carretera, le acaricio la cara ensangrentada y con lágrimas en los ojos dijo:
-Hijo mío… ¿qué te han hecho…? No puedes morir, eras tú el que me iba a enterrar a mi ¿recuerdas? – se mantuvo unos segundos en silencio, podía oír como su respiración era acelerada y temblorosa
-¡Tu! ¡Tú tienes la culpa! Eres una asesina- Dijo dirigiéndose a mí – Vengaré la muerte de mi hijo, pagaras por el daño que has causado.
Al oír esas palabra me quede muy sorprendida y tan solo pude excusarme. Me fui corriendo de allí pues tenía miedo de lo que en ese momento era capaz de hacer aquella mujer.
Días después, aquella tragedia ya estaba olvidada, nadie mencionaba el tema.
Capítulo 2
“Bip-bip-bip” sonaba el despertador, ya eran las siete de la mañana. No tenía ningunas ganas de ir al instituto, aunque bueno, nunca en mis 15 años había tenido ganas. Mi cara era de zombi, tenía un sueño tremendo.
Las dos primeras horas las pase medio dormida, en mi mundo pero me tuve que despertar de golpe cuando a tercera hora entro por la puerta “la nueva maestra” de inglés, era la madre del chico que murió en aquella horrible noche, recé para que fuera un malentendido y se hubiera equivocado de clase o algo parecido pero no hubo suerte.
La mujer hecho un vistazo rápido a los alumnos, como si buscara a alguien en especial, hasta que me vio. Se acercó a mi mesa y dijo en voz baja:
-Pasaremos un curso muy divertido ¿no crees?
Me quede sin palabras.
Capítulo 3
Aquella tarde tenía mis primeros ensayos con el grupo, teníamos una actuación en la plaza dentro de tres meses. Yo era la cantante solista, Ezthan el guitarrista y su hermano marcos el batería.
Todo iba genial pero había algo que me inquietaba, mis notas de inglés empezaron a bajar aun siendo la asignatura que menos dificultad a tenido en mi vida, si suspendía mi madre no me dejaría hacer la actuación y no podía permitirlo. Lo hablé con los chicos y muchas de mis amigas me quisieron ayudar para facilitarme el estudio pero para sorpresa de todos no hacía falta ayuda de ningún tipo ya que entendía todo. Hablé con mi tutor para que le pidiera a la maestra de inglés que me dejara ver mis exámenes y habiéndolo intentado todo no conseguí nada.
Aún quedaba algo por hacer, me encare con la maestra y tan solo recibí un castigo y más suspensos así que deje el grupo.
Dos semanas después, los chicos encontraron mi sustituta, ella lo hacía realmente bien pero me dolió porque parecía que era un alivio que yo hubiera dejado el grupo.
He de admitir que sentía muchos celos porque no paraba de filtrear con Ezthan y Marcos. Casi todos los días peleaba con él por este motivo, no quería darse cuenta de la realidad y cada vez que sacaba el tema cambiaba a otro totalmente diferente sin dejarme terminar de hablar.
Yo no podía más y fuese como fuese tenía que zanjar el tema así que un día quedé a solas con él para hablarlo. Se lo solté todo y él se mantuvo en silencio todo el tiempo, suponía que estaba procesándolo todo hasta que por fin habló:
-Tengo que decirte algo, no es que ella haya influido en mí pero no estoy seguro de lo que siento hacia ti.
Sus palabras se me clavaron como puñales, no podía creer lo que estaba pasando como en tan solo unos días mi vida se derrumbaba, lo mejor era dejarlo ir aunque si quería tenía las puertas de mi corazón partido abiertas.
Capítulo 4
¿Cuánto tiempo pasó? ¿Cuatro días? Quizás cinco. Perdí la noción del tiempo pues solo permanecía en la cama llorando desconsoladamente hasta quedarme sin lágrimas y volver a dormir. Una tarde mis dos mejores amigas me visitaron, me intentaron animar y me sacaron de allí un poco a rastras.
Estuvimos paseando por el centro y cuando pasamos por la plaza mayor un estruendo nos hizo detenernos, mucha gente comenzó a gritar desesperadamente y fuimos a ver qué pasaba.
Era un tiroteo, unos hombres vestidos de negro disparaban al aire, entonces uno de ellos se dio la vuelta y se quedó observándome, se quitó el gorro y todo el mundo pudo ver que era la profesora de inglés.
-Hola querida alumna, hoy cumpliré el deseo de mi hijo para que pueda descansar en paz, matare a quien le mato a él ¿Últimas palabras?
Me quede totalmente inmóvil sin saber que decir y de repente en tan solo un segundo un estruendo volvió a sonar y Ezthan se abalanzo sobre mi haciéndome caer al suelo, evitamos la bala y echamos a correr. Pudimos escondernos en un callejón, lo único que se escuchaba era nuestras respiraciones aceleradas
-¿Por qué lo has hecho?- dije yo.
– ¿A qué te refieres?
-Me has salvado
– ¿Acaso no debería hacerlo? Nuestra relación termino pero eso no quiere decir que te quisiera ver muerta, escúchame, siento mucho todo lo que ha pasado, confundí lo que sentía y hoy al verte en peligro y al no parar de pensarte estos últimos días me he dado cuenta de que en verdad te amo, te amo más que a nada en este mundo y si te perdiera….
En ese momento todo me dio igual, le abrace más fuerte que nunca y entonces volvimos a ser la pareja feliz que fuimos algún día.
Capítulo 5
Arrestaron a la maestra y no se volvió a saber nada más de ella. Yo volví a la banda justo a tiempo y la actuación salió bordada, todo el mundo bailaba, cantaba y reía. Lo pasaban en grande.
Entre tanto movimiento me dio sed así que fui a por un refresco, algo me llamo la atención, esa voz ya la había escuchado antes. No le di mayor importancia y seguí disfrutando de la fiesta.
Un disparo sonó.
-No, otra vez no- Dije
Todo el mundo permanecía en silencio, me di la vuelta y era ella de nuevo apuntándome con una pistola humeante. Todo el mundo se preguntaba donde había caído la bala, mire a Ezthan y sus ojos lo decían todo.
Jamás había visto unos ojos tan tristes como los suyos, tiró el baso en el que estaba bebiendo al suelo y entonces me di cuenta, yo tenía la mano empapada en sangre, la bala estaba en mi vientre. Me extrañó ya que no sentía ningún dolor, en cuanto alcé la mirada todo el mundo comenzó a bailar y a seguir con la fiesta.
-¡Ayuda! ¡Ayúdenme por favor! ¿Es que nadie me oye?
Por más que gritaba nadie me hacía caso, comencé a perder fuerzas y a derrumbarme. Caí al suelo. Entonces todo se quedó en absoluto silencio, nadie se movía, permanecían parados, muy serios.
Yo estaba tumbada en el suelo, herida y muerta de miedo. Ezthan se acercó y se agacho a mi lado
-No sigas hablando, todo ha terminado
-¡Ayúdame, no me dejes morir!
-Ya estas muerta, moriste el día del tiroteo en la plaza.
Entonces sin darme cuenta estaba de pie, a mi lado estaba mi propio cadáver en la plaza, mis ojos reflejaban mucho dolor y un vacío enorme, estaba rodeada de sangre. Ezthan se acercó a mi cadáver, comenzó a acariciarme la cara llorando, decía algo pero no podía oírlo pues todo seguía en silencio a pesar de que la gente que había se acercaron a mi sorprendidos.
-¿Cómo puede ser? Y todo lo que he vivido hace un momento ¿qué ha pasado?
Empece a comprender que todo había sido una especie de sueño, allí acababa mi vida, la canción de mi vida.
FIN