Epitafio

Dedicado a los versos que Miguel Hernández nunca escribió durante su convalecencia hasta su muerte.

Querida sombra, a ti te escribo mis últimos suspiros.
Única compañera que en la muerte perdura.
Sombra de mi alma, de mi cuerpo putrefacto
Sombra de mi camino y, en última instancia, de mis huesos.

Estimado silencio, por ti reclamo las carcajadas de mi retoño.
La voz del amor, el grito de libertad.
Todos interrumpidos por la pluma
Y el basto pliego de mi penar.

Apreciado tiempo, a ti te ruego
Lo más importante y lo que más anhelo.
Regálate para mí, perdona mis pasadas ganas de hacerte correr.
Déjame saborear 31 años más que soles vieran.
Lunas, estrellas y un millón de auroras.

Sátira es la vida que al hombre corrompe.
Hermanos que se enfrentan por pecado capital.
Pasea tus ideas, vive fuerte
Y a la felicidad vendrá, seguro, algún desgastado criminal.

Me han quitado el aire, la luz y el mar
¿Y tan amenazante mi palabra puede ser?
Cerrados los ojos, aquí viene el destierro
Del alma, la esperanza… Aquí yacen mis sueños.

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