El olor del agua

Recomendado escuchar con: Olor a mandarinas – Zahara (¡Click aquí!)

Veces ha habido que embalsamada en agua, y con un moño tan alto y desenfadado como mis intenciones, me he sentido como un pedazo de carne mal cortado, llena de imperfecciones y tremendamente vacía.

Me he sentido un peso ligero y he creído que cualquiera podría moldearlo con una orgásmica suavidad o incluso patearlo en un violento desahogo. He querido dejarme llevar y casi me cuelo por el desagüe de la bañera.

Es curioso cómo el agua puede hacerte tan ligera como una pluma, o incluso más, y aun dándote el gusto, después se va y poco a poco notas la gravedad y todo el peso del universo sobre ti. Los brazos quedan colganderos a ambos lados de tu fragilidad, las piernas desordenadas, el cuello rígido, y la cintura arqueada sintiendo más que nadie el peso del que hablábamos y cuestionándose confusa por qué ella.

Y yo me pregunto por qué insistimos en conquistar el mundo si ni tan siquiera somos capaces de dirigir nuestra vida. Creemos que es tan fácil como encerrar a una persona entre las cuatro cavidades de nuestro órgano más prestigioso, como si fuera agua helada olvidada en una esquina del congelador esperando a darle sentido al alcohol que probará tu paladar. Y mientras tanto, alguien muere en sí mismo, en sus palabras y en los recuerdos que deja.

Creen que saben de todo, que con nacer ya lo tienen todo hecho. Se creen superiores, inmortales y, solo por eso, deseables. Tejen la llama que aviva las ganas de café, de ilusionarse y de entrelazar las manos en la orilla del mar. Pero cuando ya está todo casi bordado, rompen la rosa que creaste con tanta dulzura. Arrancan pétalo a pétalo y tú, como arma, te defiendes con sus espinas, pero no es suficiente, para él nada es suficiente.

Como cuando estaba en la bañera. Tendida en el suelo y ligera, con el alma y las entrañas destrozadas junto a la rosa que llevaste en tu vientre nueve meses.

“Ácida suerte la mía”, pensarás volcando un último suspiro. Pero no contabas con tu fuerza, la fuerza de una madre y el lazo de sangre con su hija que como una religión en sí misma pueden con todo. Y ahora gritas que jamás volverás a ser como el olor del agua y que os vais a dar el sentido que un hombre os quitó y la existencia que os merecéis.

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