Latiendo

Recomendado escuchar con Words as weapons – Birdy (Click here!)

Pretendía escribir una historia de amor con final feliz, pero las palabras se me quedaron atoradas entre la válvula mitral y la vena aorta. No se puede hablar de algo que no tienes idea de cómo es, de algo de lo que se empeñan en no enseñarte.

Con lo alegre que yo era, que hasta cuando llovía corría las calles para sentir más fuerte esas gotitas que me hacían reír y por lo que me llamaban loca entre risas. Que me daba igual manchar mi nariz de la nata del helado porque sabía que le parecía tierno.

Y sí, he  pasado página y hasta he creado un cartel lleno de sus recuerdos para después destruirlo. Pero las sensaciones perduran, y siento que echo de menos el tacto de la pluma con la que escribíamos nuestra historia.

Y es normal, porque cierro los ojos y nos veo tirándonos a la piscina, chocando nuestros pies que aleteaban por subir a la superficie, y de repente no está. De repente solo estoy yo, dejando que el aire que hay en mis pulmones sea quien me mantenga a flote porque el sol se ha escondido y la luna, eterno consuelo de los amantes rotos, supervisa que la tragedia siga su curso.

Pero ya he tomado varias bocanadas de aire y puedo decir que estoy bien. Sabía que yo era más de norte y ella de sur, que lo que para mí era el fin de un capítulo para ella era el fin de la trilogía de nuestras vidas, que no me podía fiar de alguien que interpusiera la realidad a los sueños.

Y quería volver a mi hogar, allí donde sonaba una oda en piano que nos definía. Total, para qué. Para quedarme atrapada en el rincón de los poetas muertos. Si me hubiera quedado un poco más a escucharla me habría dado cuenta de que ya no cantaba la esperanza, que había hecho un dúo con la agonía. Así me habría ahorrado el retorcerme entre suspiros sin significado.

Insisto, no me importa volver a bailar sola. Pero quiero saber si fue solo un sueño, solo para que cuando me pregunten por ella la respuesta no sea siempre un no sé.

Entonces, ya veo. Estaba en lo cierto. Susurré su nombre y no apareció, quizás por el traqueteo del tren, pensé. Después lo grité, y volví a encontrarme nadando en mitad del océano.

No queda otra. Click derecho. ¿Desea usted eliminar sus recuerdos?

Sí.

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