¿Y si fuera inconexo?

Recomendado leer escuchando este enlace: M83 – “Wait”

Te propongo un juego, imagina esto. Un día despiertas y no estás en casa, pero hay algo que te hace sentir que ese lugar desconocido es familiar, como si siempre hubiera estado ahí. Sientes que hace frío pero no te importa porque de alguna manera sientes la calidez de como que te arropan. Entonces despiertas de verdad.

¿No es como si te hubieran arrebatado algo que te importaba? Como si estuvieras concentrado en un punto fijo y de repente no recuerdas qué estabas haciendo hace un segundo, pero aun así quieres volver porque te sentías a gusto. Supongo que la vida en sí es bastante parecida.

Naces, creces, sonríes, te caes, aprendes, disfrutas con ello y te golpean. Entonces vuelves al punto donde sonríes. Todo esto porque llega un momento en el que si te quedas en punto muerto dejas de sorprenderte. Porque ya no eres tan inocente y te cuesta creer, creer en cualquier cosa.

Fíjate en los amaneceres de invierno, nunca he visto colores tan intensos. Fíjate también en el olor a tierra mojada, prueba de que sigues vivo es que se mete en tu nariz muy adentro. Fíjate en la suavidad de cualquier rostro ya sea liso o rugoso, en cómo se eriza con el cosquilleo de tus manos sutiles. Ah, y no olvides fijarte en la profundidad de unos ojos marrones, a veces son tan oscuros que como si de un agujero negro habláramos te absorben sin remedio. Y es que la belleza está en lo más natural.

Prueba a bisbisear una canción lenta, a musitar un “quédate un poco más”, a soplar una vela que no está ahí por un cumpleaños, a desgañitar una carcajada, a acelerar y volar corriendo en una carretera desamparada.

Prueba todo eso, pero no te quedes pataleando por tu pesar o tu hastío. Que al final los problemas no se resuelven solos, y si no tienen solución… empieza de cero que cuando la ecuación nos daba decimales volvíamos a despejar la x de nuevo. Hazme caso que igual te sorprendes y encuentras un resquicio de inocencia que creías perdida, porque creer creemos muchas cosas, lo que nos da la gana y sabemos conveniente, así que… ¿Por qué no creer algo bueno?

Adivino que la vida no ha sido justa y me compadezco, pero ya está hecho. Yo después de esto, de este estropicio que hemos creado entre todos, voy a armarme de valor y poner un punto y coma en mi crónica. Tengo planeado sentir que mis dedos completan  este ejercicio que es existir.

Y no quiere decir que por ello me sienta emerger y aflorar, aún siento rabia por lo que no pudo ser y siempre será. Pero he aprendido, y eso es cierto, que lo que será lo hará por mí y para mí y que si yo no me movilizo, probablemente tú tampoco lo harás. Que alomejor la juventud y sus demencias han pasado muy rápido, pero ahora viene lo bueno.

¿Sabes el cosquilleo que sube por el estómago cuando llega la cuesta abajo de una montaña rusa? Pues compáralo con lo que se avecina, solo que ahora estás sin barra de sujeción. No es por asustarte, pero probablemente salgas volando si no haces algo.

Pero, quiero que sepas que si caes y te quemas la piel en el asfalto, te haces un par de chichones y tus manos y tus codos se resienten, no temas, si quieres puedo curarte, que aunque no lo consiga del todo puedes encontrar alivio. Porque si juegas, jugamos juntos.

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