Lo imposible de tu certeza

Aún no sé qué pasó con nuestras promesas, qué pasó con nuestra historia. Porque de repente nuestro tiempo terminó. Que injusto paseo el de las agujas del reloj que no me avisaron de que te consumías. ¿En qué momento decidiste que era hora de marchar, o de nunca aparecer?
Solo soy capaz de hacerme preguntas que sé que jamás responderás, que sé que jamás escucharás. Te has ido dejándome tu recuerdo que poco a poco se borrará de mi cabeza dejando un vacío que siempre llevará tu nombre. Al menos yo sé que existió, que fue real, que te tuve entre mis brazos y probé tus labios, que me dejé llevar por tus caricias y que ellos fueron testigos.
En mi recuerdo quedará aquella tarde que terminaba, que empezaba a tornarse fría pero que no me importaba porque tú me dabas la calidez que necesitaba.
Nunca podré volver a aquel lugar que nos vio amarnos sin derrumbar esta torre de papel. Nunca podré sentarme en aquel banco en plena calle donde no nos importó que supieran lo que es amar, donde todos pudieron asegurar que lo nuestro podía ser eterno y donde el único problema era mi pelo rebelde que se interponía entre nuestros labios.
Nunca podré volver al mar, que se llevó todas mis lágrimas y que te llevó con él.
Leeré todos los poemas que escribí para ti, dejaré que la tinta se corra significando eso el fin de todo, de morir por dentro. Porque encontramos una pieza del puzle que no encajaba.
Recordaré aquel maldito autobús al que subí pensando que volveríamos a vernos. Recordaré cuando desde la ventana podía ver cómo observabas la marcha de tu pequeña. Y sobre todo recordaré que nunca se repetirá.
No volverás a llamar aunque yo mire una y otra vez el teléfono. No volverás a dedicarme un verso de aquel libro que te gustaba leer. No volverás a decirme cuánto me amas ni yo podré responder que eres única.
Me seguiré haciendo preguntas, intentaré averiguar qué pasó y por qué te echo de menos sin apenas haberte tenido. Y no encontraré respuestas, no vendrás en el próximo autobús, no nos cruzaremos por la calle, no se encogerá el mundo para facilitárnoslo, no me harás sonreír, no me cogerás de la mano y, después de todo, no me enseñarás que lo imposible no existe.
A cambio, tú recordarás que sí que hay algo imposible. Que no todo se puede porque primero hay que querer, que primero tienes que estar segura de ser. Y no te diste cuenta, de lo imposible de tu certeza

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