Ponto

Recomendado leer con esta canción de fondo.

Caminaba calle abajo en la perdición de los sentidos, apagando el rubor de mis mejillas aquejadas por el frío. Vagaba por aquella vía adrada de mi destino dejándome llevar, sintiendo el abeitar del viento que se escarnecía de la inocencia que aún me quedaba. Dejaba volar mi mano en un sube y baja casi inapreciable mientras acariciaba los barrotes de una valla que solo estaba ahí y nada más.

Mirando hacia el frente escuchaba al corazón batir mis sienes y  la respiración atronadora que se aceleraba. La arena bailaba entre los dedos de mis pies, reí por el hormigueo y desaceleré el paso. En la orilla me dejé impresionar por el inconmensurable mar que ante mis ojos se extendía mientras embravecido me avisaba de sus peligros.

Hasta el horizonte, majestuoso y mondo. Me dejó hipnotizada y me atrajo hacia él, sentí quedarme helada. Un paso adelante, el peligro se acercaba. No importa, nada malo puede ocurrir y ahora lo sé. La resaca de las olas me invita a entrar danzando para mí. No puedo negarme ante la delicada magnificencia que me ofreces, es solo para mí.

– Adelante. -Parecía susurrar en su bravura.

Ya no podía parar, ya estaba dentro.

– No pasa nada. –Me repetía a mí misma.

Una vez me dijeron: te alcanzará con su flecha, te dolerá, pero déjate sangrar, sangra. Y eso hice. Me adentré y me revolcó sin compasión. Me dejó respirar un segundo y al siguiente se roboraba, y cuanto más insistía más firmeza tenía yo.

Me quebró contra las rocas. Me hizo añicos. Me ahogó.

Tan parecido a ti, tan similares. Querer, amar es igual. Sin pedir permiso te ves envuelto por aquella persona, una sensación cálida que pocos comprenden.

Te acelera el corazón el simple hecho de verla, de tenerla cerca, de sentirla, sentir que es real. Te dejas sorprender hasta creer que enloqueces, y lo haces. Dejas de ser dueña de tu corazón porque fue tan fácil como entregárselo a ella.

El frío te despierta, no te mata; te da vida, no te hiere; te da fuerza al final de todo. Como cuando en pleno invierno tientas a la suerte y juegas con el mar, como cuando sin darte cuenta te enamoras.

Una vez dentro su bravura te hace suya, te revuelca, te ahoga y te rompe haciéndote formar parte de él si intentas luchar. Te dejas llevar porque es la única manera de poder respirar. Y yo solo sé dejarme llevar contigo.

Tan sorprendente como el mar, que a pesar de haberlo visto anteriormente te vuelve a hipnotizar. Me desconcertó que a pesar de los obstáculos podamos presumir de la intensidad con la que somos capaces de amar. Porque por muy difícil que sea, por muy peligroso que parezca lo que queda es lo que ganas si te atreves. Así es lo nuestro.

Que el mar me lleve y me aleje de ti, que me ahogue, me corte la piel en trizas, me muerda y me quiebre; me lavará las heridas y me mecerá en la calma. Me pedirá perdón y me llevará hacia ti de nuevo, me dejará sobre la orilla y destapará al sol para que me de calor. Y lo sé, lo sé porque no hay nada imposible, porque tú me has enseñado eso. Y que dulce pensamiento.

Caminaba calle abajo en la perdición de mis sentidos, apagando el rubor de mis mejillas. Ahora siento cada roce, cada caricia tuya, tu sabor, tu olor, tu voz. Ahora siento cómo arden, ahora son por ti.

Glosario:

Adrada: alejado.

Abeitar: engañar.

Escarnecer: reír con malicia.

Inconmensurable: enorme.

Mondo: limpio.

Reborar: dar fuerza.

Magnificencia: belleza.

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