Querer tus lunares

Te estoy mirando en mis ojos y puedo ver los tuyos, opacos, sin forma, incoloros, sin vuelo. Y gritan, gritan pidiendo auxilio, gimiendo un mañana distinto al que conoce.
Creí haber enterrado esa sensación de plenitud de cuando besas a quien amas, creí haber cerrado esa puerta al perder el gozo de entrelazar tus manos con las mías. Creí no sentir, volverme fría, helada hasta coagular la sangre que se acumula en mis venas.
Al respirar sin tu olor acepté mi derrota. No era la insipidez que mi lengua adquirió como suya con el paso entre salivas sino mi elección, que no eran esos labios los correctos. Me equivoqué de camino por taparme los ojos yo misma, por pedir mi propio encarcelamiento, por no ver que eran los tuyos.
No me quedó otra cosa que correr, correr lo más rápido posible y en la desnudez de mis pies lacerarlos hasta una llovizna de lágrimas coloradas. ¿Sabes? Es así como me haces sentir. El jadeo es causa de pensarte hasta caer rendida, es escozor de no tenerte. Me demolería hasta los mil pedazos si es así como entenderé que tu sabor no es para mí.Screenshot_2016-05-21-18-13-23
Pero es que no comprendo cómo dejamos tantas caricias atrás sabiendo que morderíamos la almohada y, joder, ojalá fuera el polvo. Tu pecho, que de golpes se llenaba por escucharme, por dejarte herir conmigo. Que tiembla la locura que respira en tu clavícula, tu cuello y el palpitar de tu corazón que envenena mis sentidos.
Camino ahora sin rumbo porque sin querer te ensañaste con mi alma que no tenía culpa, que solo estaba de paso cuando dijiste que ya era tarde. ¿De verdad es tarde? Nunca, nunca fue así como me enseñaste a vivir. Quiero ver cómo te haces mayor, cómo rompes cada meta, cómo pisoteas los titanes que intentan devorarme en mis pesadillas.
Pero se hace tarde y el tiempo corre como corre el agua entre las manos. Congélalo, haz hielo de él o se irá llevándose los suspiros de un adiós que cogió mis venas y las usó como si fueran una comba de saltar, tirando, pisando, arrastrándolas.
Últimamente ya no hablo con las manos ni con la mirada, ni sueño a la sombra del álamo que cobija, que abraza y llora. Últimamente he estado en el limbo de tu colección de corazones soportando un viento Siberiano.
Te estoy mirando en mis ojos y puedo ver los tuyos, trsites disfrazados, febriles, inánimes. Déjame verlos una vez más. Déjame sentirte solo una vez más.

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