Voy a sentir lo que me de la gana

Nunca había pensado en la magia que posee una mirada, ese espejo digno del más sabio dios mitológico que observa cómo un pequeño bebé se enamora de su madre al aprender a respirar. Nunca me había fijado en cómo tus pupilas se dilatan cuando el dulce sabor de sus labios se mezcla con el tuyo, unos labios que no tienen nombre y que viven sellados tras la penumbra. El reflejo de una vida que busca abrirse paso en la adversidad, algo tan inefable…

Una sala oscura perturbaba su mente con mitos e historias de miedo. Unos maniquíes, que llevaban dibujados en el rostro los rasgos de un payaso, se iluminaban con un destello de luz.

La apuntaban con el dedo, sonreían maliciosamente y una lágrima se derramaba por su tez.

La chica pensaba en cuál sería el motivo por el que la señalaban culpándola de algo que desconocía. Solo podía haber una respuesta, pero no era su culpa. Ella no podía controlar aquello, es imposible. Odiaba la idea de meter a aquella inocente en su mundo pero ¿Qué más podía hacer? Si esos idiotas supieran lo que ella sentía junto a esa persona… Entonces entenderían, seguro.

Es vivir en un sinsentido, siempre con la convicción de que debemos adaptarnos a los ideales generales de la sociedad. Pensar diferente no es una enfermedad, no es mala suerte, no es un mal sueño, es una bendición y deberían aceptarlo. Quizá en otro mundo.

Ella empezó a hacerse preguntas, pero solo había una persona que sabía responderlas, pues la verdad está en el corazón. Entonces habló:

“¿Mamá, es posible un mundo donde no haya que esconderse? ¿Es posible que nadie me juzgue por sentir? ¿Es posible que exista la compasión y entiendan que tengo motivos?

Desde que nuestro redentor nos crea, vivimos escondidos en el útero materno. Con las manos en la cara nos tapamos para que no lean nuestros ojos. Nacemos con el habla muda, para que nuestros sueños no se escapen y salgan volando de nuestras manos. Nos dejan ser felices durante un tiempo, después nos devuelven la capacidad de expresarnos con palabras y es cuando conocemos el mal.

Nuestros sueños nos definen, pero no son iguales a los de los demás. Eso supongo que asusta y por ello intentan exterminarlos. ¿Es eso lo que hay que hacer? ¿No hablar? No… ¿Qué haríamos con la mirada? Ahí se sigue viendo nuestro corazón. Si no fueran tan cristalinos nuestros ojos… Malditos traidores…

¿Por qué no me respondes mamá? Mamá, tú tienes la respuesta a todo. ¡Dímelo, no dejes que mis lágrimas desgasten mi pálida piel! Tú siempre me decías eso… Tus ojos… ¿Acaso crees que ellos llevan razón? No, tú tienes el mismo odio. Responde.

Claro… Tú nunca mientes… Tú nunca me harás daño. Tú nunca harás nada que pueda herirme, por eso no dirás una sola palabra. Tienes una lágrima dibujada en tu rostro. Tranquila, todo estará bien. Si yo soy feliz, tú también. Será como siempre. Aprenderé a ser feliz a mi manera, luchando por lo mío. Así te sentirás orgullosa y no te avergonzarás de mí. Pase lo que pase, aunque sepas que la amo a pesar de tener el mismo sexo, tú me querrás y eso basta.

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